Europa, parque temático

Hipócritas: “entre todos la mataron y ella sola se murió.” (I)

Mientras nos vamos consumiendo en el estéril debate sobre la naturaleza de la crisis que nos atenaza desde hace, ya años: crisis de deuda o crisis del Euro, el horizonte de la UE no deja de ser, cada día, más inquietante. ¿Estaremos asistiendo impávidos a la desintegración y el final de la eterna Europa soñada? De ser así, ello conllevaría, igualmente, el final precipitado, y jamás previsto, de la moneda única.

Los errores de concepción puestos de manifiesto durante la crisis y la nefasta gestión que de ella, y de la propia Unión Europea,  están haciendo sus líderes avalan la tesis de los que piensan que las actuales autoridades europeas han perdido el control de la situación. Una falta de capacitación y liderazgo que no puede ser justificada por lo excepcional de la envergadura de la crisis.

La historia de Europa ha conocido crisis financieras anteriores de tan hondo, o mayor calado, como la actual, producidas por la incapacidad de los Estados para hacer frente a los pagos comprometidos o a las deudas contraídas. Baste recordar, en nuestro caso, las tres  “quiebras de Felipe II” y, a pesar de ello, y del tamaño del Imperio, “donde no se ponía el sol”, al Emperador no le tembló el pulso para acometer las necesarias reestructuraciones de la deuda sin variar su voluntad política de integración y cohesión de sus territorios y pueblos.

¿Agoniza Europa por sus propias debilidades? O,  ¿la han abocado a ello los intereses individuales y las estrategias y decisiones de algunos de sus más representativos miembros?

Hoy nadie quiere asumir la responsabilidad de la situación. Los más, evitan una elemental autocrítica y se dejan arrastrar por la fácil tentación de culpar de los males padecidos, como siempre,  a los perezosos y derrochadores “vecinos del sótano”, los países del sur: la Europa de la periferia.

Sin embargo, sí para reflexionar sobre todo ello acudiéramos a la inteligencia natural, y nada sofisticada, de personajes como Agatha Cristie, Sherlock Holmes o Hercules Poirot, y utilizáramos, para el análisis de las responsabilidades últimas de la situación actual en la que se encuentra Europa,  métodos y procedimientos - dejándonos llevar por la realidad y lo obvio - habríamos de preguntarnos a quién beneficia, o ha estado beneficiando, esta profunda crisis que está provocando una sangría incontenible a una considerable parte de la población del viejo continente.

Descubriríamos, seguro, a algún hipócrita que amparándose en los pecados cometidos por otros, han aprovechado la ocasión para resolver sus problemas internos, reforzar sus posiciones y saber “pescar en río revuelto”.

No pretendo ahora caer yo también en la frivolidad de la generalización injustificada. Máxime cuando, desde siempre, y hoy, soy un europeísta convencido. Sin embargo, en la explicación de la crisis no podemos quedarnos en la simpleza de entender que tal catarsis obedece, única y exclusivamente, a la irresponsabilidad de los países de la Unión en los que se generó y desarrolló la burbuja inmobiliaria, y los efectos que la misma ha provocado posteriormente.

Volviendo a Agatha Cristie, habríamos de  preguntarnos a quién benefició, y beneficia -  si se me permite el término -  la actual situación.

En la primavera pasada, una reconocida y prestigiosa entidad financiera internacional tuvo el valor, y el coraje, por medio del informe de su analista Jefe, de señalar expresamente a Alemania, y en menor medida a Francia, como la causante del origen de la burbuja inmobiliaria producida en países como España, Portugal o Irlanda.

La amenaza de una Alemania unida y poderosa

Desde la caída del muro de Berlín, la “amenaza” de una Alemania unificada, siempre generó honda preocupación en los entonces líderes europeos. Miterrand no escatimó oportunidades para realizar manifestaciones evidenciando ese temor: “Amo tanto a Alemania que prefiero dos, a una sola”.  De aquellos recelos surgió la idea de la Unión Monetaria. Se pretendía acabar con el ancestral temor a la aparición de una nueva Alemania, hegemónica, y con un Marco poderoso. Los alemanes aceptaron el reto pero exigieron una contrapartida no bien calibrada entonces: un cierto control y la capacidad de influir en el funcionamiento y las decisiones del Banco Central Europeo. Se cedió y quizá hoy estemos pagando las consecuencias.

La presión germana para precipitar la salida de la  profunda crisis en la que en aquellos tiempos se encontraba, forzó al BCE a mantener una política monetaria de tipos muy bajos a corto, que condujeron a tipos, también muy bajos, a medio y largo plazo. Ello por un lado favorecía su recuperación eludiendo políticas de estímulo fiscal y, por otro, favorecía la expansión de la burbuja inmobiliaria de los países del sur que crecían desmedidamente ante el aluvión de liquidez que precisamente les venía, entre otros, de sus socios alemanes o franceses.

¿No es hipócrita entonces el fariseísmo de quienes hoy cargan en exclusiva contra la irresponsabilidad y la relajación de los díscolos e inconscientes países del sur?

¿A quién beneficia, igualmente, el retraso en la determinación y puesta en marcha de las medidas que hayan de sacarnos, a todos, de la actual situación? ¿Defiende Alemania la Europa del Euro o la posición de sus entidades financieras sobreexpuestas a la deuda soberana de los periféricos? ¿Es justificable, si quiera aceptable, la amenaza de estos días del presidente del Bundesbank de dimitir si se acude en auxilio de la deuda soberana de Italia y España? ¿Es de recibo en una Europa verdaderamente democrática?

Merkhollande vs Merkozy

La llegada de Hollande a la presidencia de Francia, abrió, por algunos días, la puerta a la esperanza. Parecía que el líder socialista galo sería capaz de coliderar Europa, con personalidad propia, y enterrar el “maridaje” conocido como “Merkozy” entre su predecesor y Angela Merkel. Pero la política siempre descubre “extraños compañeros de cama” y finalmente parece que ello no será así y que, muy probablemente, ya estemos asistiendo al cambio de pareja de baile de la Canciller alemana y pasemos a un nuevo “Merkhollande”. El mandatario francés puede estar saboreando las mieles de la seducción al observar como esa aproximación a la dama germana le posibilita colocar su deuda a tipos extraordinariamente bajos, o negativos, mientras Italia y España se desangran haciéndolo a intereses del 6 y 7 por ciento, respectivamente.

No es de extrañar, por todo ello, que al menos Alemania, desde luego, y, en alguna medida Francia, puedan estar resultando beneficiadas por la sangría impenitente que padecen España o Italia para financiarse en los mercados.

En los últimos meses hemos podido leer, de respetados analistas de la situación europea, posicionamientos que entienden que quizá una de las posibles soluciones para que la UE pueda ver pronto la “luz al final del túnel”, sea el abandono del poder de Angela Merkel. A los alemanes – muy influenciados por los medios de comunicación  de la indolencia de los PIIGS - corresponderá hacer buena, o fallida, tal previsión.

¿Alguien bien pensado puede concebir que una economía como la española pueda sobrevivir y tener futuro incursa en una profunda recesión, con una tasa de paro de alrededor del 26 por ciento y teniendo que hacer frente, el próximo año, a una factura, de gasto financiero por la deuda, de cerca de 38.000MM de Euros?

Europa ha puesto al descubierto sus propias “vergüenzas” en esta crisis. La realidad incontestable es que el Euro es una construcción fallida e inviable sin una centralización política cierta y  una verdadera y ambiciosa unión fiscal y bancaria. Se precisa de un Banco Central Europeo radicalmente independiente y capaz de avalar la deuda soberana del conjunto de los Estados miembros. No es, ni será posible, la consolidación del proyecto europeo mientras algunos de sus socios se financien a tipos del 0,5%, o negativos, y otros al 6 y 7 por ciento. Piénsese que no estamos refiriéndonos a pequeñas economías. De las cinco primeras potencias económicas de la UE, Italia y España ocupan el cuarto y quinto lugar, respectivamente. De esas mismas cinco potencias, que representan, casi las tres cuartas partes del PIB de la Unión, el Reino Unido no forma parte de la Zona Euro, conserva su moneda y además dispone de la “maquinita”. Es decir, alrededor de la mitad de ese PIB de los cinco grandes, está o fuera del Euro (UK) o atraviesa por graves dificultades de financiación de sus economías (Italia y España).

No olviden: “luchemos todos contra la corrupción”

En tiempos, no más fáciles que estos, manifestaba Nicolás Salmerón: “Todo lo que en las condiciones de la vida no se renueva o transforma, o se corrompe o es foco de corrupción”


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