Europa, parque temático

La “Podemización” de Pedro Sánchez

Bendito país este que es capaz de superar semana a semana los continuos sobresaltos al que le someten, sin consideración alguna, sus políticos. Si no es la corrupción de los partidos, sindicatos u organizaciones empresariales, es la desvergüenza de determinados dirigentes que con sus tarjetas “black” reciben cuantiosas prebendas,  tan inmorales como escandalosas.

Si no es la corrupción, en todas sus inimaginables acepciones, es el paro y el abuso que hacen de uno de los más graves problemas de nuestro país, unos y otros. Pero por si no fuera ya de por sí suficiente todo lo anterior, los medios de comunicación, afortunadamente no todos, no cesan de dar pábulo a un joven, que gracias al ansia  de los políticos por salir en la foto con él, caen en la red de despropósitos concebidos por el “pequeño Nicolás”, al que la mismísima Vicepresidenta del Gobierno de España -dice él- le ha encomendado la tarea, -mejor expresado, el servicio- de “arreglar el problema de Cataluña”.

La Sociedad, harta de soportar sobre sus exclusivas espaldas una durísima crisis, alienta la expectativa de cambio apostando por una opción radica

En ese escenario de desconcierto y desgobierno, la Sociedad, harta de soportar sobre sus exclusivas espaldas una durísima crisis, alienta la expectativa de cambio apostando por una opción radical, cuyos antecedentes, los pocos que tienen en su haber- invitan más a estremecernos que a recibir con júbilo un cambio profundo en la forma de entender y ejercer la política.

Prácticamente desde Mayo, más bien desde que se conocieron los resultados de la últimas elecciones al Parlamento Europeo,  los medios de comunicación se “baten el cobre” por tener en cualquiera de sus horarios de “pantalla”, “prime  time”,  al Sr. Pablo Iglesias y con un poco de suerte, a cualquiera de sus “acólitos”, para poder tratar de averiguar las entretelas de su “programa electoral”. 

Mientras todo esto está sucediendo, el deterioro físico y el hartazgo mental de la ingente cantidad de parados de nuestro país, va calando en la Sociedad española. Es ahora cuando necesitamos de la verdadera altura intelectual, de quienes nos representan, tanto desde el poder como desde la oposición. Sin embargo, unos y otros nos abandonan a nuestra suerte mientras observamos cómo se devoran entre sí.

Llevamos un par de semanas amaneciendo con Artur Mas sentado en la mesa de nuestro desayuno. Nadie gobierna en Cataluña y sus ciudadanos parecen tener bien asumido que ello no tiene arreglo si no es desde la consagración de un nuevo Estado independiente, todo ello ante el síndrome de Don Tancredo del Presidente del Gobierno.

Por su parte el líder de la oposición, vive bajo el síndrome de “Podemos”, instalado en una batalla a muerte por hacer ver al ciudadano quién es más populista de los dos. “Quien es el que mueve el árbol y quién el que recoge los frutos”.

El mundo globalizado en el que vivimos hoy, exige, sin ambages, que los diferentes Estados jueguen la partida del futuro y la recuperación,  con la misma baraja y las mismas reglas de juego. No cabe a mitad de la partida cambiar las normas.

El Grupo parlamentario Socialista –como dicen los entrenadores de futbol- fue una piña. El hoy Secretario General, Pedro Sánchez votó a favor sin resistencia alguna

Recién comenzado el segundo semestre de 2011, el presidente Zapatero, ante la inevitable amenaza de la intervención y el rescate de España, supo tomar una decisión que era imprescindible para toda economía que se precie de conocer las reglas de oro de los mercados y la política financiera y monetaria. Supo consensuar con el PP la reforma parcial de la Constitución de 1978 haciéndonos ver que era imprescindible si queríamos mantenernos en el “Club del Euro”. Gustaran más o menos las formas y el procedimiento, el PSOE, consiguió sacar adelante la reforma constitucional y la modificación del artículo 135 de nuestra Carta Magna. El Grupo parlamentario Socialista –como dicen los entrenadores de futbol- fue una piña. El hoy Secretario General, Pedro Sánchez votó a favor sin resistencia alguna. Convencido de que era lo mejor para nuestro país garantizando la estabilidad presupuestaria a medio y largo plazo. No percibió en aquél momento riesgo alguno de desmoronamiento del Estado del Bienestar. Votó a favor consciente de que sin ese pacto de Estado España era radicalmente vulnerable, tanto a los ojos de los mercados financieros como de nuestros socios europeos. El tiempo vino a dar la razón a Zapatero y la modificación de entonces ha puesto, a pesar de la dureza de la crisis, cierto orden y control en las cuentas de las Administraciones Públicas.

La propuesta de reforma del artículo 135 de la CE

Sánchez, “podemizado” por el síndrome de Pablo Iglesias ha dado un paso en falso al sumarse a la propuesta de Izquierda Unida para la reforma, de nuevo y en sentido inverso, del manoseado artículo 135. Ha sorprendido a propios y extraños, de dentro y fuera de nuestro país.

No son pocas las voces, dentro de su partido que claman por mantener la reforma de 2011, y empiezan a ser también importantes las posiciones de reconocidos miembros del PSOE que observan con estupor la deriva de su recién estrenado Secretario General. Existe un temor más que fundado de que un Pedro Sánchez, arrastrado por la presión mediática de los sondeos semanales que van marginalizando al PSOE, pueda terminar provocando, con sus erráticas decisiones, una situación parecida a la que vivió la UCD en 1981. Confiemos en que ello no vaya a suceder porque España necesita una oposición fuerte y creíble que pueda ser alternativa de gobierno. Sánchez corre el riesgo de convertir al PSOE en una suerte de partido bisagra entre el PP y Podemos.

La recuperación de las subvenciones a las renovables

Y digo erráticas posiciones porque en los últimos días también ha puesto encima de la mesa la necesidad de recuperar las subvenciones a las renovables. Cuando los ciudadanos de este país estamos padeciendo en nuestra factura de la luz el alto precio de la energía, cuando las empresas españolas tienen graves problemas de competitividad por el coste de la misma y cuando seguimos conviviendo con el eterno problema del “déficit tarifario”, Sánchez quiere recuperar las medidas de subvención y con efecto retroactivo. ¿Es de nuevo el efecto Podemos? Caer en el “seguidismo” puede deslegitimar al PSOE para ser en el futuro alternativa de gobierno.

Los ciudadanos son conscientes de que cualquier reforma encaminada a la subida de los impuestos les termina afectando a ellos, que en absoluto son ricos ni poderosos

Más impuestos

Y si lo referido hasta aquí no es suficiente para preocupar a los votantes y simpatizantes del PSOE –y para cualquier ciudadano que entienda que una verdadera democracia se consolida con la alternancia en el poder- , al albur de las soflamas de los líderes de Podemos de “estrujar” más a los ricos, el Secretario General del Partido Socialista, se suma también a la algarabía de proponer más impuestos, que en última instancia perjudicaran al conjunto de la sociedad, y fundamentalmente a la eterna sufridora “ la clase media” a la que todos los políticos quieren hacer suya y que es, sin embargo, a la que han ido a parar siempre la mayor parte de las subidas fiscales. Es demagogia escuchar a Sánchez decir en el Congreso de los Diputados que el PP se ha cargado a la clase media. Los ciudadanos son conscientes de que cualquier reforma encaminada a la subida de los impuestos les termina afectando a ellos, que en absoluto son ricos ni poderosos. No se confunda Sr. Sánchez. No será la solución vender esa idea para recuperar unos pocos votos. De las crisis no se sale con más impuestos.

Es la crisis la que está causando estragos en la sociedad. Y para combatir esos efectos, hay que trabajar en medidas de estabilidad que permitan a nuestra economía una pronta y sólida recuperación, para con ello acabar con el mayor de nuestros problemas que no es otro que el paro. Desde luego renegando de lo hecho no se resuelven los problemas.

El PSOE ha de recuperar la centralidad que le dio catorce años de gobierno con Felipe González. Ha de situarse en el espacio del reformismo moderado y de consenso y no tratar de caer en la tentación de querer ser más radical por su izquierda. Sus votantes no lo quieren. Y como suele suceder en política, siempre se corre el riesgo de que el votante opte por “el original” y no por la copia.


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