Europa, parque temático

Bajarse del machito

Muchas cosas han cambiado en nuestro país a lo largo del último medio siglo. Algunas para bien y otras para no tanto. Sin embargo, lo que no ha cambiado en todo este tiempo es la voluntad de perpetuarse en el "negocio" de nuestros políticos: el no querer “bajarse del machito.” Ningún político quiere dejar de serlo porque ha encontrado en la política su profesión y modus vivendi. Lejos quedan los nobles principios de la vocación de servicio a la sociedad, a tu país o a la nación. Lamentablemente hoy siguen siendo más los que hacen de la política su profesión, que los que realmente son verdaderos profesionales de la misma convencidos de la importancia de prestar un servicio a la comunidad.

La eterna mala fama de los políticos

Contaba Josep Pla que, en cierta ocasión, el Conde de Romanones, destacado político de principios del siglo pasado, Ministro varias veces y Diputado a Cortes durante muchos años, viajando con su chofer de Madrid a Segovia, en auto (entonces no había coches, sólo “automóviles”, me imagino en algún mítico “Ford T” o un “Hispano Suiza”), se quedó sin gasolina, a mitad de camino, en plena carretera, o quizá mejor expresado, camino empedrado. El Conde, contrariado, se bajó del auto, y dirigiéndose a un pastor que cuidaba sus ovejas al lado de la carretera, le preguntó que si, pagando lo que fuera, le haría el favor de acercarse al pueblo más cercano y traer un par de latas de gasolina. El pastor, que, naturalmente, no sabía con quién estaba hablando, le contestó que él no podía ir, pero que un compañero suyo que estaba en el campo de al lado segando hierba seguro quw podría hacerlo. El Conde le dijo que, de acuerdo, que le avisara y el pastor empezó a llamar a su colega, gritando: ¡Romanones!, ¡Romanones!. Es fácil imaginar la cara del Conde que, asombrado y con los ojos abiertos como platos, le espetó: ¿Por qué le llama Romanones?, a lo que el pastor, ajeno a la identidad de su interlocutor, le respondió con plena convicción: ¿Qué por qué le llamo Romanones?... pues porque es un “hijo de puta”.

El tiempo ha consolidado el triunfo de los 

“profesionales de la política” que acceden a ella por “amiguismo”, por fidelidad a tal partido o “enchufismo”.

He querido reproducir esta anécdota, verídica, del Conde de Romanones porque pienso ilustra, de un modo muy expresivo, la mala fama de los políticos en todo tiempo y lugar. Es difícil que en cualquier tertulia o cenáculo de amigos, alguien no descalifique a algún político. No voy a entrar a juzgar estas actitudes, ni lo objetivas o subjetivas e injustas que puedan ser. Es cierto que, en demasiadas ocasiones, los políticos, los que ocupan alguna parcela de poder, han podido ser justos merecedores de críticas y condenas por haberse alejado de sus responsabilidades utilizando el cargo en beneficio propio o en el de sus allegados. Muy lamentablemente, esto sigue sucediendo en la actualidad. El paso del tiempo no ha hecho más que consolidar el triunfo de los “profesionales de la política” que acceden a ella por “amiguismo”, por fidelidad a las cerradas estructuras de los partidos, “enchufismo” o cualesquiera otras muchas razones distintas de la sincera vocación de servicio que es encarnada por los “políticos profesionales”, aquellos que creen, honestamente, en la misión encomendada y el servicio a la sociedad. Hoy seguimos observando cómo gente mediocre sin una elemental y exigible formación se “encarama” a puestos de enorme responsabilidad sin haber tenido jamás experiencia alguna en funciones, más o menos, similares. “Profesionales de la política” que no han percibido una nómina en su vida y que llevan instalados en el cargo, y en coche oficial, desde hace décadas. Estos sólo persiguen mantenerse en el “machito”, importándoles, poco, o nada, lo que sucede en la sociedad a la que se supone han de servir.

Sobran políticos desconocidos e inactvos

España es, probablemente, “con la que está cayendo”, el primer país de Europa en número de políticos que perciben una retribución de las Administraciones del Estado. Se estima en 400.000 el número de personas que cobran del erario público por su condición de concejal, alcalde, consejero, diputado, senador, miembro del gobierno, etc. No resulta fácil que los ciudadanos acepten de buen grado los recortes y ajustes que se les exigen cuando son conscientes del despilfarro de los políticos y las Administraciones Públicas. No parece razonable plantearles esfuerzos en sus pensiones y períodos de cotización de 35 años cuando a cualquier desconocido e inactivo diputado le basta con 7 años de legislatura para acceder a la pensión máxima.

Obviamente no se puede generalizar y a lo largo de nuestra historia hemos conocido muy importantes políticos que han desarrollado sus responsabilidades con sabiduría y honestidad. Ejecutando reformas y promoviendo cambios que han transformado muy profundamente España. Si hoy tenemos democracia es porque, primero, hubo pensadores capaces de imaginar una sociedad en la que todos tuvieran los mismos derechos y pudieran vivir en libertad; y, después, políticos que se empeñaron en que ese modelo de sociedad fuera una realidad.

Sin embargo, en el momento actual, la “clase política” representa una de las principales preocupaciones, la tercera, de los españoles, tras el paro y la situación económica. Ese radical divorcio entre la sociedad y sus políticos se ha ido acentuando a lo largo de las dos últimas décadas y ha de hacernos pensar en el por qué de esa percepción que el ciudadano común tiene de ella. Achacaba Ortega, en su “España invertebrada”, la decadencia de España a la falta de una clase política fuerte y legitimada para articular el proyecto nacional. Pío Baroja al describir las 7 clases de españoles, definía la séptima como aquellos “que viven gracias a que los demás no saben. Éstos últimos se llaman a sí mismos políticos y a veces hasta intelectuales”

Otra forma de servir en política

Con independencia de todo lo anterior, y queriendo evitar, intencionadamente, el debate sobre políticos sí o políticos, no, quisiera aprovechar la oportunidad del tema para rechazar, y desmentir desde mi propia percepción, la opinión, muy extendida, de los que piensan que personas de éxito en la empresa privada y en la sociedad civil nunca renunciarían y abandonarían los proyectos en los que han triunfado para dedicarse a la política como arte de “Buen Gobernar”. No es cierto ello.

 Los partidos, en España, desconfían de “advenedizos y recién llegados”.

A pesar, en muchas de las ocasiones, de la resistencia de la clase política “profesional”, hay mucha gente honrada y muy válida, que con notables antecedentes de éxito en su etapa empresarial, estaría dispuesta a devolver a la sociedad parte de lo que de ella han recibido. Incluso participando activamente en la vida pública y en el ejercicio de la política sin remuneración alguna: “gratis et amore”. Aflora, entonces, el celo, y el recelo, cuando alguien de reconocida valía y con capacidad de aportar experiencia y conocimiento, se ofrece a trabajar y a colaborar sin ningún tipo de contraprestación, sino sólo por contribuir a una sociedad mejor, más justa y menos corrupta. Los partidos, en España, desconfían de los “advenedizos y recién llegados”. Tenemos múltiples experiencias, más o menos recientes, en nuestro país de claros ejemplos de profesionales de éxito y solvencia cuyo paso por la política de partido ha sido efímero y decepcionante. La endogamia de los partidos, autodotados de rancias y cerradas estructuras, evidencia una notable falta de actitud integradora. Se evita, con esa resistencia, la cercanía del ciudadano a los políticos, acrecentándose la desconexión con la sociedad y la pérdida de confianza en ellos. Tales actitudes terminan favoreciendo la aparición de líderes populistas alejados de la ortodoxia tradicional de los grandes partidos, que pueden desestabilizar, aún más, el panorama político español. Baste señalar como ejemplo de ello, el muy actual caso del Alcalde de Marinaleda cuyas extravagancias y actitudes serían inconcebibles en otras democracias europeas.

No olviden: luchemos todos contra la corrupción.

Como manifestó el político e intelectual mejicano Luis Donaldo Colosio, asesinado en 1994 en plena campaña electoral a la presidencia de su país: ¡Es la hora de cerrarle el paso alinfluyentismo, a la corrupción y a la impunidad!".


Comentar | Comentarios 0

Tienes que estar registrado para poder escribir comentarios.

Puedes registrarte gratis aquí.

  • Comentarios…

Más comentarios

  • Mejores comentarios…
Volver arriba