Europa, parque temático

Autocomplacencia y dura realidad

Elena Salgado, vicepresidenta económica del gobierno de José Luís Rodríguez Zapatero, pasará a la historia de la crisis que azota a nuestro país desde el verano de 2008 por su famosa e inocente expresión de los brotes verdes para explicar, en aquel momento en que la pronunció, que algo podía estar cambiando para bien en la difícil situación que atravesaba nuestra economía. Hoy todavía, mucho tiempo después, todos hacen uso de tal expresión para agarrarse, con injustificado voluntarismo, a la vana esperanza de que de tanto repetirlo termine siendo una pronta realidad.

De Guindos para aportar algo de originalidad lo llamó “flores de invernadero”. Es verdad que en lo que va de año hemos avanzado en la buena dirección y puede ser que la crisis empiece a remitir, pero no es menos cierto que todavía hay que seguir arando y desempedrando. En nuestro particular horizonte se siguen vislumbrando serios nubarrones que sería irresponsable despreciar por abandonarnos a cierto cortoplacismo. No deberíamos caer en la debilidad de anunciar a bombo y platillo la aparición de determinados brotes verdes, tan incipientes como frágiles. Es razonable, estando tan necesitados de buenas noticias, que no se pueda controlar la euforia tras la constatación del buen comportamiento de algunos indicadores que nos han venido acompañando durante la larga travesía de la crisis desde sus primeros momentos. Pero es de necesaria prudencia no echar las campanas al vuelo.

Es comprensible ponderar en sus justos términos el buen comportamiento de las últimas semanas de la tan denostada prima de riesgo, la salud de nuestra balanza comercial, el comportamiento del turismo o la estabilidad, muy estacional, probablemente, del número de cotizantes a la Seguridad Social. Todo ello, sin desatada euforia, es bueno y, sobre todo, nos indica el camino que se ha de continuar para que esos brotes no se queden en un frustrante espejismo. Hay que avanzar haciendo las reformas que necesitamos y llevando a feliz término las que hemos empezado. El caer en la autocomplacencia de entender que España ya ha salido de la crisis es muy peligroso para nuestro futuro.

Hemos de continuar haciendo nuestros deberes, y además sin detenernos a recrearnos en lo coyuntural, porque sólo lo que se prepara con suficiente antelación tiene éxito. No olvidemos que una cosa es salir de la recesión y otra bien distinta superar la crisis económica que tanto nos ha castigado durante el último quinquenio. El nivel de consumo interno de nuestra economía se encuentra en cifras de hace alrededor de 20 años. Las matriculaciones de vehículos se sitúan en parámetros de hace dos décadas. El PIB ha descendido un 6% en los últimos seis años. O somos conscientes de que es necesario profundizar en las causas que provocaron la crisis y, en consecuencia, capaces de adoptar cuantas reformas estructurales sean necesarias, o la salida de la recesión será meramente circunstancial.

En estos últimos días hemos conocido que la deuda públicaespañola ha superado ligeramente el 92%, que la reducción de la cifra de paro precisará de un largo período de crecimiento económico para situarse en tasas aceptables para la quinta potencia europea. Por otra parte, se ha de abordar con determinación el serio, y grave, problema demográfico de la sociedad española. Al cierre del mes de julio, el déficit publico alcanzó el 5.27% frente al objetivo anual del 6.5% restando, todavía,  cinco meses para la finalización del presente ejercicio.

Todo ello exige perseverar en las reformas pendientes y muy especialmente en la de la Administración del Estado y la financiación de las Comunidades Autónomas. No olvidemos que dicha reforma es necesaria tanto por lo que desde el punto de vista presupuestario representa como por la urgente necesidad de taponar la sangría que provoca la inestabilidad política y social en determinadas regiones españolas.

La ficción de la época estival puede hacernos creer que el tiempo todo lo resuelve, pero la realidad es bien distinta y el haber encerrado en los armarios determinados cadáveres no es la solución. Un erial no se transforma en pradera por el sólo trascurso del tiempo.

Tampoco se ha hecho llegar el crédito a las medianas y pequeñas empresas, verdadero tejido industrial de nuestro país y creadoras de empleo. Ni evitado que el pasivo que se capta por diversas formas, incluso públicas, se dedique única y exclusivamente a actividades no productivas. Debemos, también, continuar incidiendo en la reforma de las pensiones, la financiera y en la mejora de la legislación laboral.

Por último, no podemos abstraernos de que nuestra economía es extraordinariamente dependiente de las economías de nuestros vecinos y socios y que, lamentablemente, cada vez tenemos un papel menos importante en el concierto internacional, por lo que todo aquello que hagamos en casa sin esperar a que nos lo exijan quienes verdaderamente mandan, el FMI, la troika, el Banco Central Europeo, los ‘hombres de negro’ o la misma Angela Merkel, contribuirá a que la percepción con la que nos ven y analizan sea más llevadera.

Al tiempo de cerrar estas líneas, los sondeos dan una victoria histórica a la correosa canciller alemana. Confiemos en que su apuesta por la estabilidad europea sea una realidad a corto plazo y ello posibilite ahondar en determinadas reformas urgentes para el viejo continente, entre otras la tantas veces reclamada desde esta tribuna de la unión bancaria.

Finalmente, si la autocomplacencia es el cáncer del éxito, la corrupción que nos está invadiendo es todavía peor y ha alcanzado tales niveles que exigen, no sólo una Ley de Transparencia, sino medidas mucho más profundas y ejemplarizantes.


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