ENTREVISTA CON EL LÍDER DE CCOO Ignacio Fernández Toxo: "Los únicos que pueden interpelarme son los militantes de CCOO"

A pesar de los errores, Toxo no se arrepiente de nada: ni de haber convocado a una huelga general en 2009 contra un gobierno socialista ni de seguir al frente de una organización que acaba de elegirlo nuevamente. Niega sentirse interpelado por la marcha de Cándido Méndez de UGT y da por hecho que Podemos no está organizando fuerzas sindicales.

Ignacio Fernández Toxo tiene 64 años, de los cuales casi cuarenta los ha dedicado a la reivindicación sindical. Comenzó a los 19, cuando trabajaba como aprendiz en un astillero militar en Ferrol, lugar donde nació, militó y hasta cayó preso. Entonces también militaba en la Liga Comunista. Corría el año 1972. Ni los sindicatos ni el PCE eran legales. Hoy, décadas después, Toxo es el Secretario General del sindicato Comisiones Obreras (CCOO), un cargo que ocupa desde 2008. Él fue una de las caras visibles junto a Cándido Méndez de los trabajadores españoles, duramente golpeados por una crisis cuya naturaleza, y las medidas puestas en marcha para pararla, contribuyeron no sólo para llegar a cinco millones de parados, sino el empobrecimiento general de aquellos que consiguieron conservar su puesto.

Toxo niega sentirse interpelado por la marcha de Cándido Méndez de UGT y da por hecho que Podemos ni está organizando fuerza sindicales

A pesar de los errores, Toxo no se arrepiente de nada: ni de haber convocado a una huelga general en 2009 contra un gobierno socialista ni de seguir al frente de una organización que acaba de elegirlo nuevamente. Niega sentirse interpelado por la marcha de Cándido Méndez de UGT y da por hecho que Podemos no está organizando fuerzas sindicales y aun haciéndolo, no serían capaces de comer un terreno que han abonado ellos primero.

Sentado en su despacho, dueño de una voz a veces distante que va relajándose de a poco -pero nunca sin bajar la guardia-, Toxo rechaza cualquier caso de corrupción que salpique a los líderes sindicales. Eso no le impide ver con suspicacia el interés que tienen algunos en asociar a los líderes en asuntos como el fraude de los ERE. Es una forma, asegura, de desincentivar la afiliación y atomizar las fuerzas que hacen contrapeso. No ve con buenos ojos un pacto entre PP y PSOE. Para Toxo, "el único gobierno posible sería uno de centro izquierda que logre acuerdos en las reformas laborales".

Que los líderes sindicales no trabajan no es más que un tópico, puesto a rodar con la intención de restar legitimidad de las organizaciones sindicales, dice. Esa puede ser una percepción de la sociedad exacerbada por los medios, pero no de la clase trabajadora. "Si eso fuera cierto, difícilmente mi sindicato hubiese ganado las elecciones con el respaldo que ha obtenido en las empresas", asegura. Lo dice sin prepotencia alguna. Casi con la misma naturalidad de quien asume no arrepentirse. Pero exactamente de qué... En esta conversación con Vozpópuli, un repaso por los últimos ocho años arroja luces de una versión con la que muchos estarían en desacuerdo. Erosionado pero no derribado. Así está el poder sindical según el secretario general de una organización con más de 1,2 millones de afiliados.

No ve con buenos ojos un pacto entre PP y PSOE. Para Toxo, "el único gobierno posible sería uno de centro izquierda que logre acuerdos en las reformas laborales"

-¿Cómo acusan los sindicatos el proceso de descrédito que han sufrido los partidos tradicionales? ¿Acaso Podemos puede desplazarlos sindicalmente?

-En España la sindicación es libre, hay pluralidad. Acabamos de salir de un proceso electoral, que ha pasado desapercibido en el contexto social, pero que se ha llevado a cabo en muchas empresas, que es donde se asientan las raíces del sindicalismo. Tras una concurrencia importantísima, CCOO ha revalidado por sexta vez consecutiva su posición dominante en el sindicalismo español. Ahora se abre un periodo de gestión de ese resultado. No ha irrumpido una nueva fuerza, sino que se consolidan las que ya estaban. A mí no me consta que Podemos esté impulsando un sindicato. Y algo sé de esto.

-¿Se siente interpelado por el paso atrás de Cándido Méndez?

-Las organizaciones tienen sus ritmos y a mí quien me puede interpelar es la militancia de CCOO. Tenemos un congreso en junio del año 2017, cuando se cumplen los cuatro años del mandato actual. La vida tiene sus ciclos y los sindicatos tienen los suyos propios. Cándido llevaba 22 años al frente de UGT yo llevo siete. Cuando llegue el momento, libremente y con la gente de los sindicatos, tomaremos las decisiones que corresponda. Los únicos que pueden interpelarme son los militantes de CCOO.

-¿Qué autocrítica hace su organización? ¿En qué han acertado y en qué equivocado?

-Si supiese exactamente en lo que nos hemos equivocado ya lo habríamos corregido. El sindicalismo español, en concreto CCOO y UGT, ha operado en condiciones muy duras: con una crisis de una profundidad tremenda en sus efectos macroeconómicos  así como en las consecuencias que ha tenido en la gente la gestión del poder político, presidida por la idea de la austeridad a ultranza. Hemos hecho, sinceramente, lo que creíamos conveniente en cada momento. No hemos dejado de hacer propuestas. En 2009 cuando la economía caía al 5% hablamos de un pacto de Estado. Aquello fue desechado por Zapatero en la segunda legislatura de su gobierno y después por el PP, al que volvimos a reiterar la idea del pacto. 

"Los únicos que pueden interpelarme son los militantes de CCOO", dice el líder sindical

-¿Qué fue peor: un gobierno como el socialista que recortó después de abrir el grifo? ¿O el PP?

-El primero optó por unos terribles ajustes inspirados en la UE y exigidos por el Banco Central Europeo. Eso nos colocó en una posición tan complicada que nos llevó a convocar una huelga general al gobierno socialista. No me arrepiento de haberlo hecho. Se hizo una primera reforma laboral que ya apuntaba maneras de lo que haría la reforma del PP, que bebía de esas fuentes de la primera. Sin embargo, al gobierno de Zapatero le ofrecimos una negociación del sistema de las pensiones que fue de una importancia tremenda. Aquel pacto mucha gente lo criticó e incluso erosionó el papel del sindicalismo.

-¿Por qué?

-Porque en un momento de crisis algunos pedían una posición más beligerante. Nosotros queríamos salvar nuestro sistema de pensiones. Cuando llegó el gobierno de Rajoy quisimos reanudar la negociación. Hicimos un acuerdo en enero con las organizaciones empresariales y la respuesta del gobierno de Rajoy fue una reforma laboral brutal, además de los intentos de deslegitimación de los sindicatos, algo que ha calado en sectores amplios de la sociedad española. ¿Habría lo mismo exactamente como las hicimos? Probablemente habríamos corregido algunas cosas pero yo no tengo la sensación de que el movimiento sindical español haya dejado de hacer cosas. Lo que siento es que la buena disposición del sindicato español no fuese seguida por el poder económico y político.

-¿Cómo piensan recuperar la confianza de los ciudadanos?

- Esto es muy recurrente y en los medios están  constantes las críticas y reproches al movimiento sindical. La visión que tienen los trabajadores no es la misma que el conjunto de la sociedad. De ser así, difícilmente mi sindicato hubiese ganado las elecciones con el respaldo que ha obtenido en las empresas. Si tuvieran una visión tan negativa como las que a veces se publicita no irían a votar o no votarían a las organizaciones que. Sé que en la sociedad se ha generado una idea, en mi opinión distorsionada, del papel de las organizaciones. A veces se nos mira como partidos políticos.

"En la sociedad se ha generado una idea, en mi opinión distorsionada, del papel de las organizaciones. A veces se nos mira como partidos políticos"

-Porque justamente son actores políticos

-Sí, claro. Todo es política. Yo no me creo esto de que no hay que politizar las cosas. El sindicato es un actor político y en el caso e CCOO con la intención de ser independientes, sin referencias partidistas, con autonomía para elaborar nuestras propias propuestas y trasladarla sin intermediarios.

-Pero no me negará que estáis expuesto al juicio de los ciudadanos, como el bipartidismo, ciertas empresas y hasta la monarquía

-En la crisis se ha generado una situación que la sociedad española debe intentar superar y nosotros también. A la crisis económica se ha sumado una crisis política e institucional. Al sindicato se le incluye en ese proceso y evidentemente, sufrimos la erosión que sufren muchas de las instituciones del país. Pero también hay que decir que nosotros hemos hecho un trabajo ímprobo para intentar superar esa visión de la sociedad. Estamos trabajando con ejercicios de transparencia, códigos éticos, el establecimiento de incompatibilidades más fuertes entre la dirección y la pertenencia al sindicato y otro tipo de actividades… Tenemos que reinterpretar el papel de los sindicatos de cara a los cambios que se han producido en la sociedad española así como en la disposición de la clase obrera de nuestro país.

-¿Pero cuál exactamente? En una precariedad laboral como la actual, ¿qué clase de trabajador se afilia?

-En España la mayoría del empleo es sobre todo para los jóvenes, que se incorporan al mercado laboral mucho más tarde que otras generaciones o se ven obligados a marcharse fuera, y  las mujeres. Tanto uno como otro tiene dos características muy acusadas. El nomadismo, gente que rota del empleo al desempleo de un sector a otro, y la precariedad en las condiciones de contratación a partir de la Reforma de 2012 y de las siguientes que a modo de goteo ha realizado el PP. El sindicato tiene que interpretar la situación de millones de trabajadores y trabajadoras que tienen un empleo pero siguen siendo pobres. La mujer es la más perjudicada en las contrataciones con el formato a tiempo parcial. El 80% de los contratos a tiempos parcial nuevos es ocupado por mujeres. Un empleo que no da para un salario y que cuando tienes la fortuna de encontrar dos puedes conseguir un medio salario. Se ha generalizado la pobreza laboral femenina y por tanto el sindicato tiene que buscar la manera de combatir esa situación. En esa línea estamos.

"El 80% de los contratos a tiempos parcial nuevos es ocupado por mujeres"

-¿Cómo se afronta los casos de corrupción vinculado con los sindicatos?

-Tomando decisiones rápidas. En CCOO no hay nadie que haya tenido vínculos con las 'tarjetas Black'. Eran seis personas y somos una organización de casi un millón. El sindicato es incompatible con cualquier forma de corrupción. Sencillamente no cabe, entre otras cosas porque te deslegitimas de cara a la gente que representas. Sobre los ERE sacamos un informe elaborado con mucho rigor en relación con lo que había hecho el sindicato en la materia. Todo sea dicho, en una instrucción tan larga se distorsionan las cosas. Se instala en  el imaginario colectivo la idea de que hay un inmenso fraude y que todos han participado de la misma manera. Y no es así.

-¿Cómo es entonces?

-Nuestra organización no ha participado de ninguna operación delictiva y esto se pondrá de manifiesto cuando terminen los procedimientos judiciales. Detrás de los ERE, creo, hay también otro interés: expulsar a los sindicatos de la gestión de los procesos de negociación. Hay sectores a los que le gustaría que cada trabajador se buscara la vida por su cuenta, por eso desanima la afiliación tratando de desacreditar a los sindicatos. Eso no justifica la apropiación  para usos personales o sindicales de ningún recurso de los ERE, más aun en el caso de que son fondos públicos.

-La gente tiene la idea de que los sindicalistas no trabajan. ¿Qué hay de cierto en eso?

-Eso es un mito. Hay que tratar de evitar que se repitan estereotipos, cuando no mentiras. Son mentiras que terminan calando, como la lluvia fina, en el cuerpo social. Es una misión ardua para una organización que tiene unos medios importantes pero limitados. El dirigente sindical es tal cosa porque ha tenido empleo en una fábrica. Cuando termina, deja la dirección y vuelve a su trabajo. Excepto casos accidentales donde es reelecto. Uno no sale del instituto de formación y pasa a ser representante sindical, necesita de la elección de sus compañeros y compañeras de trabajo. El liberado sindical echa muchas más horas que el común de los trabajadores y trabajadoras de este país.

"El liberado sindical echa muchas más horas que el común de los trabajadores y trabajadoras de este país"

-Existe la sensación de que tampoco los sindicatos han formado una generación de relevo. Tomando en cuenta de que resulta imposible afiliarse si no pueden acceder al empleo, ¿siente que los jóvenes aún creen en el sindicato?

-Ese es el problema. Con la crisis, el volumen de afiliados jóvenes ha descendido en mayor medida que el descenso que se haya podido producir en otros segmentos de edad. Los jóvenes tardan mucho en incorporarse al empleo y quienes lo consiguen es ya a una edad madura. ¿A qué tipo de empleo aspiran? Contratos de horas, de días. Si encima, como ocurre en España, no se incluye en las escuelas el hecho sindical como una materia más para la formación integral de las personas, es muy difícil. Eso nos lleva a tratar de buscar nuevas formas de conexión con los jóvenes: llegar a las universidades, con personal entre empelados y profesores que pueda sensibilizar y generar esta inquietud en los jóvenes. Además de otras vías que se parezcan más a las formas que tienen de informarse y comunicarse.

-¿Temen la entrada de los sindicatos de funcionarios en las empresas privada?

-Como sindicato de funcionarios no podrían, como organización sindical la entrada es libre. Otra cosa es que la gente los siga, antes preguntaba si temíamos un sindicato impulsado por Podemos. A mí no me consta que Podemos esté impulsando un sindicato. Y algo sé de esto. Pero si algún sindicato nos desplaza será porque los trabajadores han dejado de confiar en nosotros. Pero por algo será que de las 2.000 agrupaciones sindicales, la mayoría haya optado por Comisiones Obreras.

-¿Es posible un gran pacto por el empleo?

-No sé si es una fórmula conveniente para el país. Hay mucha distancia entre el PP y el PSOE. En el caso de que llegase a producirse, no sé si el PP llegaría a un acuerdo de modificación de la reforma, no ya de la derogación. Imagino que no. No es bueno que los partidos están llamados a formar gobierno en este país se junten en un momento determinado y conformen un gobierno, como si viviéramos en una situación de absoluta excepción. No hay una quiebra social tan fuerte y un riesgo para la democracia que aconseje la formación de un gobierno en el que compartan ministerios el PP y el PSOE. Eso se contradice con la voluntad de la ciudadanía, que ha votado al centro izquierda. El único gobierno posible sería un gobierno de centro izquierda que tenga acuerdo en la aplicación de las reformas en temas laborales.

"El contrato único no es ninguna novedad, aunque Ciudadanos venga ahora de adanista. Ese tipo de contrato supondría la generalización de la precariedad"

-¿Qué opina del contrato único que han presentado PSOE y C's como parte de un pacto de investidura?

-Eso no es ninguna novedad, aunque Ciudadanos venga ahora de adanista. Está en los debates teóricos en Europa desde hace más de 10 años. Contrariamente a lo que se ha dicho, no hay ningún país europeo que haya optado por esa fórmula. Ni siquiera Dinamarca. Yo no he visto a ninguna empresa pedir un contrato de esa naturaleza. La formulación que yo conozco, la que han puesto sobre la mesa, sería la generalización de la precariedad. Acabar con la causalidad para la contratación. La contratación debe ser estable sobre la base de contrato fijo, la excepción es la contratación temporal. Y tienen que tener los mismos derechos. Esa idea de un contrato estable con indemnización creciente lejos de acabar con la segmentación del mercado de trabajo, lo que haría es introducir un boquete de temporalidad sin causa muy negativo para el futuro de la gente.

-Empezó a los 19 años, cuando era aprendiz…

-Cuando los sindicatos eran ilegales

-A eso voy. ¿La situación de la  España actual es más difícil? ¿O acaso no se valora lo que se conquistó?

-Este país sufrió un proceso de amnesia en el tránsito de la dictadura a la democracia. Creo que es loable el intento de sectores de la sociedad de impulsar la recuperación de la memoria. Que no es la búsqueda de la revancha, porque un país que no conoce su pasado está condenado a repetirlo. Desde luego, hay que decir que la situación de hoy es infinitamente mejor que en la España de a finales de los 60, que fue cuando comencé a trabajar como aprendiz en una astillero de Ferrol. Ahora todo está condicionado por la crisis, pero el salto de modernidad que este país ha dado es impresionante, con todas las limitaciones que puedan existir, hay una libertad que nada tiene que ver con los años anteriores.


Comentar | Comentarios 0

Tienes que estar registrado para poder escribir comentarios.

Puedes registrarte gratis aquí.

  • Comentarios…

Más comentarios

  • Mejores comentarios…
Volver arriba