Educación De los 'profes' voluntarios al cese en los cargos: la vorágine secesionista llega a la comunidad educativa

Tan solo un día después del inicio del nuevo curso escolar en Cataluña, Puigdemont ha decidido cesar al presidente del consorcio de Educación de Barcelona en plena búsqueda de locales en la capital catalana para que sean puntos de votación en el referéndum del 1 de octubre. Y ya tiene sustituta.

Carles Puigdemont posa con la nueva consellera de Educación, Clara Ponsatí, y el conseller de Empresa, Santi Vila.
Carles Puigdemont posa con la nueva consellera de Educación, Clara Ponsatí, y el conseller de Empresa, Santi Vila. EFE

La Generalitat ya se ha cobrado su primera víctima en la comunidad educativa. Tan solo un día después del inicio del nuevo curso escolar en Cataluña, Puigdemont ha decidido cesar al presidente del consorcio de Educación de Barcelona, Lluís Baulenas, en plena búsqueda de locales en la capital catalana para que sean puntos de votación en el referéndum del 1 de octubre. Y ya tiene sustituta. Según publica este miércoles el Diari Oficial de la Generalitat (Dogc), será la propia consejera catalana de Enseñanza, Clara Ponsatí, - precisamente nombrada en julio por su firme compromiso con el referéndum- quien se encargue de reemplazarle.

Este cambio no ha hecho más que aumentar la incertidumbre entre los directivos y docentes de los colegios catalanes que han comenzado a dar clases este martes en medio de la vorágine secesionista y faltos de información sobre las consecuencias que tendrá colaborar con el desafío independentista. Una de las vías para que los barceloneses puedan votar es que la Generalitat use edificios de su titularidad y, entre estos, destacan los centros educativos públicos gestionados por el consorcio de Educación de Barcelona.

Repercusiones ante el 1-O

"El Consorcio supone casi la mitad de los centros de la capital y este cese da mucho que hablar. Que no hayan encontrado a nadie para que asuma ese desafío y tengan que poner a la propia consejera... Hace de presidenta y de barrendero, es decir, que solo se fían de ellos mismos porque ni siquiera saben lo que va a pasar", opinan fuentes del sindicato AMES desde Cataluña.

La consejera Clara Ponsatí firma su propio nombramiento
La consejera Clara Ponsatí firma su propio nombramiento Dogc

"Hay mucho miedo, nadie sabe qué repercusiones puede tener en sus puestos de trabajo abrir los centros el 1 de octubre. De hecho, muchos directores y docentes están esperando que las órdenes se les den por escrito desde los servicios territoriales porque son funcionarios y tienen que cumplir con su obligación. Cuando Artur Mas fue a juicio, habló de profesores voluntarios, así que piensan que no les protegió, ¡poco más que había sido iniciativa suya!", reconocen.

División de opiniones

Una profesora de un barrio céntrico de Barcelona, vinculada a AMES y que prefiere mantenerse en el anonimato, explica a este diario que, en general, siempre se habla de forma velada y con frases de doble sentido: "Bueno, ya veremos qué pasa, nadie sabe cómo puede acabar esto, no sabemos si por las circunstancias políticas el curso próximo habrá exámenes de preuniversitario o no…". "En mi centro escolar no se han mostrado proclives a posturas extremas ni hay signos externos a favor de la independencia, al menos de momento. Los profesores que no somos afines a esta causa, lo hacemos en privado y siempre alejados del grupo general", revela.

Quienes se declaran a favor de la independencia no van a tener ningún problema. En cambio, quienes no lo hacemos, somos 'fachas'", revela una docente

En general, continúa, los profesores somos libres de explicar lo que queramos, pero quienes se declaran a favor de la independencia no van a tener ningún problema. En cambio, quienes no lo hacemos, somos "fachas". Es el mundo al revés y si el director o la directora informa a Inspección, te pueden buscar problemas administrativos", afirma. Y añade que su director, al igual que muchos otros, no ha comentado nada sobre si abre el centro o no. "Cuando se realizó la consulta anterior, se pidieron voluntarios en un claustro para asistir y colaborar con la dirección en la consulta que se iba a realizar el domingo. Eso sí, esto no podía constar en acta y los profesores interesados tenían que pasar por el despacho para hablar", recuerda.

En mi instituto no hay ningún tipo de símbolos ninguna parte. Tampoco hay ningún tipo de tensiones porque la gente sabe respetarse", dice otra profesora

Una opinión distinta es la que tiene otra profesora que también imparte clase en Barcelona: "El 9-N fueron los profesores más comprometidos los que pidieron contactar con la dirección para ofrecerse". "En nuestro centro no se han dado consignas, en ninguno de los dos sentidos. Supongo que el tema del independentismo puede surgir entre los alumnos más mayores en clase de Historia Contemporánea", considera. Según explica, en su instituto la escalada de tensión política entre secesionistas y unionistas se vive y se comenta con absoluta normalidad. "No hay ningún tipo de símbolos ninguna parte. Tampoco hay ningún tipo de tensiones porque la gente sabe respetarse", concluye.

¿Política en las aulas?

Desde el sindicato Anpe Cataluña, explican que "el tema de la secesión es un tema complejo y entre los docentes, al igual que en el resto de la sociedad catalana, impera la división de opiniones al respecto". Sin embargo, aseguran que en el aula, los docentes, como buenos profesionales, siguen como siempre con su tarea escolar: enseñar y fortalecer los valores de la convivencia y el respeto.

Pese a que algunos docentes han reconocido su nerviosismo a este diario, en Anpe consideran que "la escalada de tensión entre unos y otros [secesionistas y unionistas] se ciñe al mundo de la política. En las aulas no se hace política e intentamos mantenernos al margen. Nuestra labor no es ésa", dicen.

En el caso del referéndum, si se tuviera que abrir algún centro para la votación, es la Administración la que se tendrá que poner de acuerdo con las direcciones, como ocurrió en el 9N y que contó con la colaboración de docentes voluntarios"

Con respecto a si existe alguna normativa a seguir por los centros educativos para explicar el referéndum, Anpe señala que no hay ninguna pauta: "Efectivamente, desde la libertad de cátedra, cada profesor puede expresar lo que crea, siempre desde el respeto y la tolerancia".

Y agregan que las cuestiones de la apertura o no de los centros, como muchas otras, no se consultan al profesorado. "En el caso del referéndum, si se tuviera que abrir algún centro para la votación, es la Administración la que se tendrá que poner de acuerdo con las direcciones, como ocurrió en el 9N y que contó con la colaboración de docentes voluntarios. Parece ser que ésta vez, serán los ayuntamientos, los que han manifestado su intención de colaborar, los que ofrecerán locales municipales", señalan.

El rol del Consorcio

Sin embargo, el primer cese educativo ya ha llegado. Barcelona es la ciudad más poblada de Cataluña y uno de los municipios en los que a día de hoy no se puede garantizar que el 1-O habrá los mismos puntos de votación que en las últimas autonómicas.

El Gobierno catalán ha instado al Ayuntamiento a ceder sus locales para ello, pero la alcaldesa, Ada Colau (BComú), ha pedido garantías para no poner en riesgo a los funcionarios ni a la institución, por lo que una forma para llevar a cabo su cometido es que la Generalitat use edificios de su titularidad sin obligar al Ayuntamiento a ceder los suyos.

Los centros educativos públicos de Infantil, Primaria, ESO y postobligatoria, gestionados por el consorcio de Educación de Barcelona -participado en un 60% por la Generalitat y en un 40% por el Ayuntamiento- suponen una alternativa de cara a la consulta. Con su máximo representante cesado y sustituido por Ponsatí, la apertura de institutos gestionados por el consorcio es más viable.


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