Europa, parque temático

En la España actual hay gente que pasa hambre

Por desgracia es una clara evidencia que nuestra querida España es el país de los ‘más y de los ‘menos’. De más impuestos, déficit, paro, corrupción, pobres y hambre. Y de menos bienestar, PIB, honestidad, talento y crédito.

Sin embargo, a pesar de todo ello, España va a salir adelante. Con sacrificio, con esfuerzo, con generosidad, muy fundamentalmente, de la sociedad civil que como en otras ocasiones ha demostrado ser la conciencia crítica y el motor del cambio. En esta reflexión de hoy traigo a colación un claro ejemplo de ello. Desde hace algunos años, he venido admirando la labor silenciosa de los bancos de alimentos en su lucha contra el hambre en el mundo.

El hambre crónica y el despilfarro

La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) estima que en el 2012 el hambre crónica afectó a 1.040 millones de personas en el conjunto del planeta, habiéndose agravado en los últimos años por el alza en el precio de los alimentos y la crisis económica. En la Europa del Estado de Bienestar, 80 millones de habitantes viven por debajo del umbral de la pobreza y de ellos 30 millones sufren malnutrición. En España 8,5 millones de personas- alrededor del 20% de la población total- viven con ingresos inferiores al 50% de la renta per cápita nacional, por lo que son considerados como pobres, y de ellos, 3 millones, pasan serias dificultades para disponer de una dieta adecuada, o lo que es más claro: pasan hambre.

Pero lo que es un auténtico ‘despilfarro’ es que, según datos de la FAO, todos los años algo más de un tercio de los alimentos que se producen en el mundo para consumo humano se pierden o desperdician. Esto equivale a 90 millones de toneladas anuales en el conjunto de la Unión Europea y de ellos, 8 millones en España. La distribución de ‘culpas’ es la siguiente: el 42% de ese despilfarro se produce en los hogares; el 39% en la cadena de producción; el 14 % en la restauración y el 5% restante en la distribución.

La sociedad civil y los bancos de alimentos

Pues bien para tratar de afrontar estos problemas del hambre nacieron los bancos de alimentos. El primero fue el Banco de Alimentos de Santa María fundado en 1967 por John Van Hengel en la ciudad de Phoenix, Estado de Arizona. En el año 1981 la idea pasa a Canadá y desde allí a Francia, fundándose el 23 de setiembre de 1986 la Federación Europea de Bancos de Alimentos (FEBA), que hoy tiene 247 bancos en 21 países siendo España el país que más alimentos distribuye, seguida de Francia. En el año 2011, FEBA repartió en Europa 401.000 toneladas de alimentos a 5,2 millones de personas en colaboración con 31.000 asociaciones. La gestión del suministro y la distribución diaria de alimentos se organiza gracias a los más de 9.800 voluntarios y a los 800 empleados que trabajan en los bancos de alimentos de Europa.

En España, en 1996, los bancos de alimentos constituyen la Federación Española de Bancos de Alimentos (FESBAL) que reúne a los 54 bancos que existen en la actualidad. En el año 2012 FESBAL distribuyó 104.000 toneladas de alimentos -de los que un 30% proceden del Programa PEAD de excedentes europeos-, atendiendo a 1,4 millones de personas que equivalen a 400 millones de raciones, a través de 7.000 entidades benéficas y de la colaboración meritoria y desinteresada de alrededor de 2.000 voluntarios.

Éste es el verdadero poder de la sociedad civil española, organizada en este caso a través de voluntarios -en su mayor parte jubilados o prejubilados- que trabajan en esos 53 bancos de alimentos -que son apolíticos y aconfesionales-, y no perciben por su labor retribución alguna. A su vez en los bancos los alimentos que se reciben se destinan en su totalidad a entidades benéficas evitando otro destino distinto del finalista que constituye la misión para la que han sido creados. Sin solicitar ni recibir ninguna compensación económica, ni directa ni indirecta de esas mismas entidades. Y funcionan bajo los siguientes principios:

- Primacía de la gratuidad.

- Seguridad de una distribución justa siempre a través de entidades benéficas legalmente reconocidas que garantizan que las ayudas alimentarias llegan a las personas con apremiantes necesidades alimentarias.

- Promoción de la solidaridad y cohesión social.

-Absoluta profesionalidad y práctica de una administración transparente y sometida a los controles legales que garantizan su adecuado funcionamiento.

- Contribución a la sostenibilidad y preservación del medio ambiente al evitar procedimientos contaminantes de destrucción de alimentos.

Y se proveen, dentro del más escrupuloso respeto a las estrictas normas sanitarias de la recuperación de excedentes agrícolas, procedente de industrias alimentarias de productos consumibles pero no comercializables (por fecha próxima de caducidad, embalaje y etiquetas erróneas, productos fuera de temporada...), de aportaciones generosas de empresas, de recogidas colectivas en grandes superficies, etc… sin olvidar a los donantes particulares que con sus periódicas aportaciones hacen posible la cobertura de los imprescindibles gastos de funcionamiento de los bancos.

Otra vez el exceso de austeridad

Como verán aquí sí funciona, y muy bien, la sociedad civil, por encima de cualquier estructura administrativa o política. Sin embargo, en la Europa de hoy, la de los conflictos de interés, siempre surgen escollos y dificultades provocados por aquellos Estados que sacralizan, por encima del bien común, “la austeridad total” hasta en esta materia. Me explicaré. El Programa Europeo de Ayuda Alimentaria a los más necesitados fue creado por la UE en 1987 para paliar los efectos producidos por la ola de frío que padeció entonces Europa. Distribuye alimentos derivados de los excedentes de producción en la UE y ha beneficiado a más de 18 millones de personas. En España es el Fondo Español de Garantía Agraria (FEGA) quien financia el PEAD. Entre un 30% y un 40% de los alimentos que reparten los bancos proceden de esos excedentes agrícolas que se producen cada año en Europa. No obstante ello, el PEAD ha estado en entredicho por parte de algunos países que entienden que la ejecución de las políticas sociales ha de ser propia de cada nación y que la UE no tiene que tener una política social común.

Una resolución favorable a este planteamiento de la Corte Europea ha estado a punto de hacer desaparecer el programa con los consiguientes efectos que de ello se hubieren derivado. En concreto, siete Estados miembros -todos de la órbita de influencia de Alemania- han manifestado su oposición a que dicho programa continúe después de 2013. Por el contrario, otros países han presentado argumentos de peso en apoyo de la necesaria continuidad del mismo. La Federación Española de Bancos de Alimentos con el apoyo de otras instituciones como Cruz Roja lideró una campaña de prensa, con intervención en foros internacionales, etc. hasta conseguir, a finales de 2011, que la UE acordara una prórroga del PEAD hasta finales del 2013 por un importe de 500 millones de euros. Para el periodo 2014-2020 la Comisión Europea ha elaborado un nuevo programa de ayuda a los más necesitados que si bien ratifica el objetivo de la ayuda y su destino a distintos fines sociales, uno de ellos para la ayuda alimentaria, sin embargo fija, también, una reducción del presupuesto destinado a sufragarlo. Teniendo en cuenta estos nuevos datos, y por lo que se refiere sólo a España, supondrá dejar sin ayuda alimentaria a más de quinientas mil personas.


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