Europa, parque temático

Quieren, y exigen, saber

El 1 de Enero de 1986 España entró a formar parte, como miembro de pleno derecho, de la entonces Comunidad Económica Europea, hoy Unión Europea. Los españoles, tras décadas de postergación internacional, habíamos conseguido nuestra incorporación al mundo moderno y a la Europa del futuro. Hoy, ya más de un cuarto de siglo después, hemos perdido algo de aquella inverosímil perspectiva. Pensamos, y estamos convencidos, que siempre hemos sido uno más del selecto club de la Unión Europea. Que llevamos toda la vida siendo “europeos de primera”. Que no es posible concebir una España sin Europa y una Europa sin España.

La situación actual, fruto de graves errores de estragia en la definición del proyecto europeo

Sin embargo, no es menos cierto que la realidad actual nos abre los ojos ante nuestras propias debilidades. Hoy sabemos que el trabajo no ha hecho mas que empezar, o, si se quiere, que tenemos que volver a empezar. Eso supone que Europa, la Unión Europea, debe ser una realidad política y social concreta que debemos acabar de construir y, sobre todo “repensar”. En este sentido, para los españoles, para todos los europeos, Europa debería seguir siendo una expectativa de futuro. No nos engañemos. Alemanes, franceses, nórdicos en general. La Europa soñada no se ha conseguido. La alternativa a las grandes potencias, emergentes o no, se está demostrando que no es la Europa de la presente crisis. Es, a mi juicio, un error hablar, y perseverar, de la “crisis del euro”. La situación actual es fruto de graves errores de estrategia en la definición y conducción del proyecto europeo.

Podríamos debatir sobre el acierto o no de la entrada de Grecia en la moneda única. Pero también se podría profundizar en la aquiescencia, sin contrapartidas, de las facilidades dadas a la unificación de Alemania. Cabría profundizar en los orígenes y las causas de la crisis de la deuda soberana, pero hemos de aceptar que alguien recibía y alguien prestaba. La responsabilidad no sólo es imputable a una de las partes. La laxitud de las entidades financieras, hoy expuestas a la deuda soberana, ha de conllevar la asunción de una cuota, no irrelevante, de responsabilidad. Por otra parte, ello fue posible, también, gracias a la impagable ayuda de la rancia clase política europea, ciega ante el desmedido crecimiento del viejo continente, que creía poder sacar “pecho y músculo” ante el eterno, y envidiado, “primo de zumosol” americano. Quizá, después de tanto tiempo, lo que con seguridad hayamos podido conseguir es no saber ni lo que somos ni lo que queremos ser. Europa pierde posición en el actual mundo globalizado. Los especuladores internacionales no atentan contra la deuda soberana española. Están atacando la esencia última de la cuestionada realidad, y futuro, del Euro y de la Unión Europea tal y como está concebida en estos momentos. Siempre he defendido, con firme convicción, el papel de la Europa moderna e integradora como referencia ética, y moral, del mundo. La profunda crisis de liderazgo me hace pensar que quizá, a lo largo de muchos años, haya podido pecar de candidez. Hoy cuestiono mi propia convicción y dudo que los actuales dirigentes de la Europa en crisis sean capaces de ilusionar y motivar a sus ciudadanos. Me reitero, desearía con radical sinceridad que no acabemos convertidos en un frívolo “parque temático”.

Las actitudes y posiciones recalcitrantes de determinados líderes europeos, encabezados por la intransigente Ángela Merkel, nos permiten descubrir los intereses últimos de países claves para la consolidación del proyecto de la verdadera Unión Europea. Jamás he escondido mi posición de reconocimiento de nuestros “pecados” pero también me resisto a aceptar que el futuro de los Estados miembros haya de determinarse mediante el injusto sometimiento a un régimen de vasallaje económico que se nos ha impuesto por quienes no están exentos de responsabilidad en nuestra actual situación.

Ha llegado ya el momento de que el pueblo español sea conocedor de los pasos que sus dirigentes van dando, y hacia adonde los mismos les conducen. Abunda en ello el hecho de que las medidas que se han tomando, y las que se habrán de tomar en las próximas semanas, son de tal calado que la sociedad reclama un análisis serio y riguroso. Nada de lo que se está haciendo estaba contemplado en el programa electoral del partido gobernante y, por lo tanto, son medidas que no tienen el aval de las urnas. Se apela a la “necesidad” y la “urgencia” para aprobarlas. No cabe duda que nuestro país precisa de un profundo proceso, irreversible, de desapalancamiento. Tanto de las Administraciones Públicas como de las empresas y familias. No tenemos otra alternativa. Quizá, el ciudadano podría entender mejor su sacrificio si recibiera una clara y didáctica explicación de donde estamos, que se ha de hacer para salir de la crisis, que esfuerzo de conjunto se le va a solicitar y cuándo podrá acabar su difícil tránsito por el desierto de esta inexplicada crisis. Quieren, y exigen, saber.

Los españoles se merecen una explicación sincera. Si no se adoptan las medidas, ¿qué pasa? ¿Se produciría“default” soberano? ¿No nos rescatarían? ¿Nos expulsarían del Euro? ¿Quedaría en suspenso el rescate a la banca? ¿No se podrían pagar las pensiones?

El Euro no es un totem sagrado

El Euro, como cualquier moneda, es un instrumento para favorecer el mejor funcionamiento de la economía. No es un fin en si mismo. No es un “tótem” sagrado que deba ser venerado como una reliquia religiosa. Si en algún momento se pusiera de relieve que el Euro es más un problema que un beneficio habríamos de ser capaces de decirle “adiós Euro, ¿hola... Peseta?”

Parece claro que nadie nos va expulsar del euro. Aunque no acometiéramos ni una sola de las reformas necesarias ya anunciadas. Habría seguramente un “default” soberano, pero seguiríamos en el Euro, sólo si el BCE no dificultara el acceso a la financiación necesaria. Seguiríamos en una espiral indeseada parecida a la llamada “senda griega” Alemania disfruta de una situación económica ventajosa, gracias a un Euro lastrado por la situación económica de la periferia y unos tipos de interés escandalosamente bajos por su condición de país refugio. ¿Alguien ha calculado cuánto gana Alemania por mantener esta situación en el tiempo? Si España, y algún otro país periférico, abandonaran el Euro, ya puede ir, Alemania, olvidándose de su superávit por cuenta corriente e ir apuntándose las pérdidas por los correspondientes impagos soberanos. Y eso, no lo van a permitir, pueden ustedes estar seguro.

La ciudadanía, contra la flagelación impenitente de cada viernes 

No tengo intención, en esta reflexión compartida, de cuantificar los costes y los beneficios de cada opción - rescate o salida -, ni siquiera estoy convencido de que el abandono del Euro puede resultar beneficioso para nuestro país. Pero lo que sí que creo se quiere, y exige, es saber adónde nos llevan las decisiones de este Gobierno. Los ciudadanos quieren, y exigen, saber cuáles son todas las medidas necesarias para salir de la actual situación. No quieren someterse a la flagelación impenitente de cada rueda de prensa de los viernes en la que el Gobierno anuncia una nueva “vuelta de tuerca” a sus maltrechas y exiguas economías domésticas.

Podremos ceder soberanía, pero sabiendo por qué lo hacemos y entendiendo que tales decisiones contribuirán a la pronta salida de la crisis y a la recuperación de nuestra economía y empleo, pero los ciudadanos quieren, y exigen, saber y conocer que ello se espera sea así .Queremos saber que ganamos y que perdemos si decidimos salir del Euro o por el contrario nos inclinamos por el rescate. Al fin y al cabo, llevamos ocho meses con medidas y sacrificios continuos sin saber muy bien para qué´. Es la hora de la participación, el debate y la complicidad. El futuro de los españoles no puede ser hurtado a sus propios ciudadanos. Podemos aceptar que en política no se anticipe lo que se va a determinar en las próximas horas, pero no es aceptable que se niegue el derecho a saber.

Como siempre, “luchemos todos contra la corrupción”.

Como dijo José Ingenieros:Nadie piensa, donde todos lucran; nadie sueña, donde todos tragan.


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