Europa, parque temático

Vidas paralelas: Pau Claris y Artur Mas

Recuerdo hoy la sabia reflexión del ensayista inglés  Aldous Huxley cuando afirmaba que  “quizá la más grande lección de la historia es que nadie aprendió las lecciones de la historia”. Al recordarlo, también  me acude a la cabeza el castizo refrán,  que viene a representar algo parecido, y que nos advierte de que “el hombre es el unico animal que tropieza dos veces en la misma piedra”. Son muchos los ejemplos que  a lo largo de la historia darían fe de tan fatal comportamiento. En las circunstancias en las que vivimos, en nuestra siempre convulsa vida política, hoy me gustaría permitirme la licencia de traer a estas líneas uno de esos ejemplos, poniendo en común algunos trazos de las vidas de dos personajes de la historia de Cataluña, uno de ellos con su sitio ganado hace siglos, y el otro que lo conseguirá, pasando a entrar en ella de una forma muy distinta a la por él deseada en su condición de ungido por la historia para llevar al pueblo catalán a su “tierra prometida” .

Pau Claris

Si yo preguntara hoy quien fue Pau Claris, algunos me dirían que es el nombre de una calle de Barcelona y solo muy pocos, que fue un político y  canónigo de la Seo de Urgel,  elegido Presidente de la Generalidad de Cataluña en julio de 1638,  quién proclamó,  previa jura de vasallaje, la Republica Catalana bajo la protección de Luis XIII de Borbón y la soberanía de Francia. Esta actitud secesionista  obedecía más  al interés de la oligarquía local por doblegar la sublevación de los campesinos contra la propia nobleza catalana. Ya entonces, la finalidad última era distraer la atención del verdadero problema.  Aun a pesar de que el descontento contra los tercios reales existía, los destinatarios de la ira de los segadores no dejaban de ser, también, los nobles quienes vieron en la figura de Pau Claris, y de la proclamación de la República, una salida a la revuelta. El resultado de la experiencia, y el reconocimiento de los nobles de su incapacidad para gestionar la nueva república,  hicieron de ésta una experiencia tan estéril como efímera. Aquella aventura acabó en un mayor descontento  del pueblo con la actitud de oligarquía catalana y en la convicción de que  la situación había empeorado con Luis XIII respecto a la que soportaban con Felipe IV de España. Todo ello levaría a que en 1659  Luis XIV de Francia y Felipe IV de España firmaran la Paz de los pirineos, cediendo el monarca español el condado de Rosellón y la mitad de la Cerdaña, que en aquél momento eran parte integrante del Principado de Cataluña. En definitiva las veleidades políticas de Claris produjeron  un resultado dañino para España, y  mucho más para Cataluña,  beneficiando al país vecino quién supo aprovechar le debilidad de quienes la propiciaron obteniendo con ello grandes beneficios a un coste prácticamente nulo.

Artur Mas

Pues bien, recordando, una vez más, a Huxley, la historia puede volver a repetirse con la desleal actitud  de Artur Mas, quién cegado por unos apoyos en la calle, que no en las urnas, parece quiere pasar a la historia causando, también,  un daño irreparable a Cataluña y sobre todo al pueblo catalán. Si hace 350 años, la aventura produjo la pérdida de importantes territorios, hoy, no aprender las lecciones de la historia podría representar la deslocalización de numerosas e importantes empresas y la consecuente pérdida de miles de puestos de trabajo. Las empresas ubicadas en Cataluña son grandes compañías globales que operan en los mercados internacionales y el primero de ellos es el mercado nacional español. Todas ellas con una importante, y muy valiosa, vocación y tradición  exportadora a las que se condenarían a elegir entre su misión empresarial y las servidumbres con el poder local. El  tejido productivo que han construido y soportan quedaría gravemente dañado  y  empresas como la Caixa, Banco Sabadell, Gas Natural, Abertis, Planeta, etc., etc., se verían sometidas, por las veleidades de sus políticos, a hacer frente a inestabilidades por ellos no deseadas, como así han manifestado en reiteradas ocasiones. Las consecuencias no podrían dejar de ser graves  para España, mucho más para Cataluña y siempre, en última instancia, para el pueblo catalán. Como en aquella fracasada ocasión a Artur Mas y a los políticos catalanes podría sucederles lo mismo que a la Cataluña de Claris y es  que al final el pueblo terminara dándose cuenta de que quizá su futuro se más esperanzador  en una España integrada y cohesionada, que respete sus cotas de autogobierno, que como estado independiente fruto de una desvariada  obsesión que radica en su clase política.

El “seny”

Esperemos que el tradicional  “seny”, algo tan consustancial al pueblo catalán, se imponga sobre las ambiciones y voluntades nacionalistas y secesionistas, desautorizando lo que dijo Alejandro de Ros en 1646 “los mayores enemigos de Cataluña son los mismos catalanes”, como cita John H. Elliot en su libro La Revolución de los  Catalanes, (1598-1640).

Y concluyo como siempre,  alentando a que luchemos todos contra la corrupción. Como dijo Che Guevara

“Ejercer el poder corrompe, someterse al poder degrada"


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