OPINIÓN

Miedo

De repente, nos sorprendemos a nosotros mismos dudando, por un lado, de la incuestionable aplicación de la ley y, por otro, descubriendo que ese irrenunciable sometimiento al Estado de derecho nos produce un vértigo que nos atemoriza.

Miedo.
Miedo. Melanie Wasser

El miedo es aquella sensación difícilmente controlable, que nos angustia no siempre comprendiendo el porqué. Una suerte de estado que tememos no saber superar. Todos hemos dicho, en alguna ocasión, y con mayor o menor motivo, “tengo miedo”. Pero ¿qué es el “miedo”? Buscando definiciones concretas, la mayoría de las que encuentro coinciden en señalar que el “miedo” es “Una perturbación angustiosa del ánimo ante un riesgo, o un mal, bien sean estos reales o imaginarios, ó a que te suceda algo contrario a lo que deseas”. Una sensación primitiva.

En la sociedad actual, esos males o riesgos que pueden provocar esa “angustia del ánimo”, son principalmente, el “miedo a lo desconocido”

En la sociedad actual, esos males o riesgos que pueden provocar esa “angustia del ánimo”, son principalmente, el “miedo a lo desconocido”, cuya expresión extrema y mas dramática es el “miedo a la muerte”, y lo más normal y cotidiano que es el “miedo” a perder el status, el miedo a abandonar el lugar que ocupas en la sociedad. Añaden los estudiosos que ese “miedo” es mayor o menor dependiendo de la fortaleza psíquica, de la personalidad, del individuo, y del grado de coacción o intimidación moral que las amenazas, o los peligros señalados por terceras personas puedan ejercer sobre uno. Dicho de otro modo, la mayor o menor “sensación de angustia”, su graduación depende tanto de la personalidad, de la fortaleza de uno, como de la percepción de los peligros, reales o imaginarios, exagerados o no, del entorno en el que te desenvuelves. Y aunque esa “sensación de angustia”, de “miedo”, puede ser de la misma intensidad, los peligros que la provocan unas veces provienen de las incertidumbres de tu entorno personal, de tu familia, de tu negocio, de tu actividad, y otras de la situación, del ambiente social y político que, por diversas causas, conforman la sociedad en la que vives. Naturalmente, en esta reflexión, voy a referirme a estos últimos, a los que pueden provocar los peligros e incertidumbres, reales o imaginarios, que percibes en la sociedad.

Que yo recuerde, la última vez que he sentido “miedo”, fue el 23 de febrero de 1981. Entonces yo trabajaba en Barcelona. No sabía lo que pasaba. Saltando de una a otra emisora, pude enterarme de que algo ocurría en el Congreso de los Diputados. Tuve “miedo”. ¿Cómo es posible? Fracasó el intento de golpe de Estado, pero yo seguía teniendo un relevante desasosiego provocado por la incertidumbre, por el desconcierto, durante algunos días posteriores a aquél lamentable suceso.

Hoy nos encontramos amarrados a problemas que hace un par de años parecía que no existían

Después de bastantes años en los que, parecía, que la sociedad española no tenía ningún problema grave, ninguna cuestión importante, que resolver, y que de existir, había “alguien” que velaba por todos y lo resolvía  -aun cuando la solución del problema fuera simplemente anunciarla y con ello no volver a hablar, ni dejar, que nadie hablara de la cuestión que en mayor o menor medida a muchos angustiaba-  en el momento actual, casi de repente, nos encontramos debatiendo, discutiendo, públicamente, en  los medios de comunicación y en cualquier lugar en el que se juntan más de dos personas, surge la disensión y nos enfrascamos en debates sobre la “unidad y el futuro” de España, de la reforma de la Constitución, del cumplimiento de la ley y de la sempiterna “cuestión catalana”. En fin, que nos encontramos amarrados a problemas que hace un par de años parecía que no existían, cuando lo que verdaderamente ocurría es que los que tenían que hablar de ellos, y solucionarlos, eran presos de ese “miedo” a abordarlos, a hacerles frente desde la realidad de las cosas. En nuestra vida, en multitud de ocasiones, pensamos que, siendo indiferentes ante esa realidad, la misma cambiará por sí sola y evolucionará hacia nuestro postulados y posicionamientos. Grave equivocación.

Lo que antes era un artificial y frágil silencio, ahora es controversia y contrariedad

Lo que antes era un artificial y frágil silencio, ahora es controversia y contrariedad. Todos participan: políticos, líderes sociales y religiosos, responsables económicos, periodistas, intelectuales autodeclarados, etc. Me entero de que a algunos arzobispos les da miedo que se rompa la unidad “espiritual”, supongo, de España. A mi eso también me preocupa. Pero pienso que, la “unidad espiritual” de España, no depende de lo que digan la Constitución y los estatutos de autonomía, sino de la fuerza de las convicciones morales de cada uno, y, sobre todo, de los sentimientos y valores de la sociedad en su conjunto. Valores y sentimientos que todos deberíamos defender, los líderes religiosos los primeros, y que se están perdiendo, vencidos por un materialismo homogeneizador y falsamente igualitario. No me dan miedo los debates y discusiones. Me da “miedo” el pensamiento “único” y acrítico; el bajo nivel educativo, y la formación, pretendidamente neutra, pero carente de principios éticos y morales; la violencia; el que se confundan derechos con igualdades imposibles, o libertad con falta de respeto a los demás; la ausencia de criterio, o aquellos mismos que se adaptan a lo que quieren oír los poderosos; el progresismo ingenuo y estudiantil de algunos políticos…, me da miedo, en fin, que la sociedad no crea en nada, y que todos, arzobispos incluidos, nos acostumbremos a ello.

No corresponde a los jueces otra cosa que administrar justicia y aplicar la ley

Es cierto que los problemas no resueltos provocan inquietud, incertidumbre, inseguridad, y que ello propicia el “miedo”. Y también, no es menos cierto, que el “miedo” suele tener consecuencias. Nada escapa de ello. Incluso sus efectos pueden advertirse en los procesos electorales. En los últimos días, hemos pasado de una cierta tranquilidad, al observar como la aplicación del temido artículo 155 de nuestra denostada Constitución no representaba el fin del mundo y la madre de todas las guerras, al temor, de las últimas horas, con la continuidad, en esa aplicación, de las medidas judiciales dictadas en relación con la prisión preventiva de parte de los miembros del Govern de la Generalitat. De repente, nos sorprendemos a nosotros mismos dudando, por un lado, de la incuestionable aplicación de la ley y, por otro, descubriendo que ese irrenunciable sometimiento al Estado de derecho nos produce un vértigo que nos atemoriza y que genera, de nuevo, la angustia que se convierte en miedo. Vuelven los agoreros a alzar sus voces contra quienes no son, ni pretenden serlo, los que encuentren las soluciones políticas que desestabilizan el orden y la paz en nuestra sociedad. No corresponde a los jueces otra cosa que administrar justicia y aplicar la ley.

Son los responsables políticos, sociales y religiosos, quienes tienen la obligación de aliviarnos del miedo que de nuevo nos atenaza

Son los responsables políticos, sociales y religiosos, quienes tienen la obligación de aliviarnos del miedo que de nuevo nos atenaza. De facilitarnos un modo de vida en paz y prosperidad. No negando su existencia o disfrazándola de artificiosa naturalidad ineludible. Sí, enfrentándose a esa realidad con determinación. Reafirmando todo aquello que nos hace crecer en nuestra libertad y percepción de seguridad. De confianza en la sociedad en la que vivimos. Compartiendo argumentos con quienes discrepamos y abriendo nuestra mente a recibir y aceptar, convencidos, las posiciones de nuestros antagonistas. Piensen sobre ello. Vds. tienen la última palabra.


Comentar | Comentarios 0

Tienes que estar registrado para poder escribir comentarios.

Puedes registrarte gratis aquí.

  • Comentarios…

Más comentarios

  • Mejores comentarios…
Volver arriba