Europa, parque temático

Cataluña y Confucio

Posiblemente el nacionalismo, como lo concebimos en la actualidad, tenga su origen en la doctrina alemana del Volksgesit (Espíritu del pueblo) de fínales del siglo XVIII. Cuando uno se define “nacionalista” es porque cree que su pueblo, su tierra, su gente, la sociedad a la que pertenece, reúne, o puede reunir, los suficientes elementos identitarios: históricos, culturales, geográficos, económicos, religiosos, políticos, etc. como para que pueda ser reconocida como una “nación”. Y esta creencia es común a cualquier tipo de nacionalismo. En nuestro país (por España), todos somos nacionalistas de un tipo u otro. Más allá de los propios argumentos de cada uno, el “nacionalismo catalán” es un sentimiento, una especie de religión, en la que se cree o no. Por ello, no cabe entender como acertada la expresión “nacionalismo moderado”. El adjetivo quiere, y debe, referirse, exclusivamente, al modo de asumir, y hacer suyo, el ejercicio del nacionalismo como militancia. Es decir al modo, la estrategia, a las acciones políticas y culturales, etc., pertinentes  para conseguir que ese “nacionalismo” sea asumido, sentido y creído, por la sociedad en cuestión y reconocido por los demás. 

Nacionalismo no es sinónimo de independentismo

Pero el “nacionalismo catalán” no necesariamente es sinónimo de independentismo. La mayoría de los nacionalistas no son independentistas, y lo que se quiere negar con demasiada intencionalidad es que además hay independentistas que no son nacionalistas. Escuchemos la voz de un nacionalista, Joan Maragall, cuando dice en su “Himne iberic”:

Escolta, Espanya, - la veu d'un fill que et parla en llengua - no castellana: parlo en la llengua - que m'ha donat la terra aspra: en 'questa llengua - pocs t'han parlat; en l'altra, massa.                                          

Por lo tanto el nacionalista no quiere que España se rompa ni que Cataluña sea un país independiente, sólo busca lo que por derecho como nación cree merecer.

En general, el nacionalista catalán piensa que España, en su conjunto, constituye una Nación a la que siente que pertenece. Cree que el Estado español tiene como misión más importante, la de unificar, que no uniformizar, las distintas naciones que lo conforman. En mi opinión, dentro de ese Estado, y tal y como está estructurado en nuestra Constitución, cada una de ellas tendrá distinto “poder político” dependiendo del grado de “sentimiento nacional” de sus respectivas sociedades. Porque, en contra de lo que  nos dicen unos y otros, sigo creyendo, que no son las mayores o menores transferencias que en un momento determinado podamos administrar las que nos proporcionan “poder”, sino que son los sentimientos, en muchas ocasiones los irracionales sentimientos, el verdadero fundamento de “poder”. 

El independentista, guiado por la exacerbada presión mediática y política, termina haciendo suyas frases, tópicos, como “Adeu Espanya”, “ España nos roba”, y otras muchas, auto convenciéndose de que su particular “nación” se extiende a territorios que superan el propio de la actual Comunidad Autónoma, no teniendo pudor alguno, en su desenfreno intelectual, para defender que la “nación catalana” no está formada, sólo,  por las cuatro provincias tradicionales, sino que se extiende a los territorios de lengua y cultura tradicionalmente catalanas, esto es, la mayor parte de la Comunidad Valenciana, las Islas Baleares, la franja de Aragón y el Rosellón francés, denominado Cataluña Norte, la vez que la ciudad de Alguer en Italia y Andorra. Este conjunto de territorios recibe la denominación de Países Catalanes (Països Catalans). 

Solo lo que se prepara con antelación tiene éxito

Y ahora viene el problema, pues como decía Confucio “Sólo lo que se prepara con antelación tiene éxito, lo que no, fracasa”. Y los independentistas catalanes ya nos llevan mucha delantera  en todas sus actuaciones, en la desinformación al pueblo catalán, en la falsedad de que “España nos roba”; en el error intencionado de  vender que se incrementará la riqueza y la renta de los catalanes;  en la enumeración de unos supuestos agravios fruto del retorcimiento más desmedido de los argumentos al servicio de la sinrazón; de que la UE les acogerá como al “hijo pródigo” colmándoles de agasajos; de que de Cataluña no saldrá ninguna empresa, sino que vendrán muchas atraídas por la magia de la nueva nación; de que los jubilados cobraran sus pensiones con menos dificultades si se “desenganchan” de la indeseada España; de que no habrá corrupción, etc., etc. 

Y mientras tanto el Gobierno Español ni reacciona ni se espera, por su inacción, que reaccione ¿Qué hace para controvertir las afirmaciones independentistas? ¿No procedería ya  aplicar  la Constitución ó propiciar un acuerdo posible para las dos partes en el tema de la financiación en evitación de males mayores? Cataluña necesita a España y España  a Cataluña. Lo que no puede permitirse un Gobierno  es no hacer  “res de res”, “nada de nada”, “rien de rien”,  “nothing at all”. Como si el tiempo fuera a curar este maligno cáncer sin ninguna actuación. Rajoy, “el hombre impasible” parece estar apostando todo a que la loca iniciativa de Mas se desarme por sí sola. A que la incipiente salida de la recesión, que no de la crisis, haga recuperar a una gran parte de la población el tradicional “seny catalán” y que en un nuevo escenario de recuperación, los sentimientos independentistas vayan amortiguando su eco en la calle desactivando la estrategia del President y sus socios de gobierno. Grave error,  pues repito, sólo lo que se prepara con suficiente antelación tiene éxito.

El Gobierno que preside Mariano Rajoy  será responsable ante la sociedad y la historia de no haber sabido atajar a tiempo esa espiral independentista, de no frenar la continua desinformación que desde el Palacio de Sant Jaume se genera a diario con destino a una sociedad en la que se confunden muy diferentes sensibilidades. La de aquellos que desde la tragedia de su desesperanza por vivir instalados desde hace años en el desempleo, la de los que han sido educados en el odio y el resentimiento hacia todo aquello que se aleje del “adoctrinamiento” oficial y hacen suyas las consignas y proclamas de los mediocres políticos que tratan de ocultar sus responsabilidades por el caos al que están llevando la Administración y las finanzas de Cataluña con la exaltación de sueños imposibles.  Por todo ello, hemos de exigir con firmeza al Gobierno que reaccione, que se mueva, que asuma sus responsabilidades y que no se vuelvan a repetir aquellas históricas palabras: “no llores como mujer lo que no supiste defender como hombre.


Comentar | Comentarios 0

Tienes que estar registrado para poder escribir comentarios.

Puedes registrarte gratis aquí.

  • Comentarios…

Más comentarios

  • Mejores comentarios…
Volver arriba