Europa, parque temático

Educación y progreso

Una de las más graves y preocupantes carencias de la democracia española es la ausencia de un modelo educativo estable en lo ideológico y en su propio horizonte temporal. No es un problema nuevo, al contrario, ya es casi eterno. A finales del siglo XIX, las “cabezas pensantes” de entonces señalaban los problemas educativos como la más grave de las limitaciones de la sociedad de la época. Luego, durante el primer tercio del siglo XX, la discusión social sobre el tema se volvió mas agria: qué modelo educativo, cómo implementarlo, con qué medios, si debía ser una educación laica o religiosa, quiénes estaban capacitados... fueron cuestiones que provocaron enfrentamientos, crisis de gobierno e incluso crisis constitucionales.

El tema, todos los sabemos, quedó sin resolver, y solo se hizo, manu militari, tras la Guerra Civil. Durante más de treinta años tuvimos una educación monolítica, de verdades absolutas, negada completamente a la discusión. Pero la educación que recibimos en aquellos años dependía tanto de lo que nos transmitían a cada uno en su casa como de lo que aprendíamos en el colegio o la escuela. Y lo que sucedía en la escuela giraba en torno a la figura y la personalidad, al carácter y el 'talante' (como se dice ahora) del maestro o profesor que se tratara. Luego, con muchas lagunas y tópicos, pero también con mucha curiosidad, fuimos completando nuestra formación a medida de que la sociedad se fue abriendo.

Es lógico que, tras tanto tiempo de enseñanza encorsetada, en los años 70 y 80 se produjera una explosión de libertad. De estar todo prohibido pasamos a permitirlo todo; de no aplicar ninguna novedad, a querer aplicarlas todas de golpe; de ser los padres y los maestros intocables, se ha pasado al compadreo, a ser compañeros y compañeras abandonando la siempre necesaria relación de respeto y autoridad entre maestro y alumno. Durante las últimas tres décadas, se han sucedido diversos, demasiados, planes de estudio que pretendían dar respuesta a la creciente demanda de educación. Es evidente que quizá el mayor éxito de nuestra democracia haya sido el facilitar el acceso a la enseñanza a cada vez mas jóvenes. Pero, a cambio de eso, a mi juicio, los sucesivos planes de estudio han tenido, y tienen, dos problemas: que siempre el último ha tenido un nivel educativo inferior al anterior y que están dirigidos, casi exclusivamente, a facilitar la búsqueda de trabajo y no a la formación como personas de los jóvenes.

Durante más de treinta años tuvimos una educación monolítica, de verdades absolutas

España se encuentra en los primeros lugares, muy lamentablemente, en fracaso escolar de los países de nuestro entorno. Una cuarta parte de los jóvenes españoles de entre 18 y 24 años no cursaban ningún tipo de ciclo educativo ni de formación en 2012. Ello es un verdadero cáncer para el futuro de esos jóvenes, que tendrán que aspirar a encontrar un empleo en unos mercados mucho más competitivos y que demandarán cualificaciones más altas.

Algunos, autocomplacientes, dicen que la actual generación de jóvenes es la que tiene mejor educación de la historia de nuestro país. Yo, sintiéndolo mucho, no estoy de acuerdo. Los datos que nos facilitan los organismos internacionales son demoledores. Probablemente sea la generación que más títulos tiene, pero no la que tiene mejor formación. Y esa formación, como personas, cada vez será mas deficiente si se empeñan en convertir el 'laicismo' en una nueva religión, como no, de obligado cumplimiento. Porque, como leía el otro día, todo, absolutamente todo, incluida la política y la economía, tan de moda ahora, no existen por sí mismas, sino que existen en un mundo de significaciones culturales. Podrán existir estados laicos, pero no existen sociedades laicas, y educar bien, educar en casa, en una escuela, laica o no, educar “como Dios manda”, es educar en valores; es que los jóvenes comprendan, asimilen y asuman lo que es bueno y lo que es malo en la sociedad en la que viven.

La gran tragedia de nuestra democracia -siempre pendiente de la maduración definitiva- no es otra que la politización del la enseñanza y, sobre todo, del modelo educativo. En los últimos 30 años, los diferentes gobiernos han querido dejar su impronta en la definición del modelo de enseñanza, produciendo enormes fallas en el sistema y, lo que es más grave, en la estructuración de la sociedad. No es explicable que en dicho periodo se hayan producido hasta siete textos legales de implantación nacional y se hayan consumado las transferencias en la materia a las comunidades autónomas, dejando que la presión de los partidos nacionalistas, de los sindicatos y de los colectivos sociales hayan aventurado una efímera supervivencia a cada nueva ley aprobada. La demagogia, el populismo mediocre y las veleidades de los políticos se han encargado de hacer fracasar pronto cada iniciativa. El Partido Socialista ya ha anunciado a bombo y platillo, y antes de que la nueva Ley (la LOMCE) saliera definitivamente de las cámaras legislativas, que si llega al Gobierno la derogará de manera inmediata.

Probablemente la actual sea la generación que más títulos tiene, pero no la que tiene mejor formación

La educación, un buen modelo educativo, es determinante para el progreso de una sociedad. El discurso político es casi siempre demagógico. Los políticos prefieren invertir a corto plazo en infraestructuras, que son tangibles, tras cada periodo electoral que a largo plazo en educación, cuyos frutos se apreciarán en un horizonte de tiempo en el que lo más probable es que quien promovió la Ley ya no esté en el poder.

España debe promover una seria y profunda revolución de su modelo educativo y lo ha de hacer desde el inequívoco consenso de los dos grandes partidos nacionales. Apostando por un sistema de garantías que posibilite que los estudiantes, desde los primeros años de su formación, se vean incardinados en un modelo no cuestionado por los agentes que intervienen en el mismo: gobiernos, profesores, sindicatos, padres y los propios alumnos.

Los informes de todo tipo y autoría que tratan de los problemas de la educación en el mundo, y muy particularmente en España, vienen a mostrar que el gasto no está en relación directa con la calidad de la educación recibida. De igual forma, parece ser constatable que tampoco la ratio número de alumnos por aula o profesor esté en relación directa con El Progreso en educación. Quizá el secreto pueda estar más directamente vinculado con la calidad y muy especialmente con la formación y cualificación del profesorado y con la inversión en los niveles de educación infantil, cuya capacidad de absorción y asimilación de conocimiento es enormemente mayor.

Proponía un periodista argentino especializado en educación la idea de crear una especie de PIB educativo que midiera la calidad y los resultados del sistema educativo de un país frente a los parámetros de medición cuantitativa como la producción o la renta. Andrés Opennheimer razonaba que "mientras todos seguimos pendientes de lo que dicen los ministros de Economía, los que tienen en sus manos el futuro de nuestros países son los ministros de Educación"


Comentar | Comentarios 0

Tienes que estar registrado para poder escribir comentarios.

Puedes registrarte gratis aquí.

  • Comentarios…

Más comentarios

  • Mejores comentarios…
Volver arriba