OPINIÓN

Vergüenza Europea

Jean-Claude Juncker, Presidente de la Comisión Europea criticó la semana pasada el absentismo de la Cámara, donde la asistencia se redujo a una treintena de diputados, no llegando, siquiera, al 5% del total de los representantes que lo componen.

Vergüenza Europea.
Vergüenza Europea.

El Parlamento Europeo está compuesto por 751 eurodiputados, de 28 nacionalidades, contando entre ellos, todavía hoy al Reino Unido, y dispone de un presupuesto anual de 1.900 millones de euros. Pues bien el Presidente de la Comisión Europea criticó la semana pasada el absentismo de la Cámara -la asistencia se redujo a una treintena de diputados, no llegando, siquiera, al 5% del total de los representantes que lo componen- durante una sesión en la que se hacía balance de los seis meses de la presidencia de Malta y en la que estaba presente su Primer Ministro Joseph Muscat.

Jean-Claude Juncker llegó a decir:” El Parlamento Europeo es ridículo. Muy ridículo”

Jean-Claude Juncker llegó a decir:” El Parlamento Europeo es ridículo. Muy ridículo”. Porque no trataba del mismo modo a los países más grandes y los más pequeños, Juncker aseguró que no volvería "a asistir nunca a una sesión de este tipo". Desde luego tiene toda la razón desde mi humilde punto de vista, y más, después de que el Presidente de la Cámara, Antonio Tajani criticara según él sus imprudentes palabras diciéndole que es el Parlamento el que debe controlar a la Comisión y no al contrario. Muestra, también, del corporativismo más rancio de la clase política europea, en general.

A mi entender, y desde la experiencia de haber dirigido grandes organizaciones, difícilmente alguien puede controlar nada sino no sabe controlar lo suyo. Pero, para “más inri”, con el simplista argumento de pretender defender lo indefendible, se ha tratado de justificar la inasistencia argumentando que los eurodiputados estaban ausentes del Pleno porque estaban trabajando en otras reuniones, comisiones o haciendo, quién sabe, que inescrutables diligencias. Sus señorías, desde el más bochornoso desprecio a un Estado miembro, por muy que pequeño que éste pueda parecerles, consideraron que no era tan grave no acudir a escuchar al Primer Ministro maltés, que no comparecía en tal condición, sino en su función de Presidente saliente del semestre correspondiente.

Cada eurodiputado maneja un mínimo de 37.275 euros al mes, lo que equivale a 447.300 euros al año

¡Qué vergüenza! Sobre todo si tenemos en cuenta que entre sueldos, dietas, gastos pagados y dinero para contratar a los asistentes que ellos elijan, cada eurodiputado maneja un mínimo de 37.275 euros al mes, lo que equivale a 447.300 euros al año, sin contar con otras compensaciones y prebendas como viajar gratis en avión, tren o coche, lo que elevaría la factura por encima de los 500.000 euros anuales por cada diputado. Hay algo que se llama organización. Y deben estar muy mal organizados cuando no pueden llevar una agenda coherente que prevea sus plenos y la asistencia a los mismos. ¿Qué le pasaría a cualquiera de los ciudadanos si  en nuestros trabajos tuviésemos reuniones fijadas y no asistiéramos a las mismas con la excusa de que estamos muy ocupados en otras tareas? La respuesta es muy sencilla, al común de los mortales, si no justifica sus ausencias en el trabajo, se les sanciona, e, incluso, se le despide. Que tomen, nota sus señorías. Y no los disculpemos diciendo que hay que ser sensibles con ellos ya que residen en países distintos al de su trabajo y eso fatiga mucho. ¿Qué pensaran nuestros innumerables expatriados que lo hacen fuera de su país y no tienen la comodidad, ni los salarios y dietas para, con razonable prudencia, de vez en cuando volver a sus países de origen a visitar a sus familias? ¿Son nuestros representantes políticos el ejemplo que el ciudadano que les vota espera de ellos?

Es obvio que no, porque lo grave de ello es que esto es igual de reproducible en los distintos parlamentos nacionales. Sus señorías gozan de “patente de corso” en materia de cumplimiento de sus obligaciones de asistencia a su “puesto de trabajo”.

Cuando dan recetas para salir de la crisis, nuestros parlamentarios siempre acaban hablando de productividad. Tienen razón, pero que comiencen ellos

Sólo en los últimos días, Emmanuel Macron, Presidente de Francia se ha dirigido a los diputados y senadores reunidos en sesión solemne en el Palacio de Versalles para presentar la hoja de ruta de su mandato y entre los principales anuncios figura una reforma institucional que reducirá, en un tercio, el número de parlamentarios.¡Bien por Macron! Ojalá cundiera el ejemplo en el resto de países de la UE y se siguiera la misma política. Sobre todo en nuestro país donde tantas prebendas tienen los diputados y senadores que son difícilmente relatables en un breve articulo como el presente. Cuando dan recetas para salir de la crisis, nuestros  parlamentarios siempre acaban hablando de productividad. Tienen razón, pero que comiencen ellos. No hay estadísticas sobre absentismo de los diputados, pero se podría estimar. ¿Por qué no se lleva a cabo tal iniciativa y se publica, no sólo en la WEB oficial sino también en los medios, el nivel de absentismo particular de cada diputado y senador, y el general del Congreso y del Senado? Porque no interesa que se aprecien las vergüenzas de su productividad. Se han dado casos de tener que suspender un Pleno por falta de diputados. ¿Por qué se persigue a los funcionarios argumentando que faltan mucho a su empleo y no se recrimina y amonesta a aquellos diputados cuyas reiteradas ausencias son de todos sus compañeros conocidas?

Se habla mucho de la supresión del Senado alegando la inutilidad práctica por ser una cámara de segunda lectura y el uso que de él se hace para aparcar políticos veteranos en retirada. Pues bien no seré yo el que opine si se debe suprimir o reinventar convirtiéndolo en una Cámara Territorial, pero lo que sí sé es que hay que acabar ya de una vez, tomando las medidas que sean necesarias, con el absentismo de sus miembros  y predicar con el ejemplo, porque como alguna vez he compartido con ustedes,  el sabio refranero castellano dice: “si el abad juega a las cartas que no harán los frailes.”


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