Europa, parque temático

Palo y zanahoria a la clase media

Es cierto que los problemas no resueltos provocan inquietud, incertidumbre, inseguridad, y que todo ello, a su vez, desemboca en miedo y pánico. Y también es cierto que el político es especialmente alérgico al miedo que se instala en el ciudadano, o, mejor dicho, en el ciudadano votante y en las imprevisibles consecuencias electorales para su propio interés, que no el de aquellos. Parecería razonable entender que una de las principales obligaciones y misiones de todo político “profesional” es contribuir a la relajación de la Sociedad buscando para ella y sus ciudadanos una necesaria concordia y serenidad. Sin embargo, la realidad de las sociedades occidentales, y muy especialmente la española, es más bien la contraria. En la mayoría de las ocasiones nos la ocultan. Se hibernan los problemas en la confianza de que bien el desconocimiento de los mismos los hace inexistentes, o bien “congelándolos” y esperando a que sean otros los que vengan más adelante a resolverlos. En mi opinión, y en nuestro país, la percepción es que nuestra mediocre clase política ha optado por la primera de las dos formulaciones.

¿Brotes verdes?

Se vuelve, sin ningún ápice de innovación, a la ya caduca, y denostada, expresión de los “brotes verdes”. De aciaga memoria desde que la acuñara, con más voluntarismo que acierto, una ministra de Economía, recordada siempre por su capacidad para prever, en la soledad más estremecedora, el corto plazo de manera tan singular. Ya han pasado varios años desde que con solemnidad lo anunciara.

Por desgracia no va a ser así y, como mucho, al final de este año lo único que puede pasar es que empecemos a tocar fondo, pero de crecer nada de nada desgraciadamente. El impacto sobre el crecimiento será, de acuerdo con el consenso generalizado de los últimos días, de una caída de 1,5 puntos porcentuales sobre el PIB con lo que las posibilidades de que la economía española retome la senda del crecimiento y, con ello, la creación de empleo va a ser muy difícil por no decir inviable. Porque los “brotes verdes”, para crecer y consolidarse no podrán hacerlo sobre un erial, sino sobre una sociedad segura de sí misma, que crea en su modo de vida y en su cultura, donde las piedras sigan siendo excepciones. Y, por lo tanto, habrá que seguir arando y desempedrando y esperar mucho tiempo, para que ese páramo se transforme en tierra fértil. Después de haber transitado por la “década prodigiosa”, la del derroche y “el todo vale”, la realidad inmisericorde es que se ha aumentado la brecha entre ricos y pobres en los últimos años, distancia que, también, comienza a hacerse trágicamente visible en las principales sociedades de la ambiciada Europa del futuro y el bienestar.

La importancia de la clase media

Y es que, efectivamente, Bruselas y, en particular, nuestro Gobierno, son de “palo y zanahoria” con la clase media española sometida a presiones fiscales y sacrificios económicos absolutamente aberrantes y, además, “pagana” de una falsa austeridad, y digo falsa porque sólo se aplica a la sociedad civil y no a la Administración pública. Ello, lamentablemente, conduce a la asfixia de un posible crecimiento. Recordemos la reducción de los salarios, el repago de servicios públicos, la reducción de la renta disponible (la poca que queda está siendo castigada fiscal y retributivamente), el incremento del IVA, la falta de ayuda a los emprendedores, la no circulación del crédito, el desmesurado crecimiento de los valores catastrales y, con ello del IBI (¡ojalá pudiéramos encontrar compradores de inmuebles por el valor por el que pagamos los impuestos!), la tasa sobre la banca etc. Mientras tanto, nada se hace con la modernización de la estructura del Estado, de las comunidades autónomas, de las empresas públicas y del excesivo número de ayuntamientos; sobre la reforma de la Constitución y, sobre todo, sobre la ley electoral.

Como he repetido en otros de mis artículos los que más pagan siempre son los mismos “la clase media española.” Pero no olvidemos que, como dice Elisa Martinez de Miguel,una clase media potente es estabilidad social y crecimiento económico su destrucción es inestabilidad y miseria social”. Recordemos también que el presidente Aznar aseguraba que “lo primero que tiene que hacer América Latina para consolidar su prosperidad es afianzar sus clases medias, y lo primero que tiene que hacer Europa para salir de la crisis es frenar la destrucción de las suyas”. El propio Antón Pannekoek (astrónomo y creador del partido comunista holandés) a pesar de criticarla y no quererla decía que “la nueva clase media  tiene una cosa en común con el resto del proletariado: está formada por desposeídos, por aquellos que venden su fuerza de trabajo y, por consiguiente, no tienen interés en el mantenimiento del capitalismo. Es más, tiene en común con los obreros el hecho de que es moderna y progresiva, que, a través del funcionamiento de las fuerzas sociales reales, se vuelve constantemente más fuerte, más numerosa, más importante. Por consiguiente, no es una clase reaccionaria, como lo era la vieja pequeña burguesía; no anhela los viejos buenos días pre capitalistas. Mira hacia delante, no hacia atrás".

Esperemos que nuestro Gobierno mire hacia adelante y no hacia atrás, evitando nuevos multiplicadores fiscales que acaben con la “perseguida clase media, dificultando más de lo previsto una posible vuelta al crecimiento. Y, además, que plante cara, de una vez por todas, a la corrupción y acabe con sus responsables, no solo haciendo caer sobre ellos todo el peso de la ley sino, también, reafirmando los valores sociales abandonados.

Fiel y perseverante en mi ambición de luchar sin descanso contra la lacra social de la corrupción imperante, como decía François René de Chateaubriand, “la Revolución francesa no procede de tal hombre, de tal o cual libro, procede de las cosas. (...) procede sobre todo del progreso de la sociedad al mismo tiempo hacia las luces y hacia la corrupción; por eso pueden verse en la Revolución francesa tantos principios excelentes y tantas consecuencias funestas. Los primeros derivan de una teoría ilustrada, las segundas de la corrupción de las costumbres. Éste es el auténtico motivo de esa incomprensible mezcolanza de crímenes injertados en un tronco filosófico”.


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