Europa, parque temático

Hipócritas: “entre todos la mataron y ella sola se murió” (II)

Segunda parte.

Acababa el sábado la primera parte de este artículo, poniendo de manifiesto, y subrayando, algunas de las carencias y debilidades de la Unión Europea, tal y como la conocemos y  está concebida en el momento actual.

Retornando a la situación en nuestro país, resulta evidente, por obvio, que España no puede plantearse salir del pozo de la crisis en el que se encuentra sin profundizar con seriedad y rigor en los posibles caminos que se abren ante sí en esta difícil coyuntura,  en la que sin más dilación ha de acometer determinadas reformas inaplazables y adoptar otras muchas medidas encaminadas a la recuperación de su economía.

¿Hay que salir del Euro?

En esta encrucijada en la que se encuentra, ¿Qué salidas tiene nuestro país? ¿Abandonar/salir del Euro? Sorprendentemente, los tratados de la UM no contemplan la salida del Euro por parte de un Estado miembro y, ni siquiera, el cómo, eventualmente poder hacerlo.

Mucho se ha escrito últimamente al respecto. Confieso que no me resulta fácil conformar una posición sólida y defendible sobre tal posibilidad. Sin embargo, desde hace  muchos meses, en ningún foro se evita ya,  hablar de la cuestión y de sus previsibles consecuencias para España y su economía.

Hace relativamente poco, el propio Wall Street Journal, enunciaba media docena de razones que animaban a pensar que España podría ser, incluso antes que Grecia, el primer país en abandonar la moneda única. Apuntaba, 1) al tamaño de nuestra economía (demasiado grande); 2) al agotamiento de los ajustes y la austeridad; 3) a la notable capacidad exportadora de nuestra economía; 4) a su estabilidad política; 5) a su exposición favorable al crecimiento en Iberoamérica, y,  por último, 6) a la propia asunción de tal posibilidad – la salida – en el debate interno nacional.

La sociedad exige respuestas concretas a preguntas que en la calle se plantean a diario. Los ciudadanos hacen enormes esfuerzos en sus maltrechas economías domésticas, conscientes de la gravedad de la situación, pero quieren saber si con ello, a corto o medio plazo, su sacrificio dará los frutos deseados. No es posible reclamar a los ciudadanos esfuerzos indefinidos. Como ya reflejaba en mi anterior artículo, publicado en este mismo Blog, es necesario explicar bien el alcance último de las medidas y reformas que se aprueban por el Gobierno y es a él a quien corresponde hacerlo y hacerlo sin contradicciones entre sus miembros y entre los diferentes mensajes que trasladan al ciudadano común.

Quisiera dejar en el aire algunas de esas preguntas cuyas respuestas espera impaciente la sociedad ante una eventual salida del Euro:

-      ¿Es verosímil que nos expulsen del Euro?

-      ¿Qué sucedería con los ahorros depositados en los bancos situados en España?

-      ¿Se mantendría el rescate al sector financiero ya acordado por el Consejo Europeo?

-      ¿Se producirían restricciones a los movimientos de fondos depositados en tales entidades financieras?

-      ¿Quebraría nuestra economía y en consecuencia entraríamos en situación de impago?

-      ¿Recuperaríamos el control de nuestra política monetaria?

-      ¿Qué efectos tendría en el desempleo el abandono de la moneda única?

-      ¿Fluiría el crédito de nuevo hacia las empresas en general y las pymes en particular?

-      ¿Cómo se redenominarían las deudas contraídas hasta la fecha en Euros y en que plazos y forma?

-      ¿Se agudizaría la actual recesión y por qué plazo?

-      ¿Afectaría, y en qué medida, a nuestras exportaciones?

-      ¿Aumentaría la competitividad?

-      ¿Regularíamos la libre actividad de los mercados que tanto daño ha hecho?

-      ¿Se lucharía contra los ataques especulativos?

-      ¿Supondría un aumento de los nacionalismos o al revés?

A mi juicio este escenario exigiría un sólido y convencido consenso entre los dos grandes partidos así como una visión común de la salida del Euro como única alternativa posible. ¿Creen Vds. que nuestra clase política, ideologías al margen, sabría estar a la altura de las circunstancias?. Piénsenlo, no me lo digan.

Por otra parte, de igual forma, si se acudiera a la vía del rescate, suave o duro, es imperioso conocer:

-      ¿Qué más recortes y ajustes se aplicarían?

-      ¿Cómo afectaría al actual Estado del Bienestar?

-      ¿Qué papel tendrían los “hombres de negro” en el día a día de nuestra economía?

-      ¿Sería necesario disolver el Parlamento y convocar nuevas elecciones generales?

-      ¿Se facilitaría sin más demora el acceso a una financiación justa por parte de los mercados?

-      ¿Se aceleraría la unión fiscal y bancaria?

-      ¿Se solucionarían rápidamente las asimetrías entre las economías de los miembros de la UE?

-      ¿Se implantarían de inmediato los Eurobonos y cabría contempla la “mutualización” de la deuda soberana?

-      ¿Actuaría, de una vez, el BCE como prestamista de último recurso?

-      ¿Seria más rápida nuestra recuperación económica y la creación de empleo?

-      ¿Se deterioraría la imagen de España como país rescatado?

No es fácil dar respuesta a tanto interrogante, pero es incuestionable atender las demandas de una sociedad cansada y agotada que pierde a “chorros” la confianza en sus dirigentes por qué no recibe de ellos la información que le haga vislumbrar que su esfuerzo y sacrificio son determinantes para encontrar la salida de la crisis. Mucho debería preocupar a nuestros gobernantes los resultados de algunos sondeos realizados entre los españoles que arrojan porcentajes de casi el 60 por ciento de los ciudadanos que estima que la pertenencia de España  al Euro ha sido negativa,  o que  casi un tercio de la población pueda estar convencida de que estaríamos mejor fuera.

¿Qué otra alternativa existe?

Podríamos plantearnos una situación similar a la producida en el lejano oriente y entender que acabemos en una “japonización” de la crisis. Pero no lo veo verosímil por dos elementales razones: 1) no tenemos una década por delante; y 2) no podemos olvidar que estamos instalados en una tasa de paro de alrededor del 26 por ciento.

El Gobierno cuenta con una mayoría absoluta y no debe, ni puede, hacer dejación de sus responsabilidades. España es parte del problema, pero no es el problema en sí mismo. Decía el presidente Obama, en noviembre pasado, que “el problema (de Europa)  ahora mismo es de voluntad política. No es un problema técnico.”

Rajoy ha de exigir al Consejo y la Comisión Europeos la urgente puesta en marcha de las medidas ya acordadas, así como  hacer frente, a corto y medio plazo, y en un contexto de necesaria estabilidad política y financiera europea, a los graves problemas internos de nuestra economía: 1) desapalancamiento; 2) déficit externo provocado por la falta de una valiente y decidida política energética; 3) saneamiento definitivo e irreversible del sector financiero; 4) reformas estructurales profundas que posibiliten la creación de empleo y la reducción de la tasa de paro; y, 5) combatir con rigor y firmeza el déficit público acometiendo las reformas necesarias del Estado. Es necesario ajustar nuestras Administraciones a la realidad que este País necesita y puede mantener.

Si España y sus socios europeos no tienen el coraje necesario para adoptar las medidas que la actual situación exige para salir lo antes posible de esta crisis, no nos engañemos, no seamos hipócritas, “entre todos la mataron y ella sola se murió”

Y termino como siempre diciendo luchemos todos contra la corrupción. Como dijo Quinto Horacio Flaco: “Si el vaso no está limpio, lo que en él derrames se corromperá.”


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