Europa, parque temático

La clase media: “descanse en paz”

Con demasiada reiteración se viene diciendo en nuestro país que uno de los más graves errores, de los gobernantes, de la última década ha sido ‘cargarse’ a la clase media española, paradigma del éxito de nuestra historia y del desarrollo económico de las últimas décadas. Pero es que en verdad cada día son más las voces, tanto del mundo económico como del mundo político que defienden que cumplir los objetivos de déficit es importante, pero mucho más lo es crear empleo y ello sólo se conseguirá con dos grandes estrategias en materia de política económica y de adaptación de la estructura del Estado a la situación por la que atraviesa nuestra economía:

-una reducción de la presión fiscal, sobre todo el IRPF

-y un inaplazable “adelgazamiento” de la estructura del Estado.

¿Y qué hemos hecho?

Pues bien, mientras de estas cuestiones ya se debaten - hasta en las tertulias de café de las pequeñas aldeas- quienes nos gobiernan y tienen la responsabilidad de sacarnos de este profundo agujero en el que, por acción o por omisión nos han metido, están, precisamente, haciendo todo lo contrario:

1) Somos el país de la UE con el tipo de IRPF más alto, siendo uno de los países más pobres y con la mayor tasa de desempleo inimaginable en la peor de las pesadillas de cualquier político, democrático o no. Ello ha conducido, lamentablemente, también de manera incontestable, a dar al traste con la clase media y con todos los atributos de consolidación de la sociedad que emanaban de aquella estructura social. Como ejemplo de esos atributos, basta señalar la “sana” y “esforzada” capacidad de ahorro de las generaciones que con sacrificio y tesón nos han precedido a lo largo de las décadas anteriores al pinchazo de la burbuja inmobiliaria. Hasta ahora, esa clase media, de entre 50 y 65 años, conservaba unos ahorros, logrados con muchos años de trabajo y generosidad, que le permitían sostener a sus hijos hasta que encontraran trabajo; y mantener a sus padres con un estatus digno. Ya nos hemos gastado aquellos ahorros y ahora la voracidad recaudatoria de quienes nos gobiernan nos impide alimentar sueño alguno de pensar que quizá, si nos fueran, en el futuro, bien las cosas, pudiéramos reponer algo de aquél ahorro sostenido en el tiempo. Sin embargo, nos encontramos con la cruda, y dramática, realidad actual que nos acredita, sin margen posible para un socorrido y ansiado respiro, que nuestros ahorros se acaban y que volver a generarlos en un futuro más o menos próximo se aventura inverosímil. El afán recaudatorio es de tal calibre que tanto los órganos de gestión e inspección de la Agencia Tributaria, como los tribunales económico administrativos, a los que les corresponde esta función, intervienen normalmente a favor de Hacienda. Por ejemplo, casi no hay autoliquidación de impuestos que no sea revisada por las Administraciones a través de la comprobación de valores de parte y valorando los activos objeto de transmisión muy por encima del valor real del mercado. Ya les gustaría a muchos vendedores que al precio de tasación del perito oficial les hubiera comprado la Administración los activos vendidos (sobre todo tratándose de inmuebles). Y no hablemos de la lentitud de los procedimientos que entabla para su defensa el pueblo llano y soberano, y los costes de los mismos que hacen de todo punto inviables las reclamaciones (tasas judiciales y tasación pericial contradictoria). Y tampoco podemos olvidarnos de las solicitudes de devolución del IVA, que duermen en el sueño de los justos, al efectuar la Administración requerimientos que en la mayoría de los casos lo único que persiguen es retrasar injustificadamente la devolución.

2) Para más ‘Inri’, tenemos una estructura de administración local, autonómica y estatal absolutamente desproporcionadas e imposibles de controlar. Por mucho que se diga que hay que rebajar el número de ayuntamientos, quitar las diputaciones, rebajar las autonomías, suprimir empresas públicas y otras instituciones u órganos del Estado, nada de nada. Y cuando se intenta algo aparecen nuevos proyectos de reformas que son como vulgarmente se dice ‘el chocolate del loro’. Me estoy refiriendo a la ingeniosa idea de que casi 5.586 municipios de menos de 5.000 habitantes son muchos de ellos ineficientes, y consecuentemente deben ceder sus competencias durante unos años a las diputaciones. ¡Muy bien pensado! Hagamos el monstruo más grande y luego no habrá más remedio que privatizarlo y sucederá lo que está aconteciendo con la sanidad pública.

Qué debemos de hacer

Dejémonos de inventos y cojamos el toro por sus cuernos. Austeridad sí, pero como dice el refrán, en el término medio está la virtud. Y para acabar con el déficit, crear empleo, fomentar el ahorro y no el endeudamiento excesivo, y hacer crecer el PIB logrando que el crédito vuelva a fluir a las pequeñas y medianas empresas es necesario bajar impuestos y disminuir ‘ya’ la estructura de las administraciones. No mareemos más la perdiz y defendamos el bienestar de la Sociedad Civil cada día menos combativa, menos crítica y con menos poder económico, y que es la que debería tener el poder y tomemos decisiones que conduzcan a la austeridad pero sin cargarnos el crecimiento económico y con ello subirá la tasa de empleo y no habrá que destruir lo que con tanto sudor y lágrimas hemos construido


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