Cataluña El Rey no consigue aplacar la crispación que se apodera de la sociedad catalana

Cataluña se había echado a la calle de forma masiva para protestar por las cargas policiales del domingo. Las palabras del monarca no consiguieron apaciguar un clima de tensión social cada vez más elevado. 

Jóvenes independentistas siguen el mensaje del Rey desde un bar de Barcelona.
Jóvenes independentistas siguen el mensaje del Rey desde un bar de Barcelona. D.M / VP

El discurso del rey Felipe VI cerró una jornada de huelga y de protestas masivas en las calles de Cataluña contra la intervención de la Policía Nacional y la Guardia Civil el pasado domingo para impedir la consulta ilegal del 1-O. La falta de una alusión expresa al diálogo y la nula referencia a lo que muchos consideran como una "agresión" por parte del Gobierno de Mariano Rajoy no dejó indiferente a nadie. 

En el bar El Picadero -uno de los pocos que ofreció "servicios mínimos" durante los paros- apenas había cuatro mesas ocupadas y un par de parroquianos en la barra a falta de cinco minutos para que el monarca pronunciara el primer discurso extraordinario de su reinado. 

Poco a poco se fue llenando. Los presentes tomaban posiciones frente al televisor después de que un joven reclamase con ahínco al camarero que subiera el volumen. Tres grupos de jóvenes independentistas que provenían de la cercana Plaza de Cataluña entraron pegando gritos sin percatarse de que el mensaje del monarca estaba a punto de comenzar.

Enmudecieron ante el silencio sepulcral que se apoderó del establecimiento cuando el escudo de la Casa Real apareció en la pantalla. Había mucha expectación por escuchar al Jefe del Estado en plena escalada de tensión en las calles y con la proclamación unilateral de la independencia a la vuelta de la esquina. 

César, un manchego fiel seguidor de Oriol Junqueras (ERC) que ha pasado media vida en Cataluña, se atrevía a abuchear de vez en cuando las tajantes afirmaciones del Rey en las que apuntaba sin complejos a los separatistas que "han quebrantado los principios democráticos del Estado de derecho y han socavando la armonía y la convivencia de la sociedad catalana".

"¡No ha dicho nada de las agresiones!", fue el primer comentario espontáneo que se escuchó cuando el monarca terminó sus palabras. Instantes después, todo el mundo compartió su reflexión personal con el de al lado. Daba igual la llamada al entendimiento y al mantenimiento del orden constitucional

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. EFE

Las frases pronunciadas por quien simboliza de la unidad de España no fueron bien recibidas por unos jóvenes que se habían levantado durante horas en la calle de forma mayoritariamente pacífica contra un Gobierno al que perciben como un agente opresor.

El reproche hacia el monarca era unánime ante la ausencia, decían, de "una mínima disculpa" por la actuación de la Policía el domingo en el desalojo de los colegios electorales. Según datos de la Generalitat, se saldó con casi 900 atendidos por los servicios sanitarios de emergencia. "Queríamos escuchar lo que decía, pero es el mismo discurso que el del PP", sentenciaba un estudiante de 24 años, secundado por sus amigos. 

La acción del Gobierno y la narrativa desplegada por el Ejecutivo de Puigdemont ha introducido a los jóvenes y mayores catalanes en un bucle que les hace ver el diálogo como una utopía lejana. "Haría falta casi un milagro para reconducir la situación", reconocen algunos. "Es para echarse a llorar", aseguran otros, contrarios a la independencia. El clima de rabia ha degenerado tanto en las últimas 72 horas que muchos sólo pueden sentir inquietud ante lo que está a punto de llegar. 


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