Europa, parque temático

España 0 - Problemas 4

Vivimos tiempos de zozobra institucional y social. La tensión política está cronificando una cierta ansiedad en el estado de ánimo de los españoles. La sociedad no sólo está dejando de creer en sus políticos si no que está perdiendo la poca fe que mantenía en sus instituciones. Llevamos dos años instalados en el pesimismo  provocado por una crisis económica sin precedentes desde que nos iniciamos en democracia y cuando más necesitamos del estímulo para continuar creyendo en nosotros mismos el país se resquebraja por sus cuatro esquinas.

España se enfrenta, en el momento actual,  a cuatro graves problemas: el nacionalismo catalán de agotadora tensión y confrontación; la irrupción en política de un nuevo populismo sin credencial alguna conocida y cuyo éxito se debe, por un lado, a la capitalización legítima de los descontentos y, por otro al “caldo gordo”, que la práctica totalidad de los medios de comunicación les facilitan por conseguir cuota de pantalla en las tertulias y foros de debate; la sempiterna corrupción con la que nos hemos acostumbrado a vivir y el paro.

El independentismo

Tras el 9-N, la “cuestión catalana” lejos de resolverse se ha agravado, en cierta forma, y las soluciones quedan reducidas, desde mi punto de vista, a dos únicas salidas: la concesión a Cataluña de un régimen fiscal semejante al que tiene el País Vasco, o la reforma del Título VIII de la Constitución de 1978. Entiendo que ambas alternativas irían en contra del principio de igualdad de derechos que a todos los españoles nos reconoce la Constitución. Y ello porque en ambos casos se produciría una asimetría inevitable con la que poder contentar al iracundo nacionalismo. En la primera de esas dos alternativas enunciadas, determinadas autonomías tendrían un régimen fiscal distinto; en la segunda, el eventual Estado Federal no sería simétrico a la vista de las insaciables e inabordables pretensiones de un visionario Mas al que la inacción del Gobierno ha podido resucitar tras el esperpento de la consulta participativa, que no se iba a celebrar y que finalmente Rajoy, para gran disgusto de sus propios votantes ha consentido.

Los dos “grandes” partidos, parece que de futuro incierto, siguen en su irresponsable guerra de descalificaciones y acusaciones de corrupción y desprecian la iniciativa de un gran pacto de Estado para alinearse en lo que para ellos, y la mayoría de los españoles, es un objetivo prioritario: el respeto a la legalidad vigente. El PSOE en su Declaración del Consejo Territorial de Granada de 6 de julio de 2013 realizaba las siguientes reivindicaciones:

-“Necesitamos reformar la Constitución para sustituir el Senado por una auténtica Cámara de representación territorial, sin la cual no puede funcionar un Estado federal.”

-“Hay que modificar nuestra Carta Magna para crear los mecanismos de cooperación institucional de los que hoy carecemos en gran medida.”

Por otra parte, en la Declaración de Zaragoza de 16 de noviembre pasado proponían:

-“La transformación de la España autonómica en la España federal, resolviendo las disfunciones del Estado de las Autonomías provocadas tras más de tres décadas de existencia.”

-“La renovación del Pacto Constitucional para aspirar a mejorar nuestra democracia, construir una España federal y blindar los derechos hoy amenazados por los gobiernos de la derecha.”

Parece pues que el Estado Federal que proponen se adivina “simétrico”, es decir, sin lesión alguna de la igualdad de trato de todos los españoles.

Por su parte, el PP no está por la labor de conceder un régimen fiscal especial a Cataluña, cosa que ya hizo en el pasado y la Generalidad rechazó. La derecha tampoco quiere una reforma de la Constitución de 1978 si no que se cumpla su artículo 2, que consagra la indisolubilidad de la Nación española. Y, además, tarde y mal, ha judicializado el tema del 9-N favoreciendo un frágil argumentario a Pedro Sánchez quien desde la vaguedad injustificable en alguien que se postula para gobernarnos se crece exigiendo una modificación de la Constitución hacia la vía federal sin saber explicar el alcance y contenido de la misma.

La irrupción del populismo

La historia nos enseña que las crisis económicas y sociales favorecen el nacimiento de movimientos oportunistas que capitalizan el descontento de los ciudadanos. Son grupos que se alimentan del fracaso de los demás. “Podemos” es un claro ejemplo de ello. Reconocen en sí mismos que no tienen ni la estructura ni la capacidad que los resultados de las “encuestas del cabreo” les otorgan. Por ello renuncian a presentarse a las próximas elecciones municipales y autonómicas. Sus postulados son insostenibles al ser reos de lo que los descontentos quieren oír. Sea factible o no. Son inverosímiles, imprecisos y, en la mayoría de los casos, demagógicos e inalcanzables:

-“Los medios de comunicación privados atacan la libertad de expresión”

-“La deuda pública ha de ser reestructurada y pagada por quién la asumiera y no por los ciudadanos”.

-“Estableceremos la jubilación a los 60 años”

-“Implantaremos el control público de sectores estratégicos”.

-“Reconoceremos el derecho a una renta básica para todos”.

-“Ningún salario podrá sobrepasar 20 veces el salario mínimo interprofesional”.

-“Acabaremos con la enseñanza concertada”.

-“Garantizaremos la celebración de referéndums vinculantes y el reconocimiento del derecho a decidir”.

La corrupción

La corrupción no es sólo de la clase política, pues si así fuera sería muy fácil acabar  con ella expulsando a los políticos corruptos de la vida pública y poniéndolos en manos de la Justicia. Es algo mucho más profundo que requiere de una importante regeneración social, un cambio cultural de hondo calado en la escala de valores de los ciudadanos en general. Combatir hasta sus últimas consecuencias la corrupción ha de ser un objetivo irrenunciable. La Ley la Justicia disponen de normas que si se aplicaran con diligencia y eficacia son un valioso instrumento para acabar con una de las perores lacras de nuestra sociedad.

El silencio es el mayor cómplice de la corrupción. Quien la oculta  se hace cómplice de los corruptos. Samuel Fielden decía: Hoy el sol brilla para la humanidad; pero puesto que para nosotros no puede iluminar más dichosos días, me considero feliz al morir, sobre todo si mi muerte puede adelantar un sólo minuto la llegada del venturoso día en que aquél alumbre mejor para los trabajadores. Yo creo que llegará un tiempo en que sobre las ruinas de la corrupción se levantará la esplendorosa mañana del mundo emancipado, libre de todas las maldades, de todos los monstruosos anacronismos de nuestra época y de nuestras caducas instituciones.”

Por su parte, el Papa Francisco, hace ahora un año, proclamaba en la Homilía de Santa Marta:”El hábito del soborno es un hábito mundano y fuertemente pecaminoso. Es un hábito que no viene de Dios. Dios nos ha ordenado llevar el pan a casa con nuestro trabajo honesto. Recemos por esta pobre gente que ha perdido la dignidad con la práctica del soborno.”

El Paro

Este es, sin duda alguna, el problema principal de nuestro país, y si bien es cierto que en 2014 se aprecian tímidos, pero esperanzadores signos de recuperación del empleo, lo cierto es que el número de parados se incrementa en 79.154 personas en octubre situándose, en términos absolutos, por encima de los 4,5MM de personas. Una tasa de desempleo de 23,67% es inaceptable. Duplica la media europea y aventura un muy largo período de tiempo hasta llegar a los niveles anteriores a la crisis que  no terminamos de abandonar.

Una sociedad moderna no puede resignarse ante el fracaso de tener a cerca de medio millón de jóvenes desempleados y, lo que es peor, sin expectativa alguna, a corto plazo, de modificar esa dramática situación. España tampoco puede permitirse el lujo de la pérdida del talento de jóvenes que abandonan el país en búsqueda de  oportunidades lejos de nuestras fronteras.

Sólo la Sociedad Civil puede dar la vuelta a un  marcador tan desesperanzador para este gran país que es España.


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