Europa, parque temático

Chipre: todos a una como en Fuenteovejuna

La Unión Euroea y el euro se encuentran, si nadie lo remedia, en sus peores, y esperemos sean los últimos, momentos, y lo dice un europeísta convencido como yo. Aquella célebre frase del gran dramaturgo francés Alejandro Dumas “todos para uno y uno para todos” parece haber perdido su vigencia en los convulsos e interesados tiempos en los que vivimos. Hoy está más de moda el versátil aforismo, aplicable a infinidad de circunstancias y momentos, del “sálvese quien pueda”. Me vienen también a la memoria otros clásicos proverbios de nuestra rica lengua castellana como aquel “entre todos la mataron y ella sola se murió”, muy de actualidad para entender que es siempre necesario saber asumir por cada uno la parte de responsabilidad que le corresponde de algún suceso previsible que en su fatal desenlace carece de “paternidad” alguna.

Resulta que ahora lo del llamado 'corralito chipriota' no es decisión de nadie, ni de Bruselas, ni del Banco Central Europeo, ni del FMI, ni del Gobierno Chipriota. Es decir, todos los protagonistas de este esperpéntico vodevil se excusan y sorprenden y, de nuevo, la dejación y la 'holgazanería' de los pobres ciudadanos de la isla mediterránea son las únicas culpables de la situación por la que atraviesa en las últimas horas su país. O lo que es lo mismo, es el pueblo 'llano y soberano' el que ha decidido con gallardía y generosidad, autoinmolarse en pro de la salvación de un bien superior llamado euro.

Siempre pagan los mismos

En estas últimas horas, la España 'más ortodoxa' se ha puesto a escribir sobre la tragedia chipriota. Por doquier se puede leer, casi milimétricamente, el mismo discurso. Han recuperado el protagonismo más envidiable en las páginas de casi todos los medios de comunicación términos y palabras que encienden los ánimos e invitan a la indignación colectiva sobre lo que se le está haciendo al pobre pueblo chipriota: expropiación, confiscación, agresión, contagio, catástrofe, rescate, pánico, precedente, etc., etc. En síntesis: “todos a una como en Fuenteovejuna”. Quizá nos sorprenderíamos más de lo que somos capaces de imaginar si antes de producirse los recientes acontecimientos preguntáramos a muchos de los 'creadores de opinión', que ahora se rasgan las vestiduras poniendo el grito en el cielo ante tamaña atrocidad, por la población de la isla, su PIB, su verdadero sector financiero, el origen de la actual crisis de las entidades financieras que lo componen, o si eran conocedores de que muy inexplicablemente, Chipre es uno de los más importantes inversores extranjeros en Rusia, etc.

Es cierto que la troika ha dado el paso más difícil para definir la 'hoja de ruta' de la eventual solución para el país más pequeño del euro. No es menos cierto que, con arreglo a la normativa comunitaria, la pérdida de la garantía de los depósitos tiene difícil cabida jurídica y desde luego gran coste político y que en consecuencia debía ser el propio Gobierno de Chipre el que habría de encontrar la salida para recaudar los 5.800 millones necesarios para completar el rescate, contando ya con los 10.000 millones comprometidos por la Comisión, el BCE y el FMI. Probablemente a los chipriotas “los árboles les hayan impedido ver el bosque”, y con todo el 'ruido' que hemos hecho en el continente hayamos animado y enfervorecido a sus parlamentarios a rechazar la 'chantajista' y perversa propuesta realizada desde Bruselas. Pues bien, ya la han rechazado. Y ahora, ¿qué? ¿Verdaderamente les hemos ayudado a encontrar un camino mejor? ¿Puede alguien con sentido común creer que los ahorros de los chipriotas, de la clase media, están mejor protegidos tras el rechazo de su Parlamento producido en la tarde de este martes?

Yo, particularmente, pienso que no. Que el sobredimensionado sector financiero chipriota oculta otros muchos males y pecados, que por todos conocidos, hasta ahora nadie ha querido abordar con determinación. Y es precisamente ahora, aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid, cuando desde los 'recalcitrantes países del Norte' se quiere dar una lección ejemplarizante. Cómo otros han dicho: “una patada a los oligarcas rusos en el culo de los chipriotas de clase media”. Los pensionistas alemanes, holandeses y finlandeses no están dispuestos a salvar los dudosos dineros de la oligarquía rusa, verdadero sostén de la hipertrofiada banca chipriota. Ello no obsta para que reclamemos todos que los tecnócratas de Bruselas y el FMI realicen sus mayores esfuerzos en no “errar el tiro” y, derivado de ello, terminen pagando “justos por pecadores”. Como en la obra de Lope de Vega, “todos a una…”. Tanto para cuestionar la solución propuesta, como para situar en sus justos términos la crítica a la misma.

El futuro de Chipre

En tanto en cuanto no seamos capaces de comprender la verdadera dimensión de la Europa de todos, es decir de la Europa de los países más atrasados y pobres y la Europa de las naciones prósperas y de progreso, difícilmente seremos ecuánimes y objetivos a la hora de juzgar las decisiones que nos afectan a todos. Es un error creer que Chipre tiene futuro alguno en la moneda única con un sector financiero que es cinco veces su PIB. Es igualmente imposible asumir que si a Chipre se le hubiera rescatado en condiciones similares a Grecia, Irlanda o Portugal, o incluso a la banca española, el país podría salir por sí sólo de la crisis en la que se encuentra sumido. Con una deuda externa de alrededor del 140 por cien de su PIB – si se les facilitara el rescate con 17.000 millones de deuda adicional a la ya existente- y, muy probablemente, con la huida masiva de los capitales foráneos que en tales circunstancias considerarían que su 'paraíso fiscal' se habría desvanecido.

La Comisión Europea no está exenta de responsabilidad en la actual crisis del sector financiero de Chipre. Asumido eso, es injusto, en consecuencia, descargar sobre las espaldas de la clase media chipriota toda la responsabilidad de la situación. Sin embargo, también cabría preguntar a ese mismo colectivo que preferiría si no se produjera el rescate y en muy pocas semanas, y como consecuencia de la quiebra de sus principales entidades financieras, el país entrara en una irreversible bancarrota. Es cierto que desde Bruselas, hasta ahora, se había considerado un “compromiso sagrado” la garantía de los depósitos hasta los 100.000 primero euros. Y es cierto también que, a pesar del subterfugio diseñado del impuesto al ahorro, aquel irrenunciable compromiso queda hecho añicos y las promesas de quienes desde Europa nos gobiernan pueden ahora considerarse papel mojado. Por otra parte, no hemos de olvidar que el escandaloso impuesto sobre los depósitos ya existe en nuestro país, si bien, por el momento, a 'tipo cero' con las protestas de Cataluña porque se le ha impedido, por el Gobierno de Rajoy dejarle aplicarlo en su territorio.

Es respetable pensar que sea el sistema financiero el que tenga que pagar los costes del rescate, pero ello no debe significar que sean los depositantes los que lo costeen. Se está intentando 'meter mano' a un activo que en principio debería tener riesgo cero, dejando a los inversores y bonistas los mejor parados. Claro que los depositantes son rusos y los inversores bancos alemanes.

Sálvese quien pueda

Además, y de nuevo con notable oportunismo, se deja entrever que sólo en la sólida Alemania los depósitos de los ciudadanos europeos pueden estar a buen recaudo y ello, lamentablemente, pero también con razonable verosimilitud, podrá acabar provocando una nueva salida de depósitos desde España y otros países periféricos hacia los bancos germanos. Se dice por algunos de nuestros políticos que Chipre no tendrá efectos perversos y que no habrá episodios de contagio. Déjenme que ponga esto en duda y no por sus eventuales consecuencias económicas, sino por un efecto demostración. Seguro que a partir de ahora volveremos al sempiterno debate de la ruptura del euro.

Las elecciones alemanas también juegan su papel. Merkel quiere demostrar a sus electores que con el dinero de los ciudadanos alemanes (votantes) no se juega, y ello también podría llevarnos a pensar que sus ambiciones políticas nacionales y personales pueden estar contribuyendo a poner en entredicho todo el funcionamiento de Europa. El resto de Europa ha de combatir con firmeza ese riesgo. Ha de reclamar la acción concertada decidida que garantice su propio futuro.

Y termino como siempre alentando a luchar, en todo momento, contra la corrupción. Como dijo Georges Bernanos: “el primer signo de la corrupción en una sociedad que todavía está viva es 'el fin justifica los medios'".


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