Europa, parque temático

Corrupción política: Basta ya de palabrería y frases huecas

Los que cada día utilizamos las nuevas tecnologías para comunicarnos con los demás sabemos lo que cuesta eliminar los “virus” y los “gusanos” que nos vienen de fuera y nos invaden desestabilizando nuestra particular paz interior. Pues bien, el esfuerzo que hay que hacer para que desaparezcan de nuestras cotidianas y rutinarias vidas los  “virus” y “gusanos” que pululan por la vida política, social y económica españolas es muchísimo mayor. Los tenemos dentro,  no siempre descubrimos quiénes son, pero sabemos que están ahí, y que en cualquier momento y lugar se van a manifestar ensombreciendo nuestra convivencia, frenando nuestra actividad y haciendo sospechosas nuestras relaciones.  La ventaja que tenemos respecto a los “virus” y “gusanos” del ordenador, es que éstos sí terminamos descubriendo cuál es su origen y  procedencia y lo que pretenden, una vez descubiertos, en general, quedan neutralizados y sin efecto nocivo alguno para el futuro. Los “otros” son personajes que se retroalimentan, que sobreviven gracias al medio en el que se desarrollan. La podredumbre en la que habitan es su verdadero refugio y en él la endogamia de los partidos juega un papel tan importante como injustificable ante la Sociedad que impávida y corresponsable asume con resignación que es un mal del mundo moderno y la democracia. Nadie se atrevería a defender intelectualmente hoy que esa realidad no se ajusta a la situación que viven muchos países, con independencia de su grado de desarrollo, y entorno geográfico y político. Es la sociedad actual la que ha creado esos “monstruos”. Con la relajación de sus valores y la falta de exigencia en los comportamientos. Con la asunción del “relativismo moral” como algo propio del mundo en el que vivimos y contra lo que nos resignamos a luchar.  El “todo vale”, el “todo es lo mismo”, el “todos somos iguales”, o “es lo que la gente quiere”, está teniendo unas consecuencias demoledoras. Les hemos dejado crecer demasiado y nuestra indolencia ha favorecido el incremento de su poder. Sin embargo, ser conscientes de ello nos obliga a reconducir nuestros comportamientos y actitudes. A no renunciar a identificarlos públicamente, a descubrirlos, neutralizarlos y  expulsarlos  de nuestra sociedad, ello nos ayudara a salir de la crisis.

Palabrerías y frases huecas

En los últimos días mi espíritu se “cabrea” impotente al ver la cantidad de frases que se pronuncian en aras de un tardío posicionamiento personal de quienes, ahora, tratan de no hacer suyos tales comportamientos. Tarde y mal se pronuncian solemnes proclamas contra la corrupción con frases vacías de contenido y, sobre todo, de medidas y actuaciones administrativas y jurídicas concretas y rápidas que tengan repercusión inmediata. Recupero ahora algunas de ellas pronunciadas en las últimas horas, qué más da por quién:

- “que cada palo aguante su vela”.

- “no nos temblará la mano”.

- “que se analice la contabilidad de los partidos”.

- “que se investiguen los paraísos fiscales”.

- “esto daña la democracia”.

- “que se ponga fin a la financiación irregular”.

- “que se aplique la ley con todas sus consecuencias”.

- “el que la hace la paga”.

- “que comparezca el Presidente para dar explicaciones”.

- “el Ministro tiene que marcharse”.

- “el Fiscal General del Estado tiene que comparecer”.

- “que hable la Justicia”.

- “que la Audiencia Nacional investigue las cuentas”.

- “las explicaciones que se han dado son insuficientes”.

- “los que nos dedicamos a la política debemos ser modélicos”.

- “a mí que me registren”.

-  etc.etc...

La Sociedad ha escuchado ya innumerables veces tanta palabrería. Se desprecia a los ciudadanos cuando reiteradamente, y cada vez con más frecuencia, se reproducen los escándalos de corrupción protagonizados por los políticos y los partidos que los protegen o en cuyas filas militan, Repugna a la Sociedad la indolencia con la que se gestionan, desde todas las instancias, incluida la judicial,  ya no vale aquel tópico de la “justicia es lenta pero inexorable”. Los tiempos en materia de corrupción política son extraordinariamente importantes. Si los casos transitan por los tribunales durante decenios, la recuperación de lo apropiado y la reparación del daño resultaran imposibles,  Y en tanto en cuanto eso sea así, a algunos les saldrán las cuentas y entenderán rentable el camino por la oscuridad de las cloacas de la corrupción. De tal suerte, entonces, que tales prácticas terminan multiplicándose exponencialmente siendo cada día  más los escándalos  y enormemente más complejo atacarlos decididamente.

Además, ello ahondará en  la percepción de impunidad que el ciudadano de a pie tiene de la estafa y la mentira de su clase política. La sinrazón de que forme parte de nuestras vidas puede conducir a la perversión de hacernos ver que es parte consustancial de la sociedad en la que vivimos. Estigmatizarnos de tal modo que acabemos resignándonos a aceptarlo  sin oponer resistencia alguna. Asumiendo la renuncia de la Sociedad Civil

La crisis no sólo es económica

Se nos dice que estamos pasando la crisis más dura de la historia y, desde mi punto de vista, lo que está sucediendo es que a esta grave crisis económica se ha unido algo peor: una crisis ética y de valores como la honradez, la honorabilidad, el esfuerzo, la meritocracia y la buena fe. Sin ellos, y aceptando resignadamente nuestra incapacidad para acabar con la corrupción, la salida de la crisis es muy complicada.  La Sociedad en su conjunto necesita desempolvar su intelecto. Recuperar la iniciativa. Manifestar su inexorable rechazo a tales actitudes y comportamientos. Promover cuantas reformas de nuestro sistema político sean necesarias para  que la democracia de los partidos no de amparo a quienes traicionan el mandato de los ciudadanos.

Y no pensemos que la vía penal, que aun siendo muy importante, resolverá todos los problemas de la sociedad, pues es necesaria una  “medicina preventiva” que a través de la educación y de organismos públicos eficientes, independientes y rápidos de control y seguimiento atajen “ab initio” cualquier posibilidad de fraude o corrupción.

Soy partidario de delegar pero siempre bajo el principio de “delega pero verifica.”

Una vez más luchemos todos cada día, cada hora y cada minuto contra la corrupción. Como dice Ernesto Partida Pedroza “se pone atención en el empleado del gobierno que recibe dinero para acelerar los trámites, pero se  omite ponerla en quien aporta el dinero”.


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