España El secretario de Estado de Empleo acude a trabajar en bicicleta todos los días y Vozpópuli le acompaña

Juan Pablo Riesgo acude todos los días a trabajar en bicicleta desde Húmera a la sede ministerial, cerca de la Castellana. Pasa siempre por la Casa de Campo, zigzaguea en la ciudad y ni la nieve le aparta de su sana costumbre.

El secretario de Estado de Empleo, Juan Pablo Riesgo, acude todos los días a su despacho en el ministerio del ramo en bicicleta, excepto aquellas jornadas (pocas) en las que le toca llevar a sus hijos al colegio. Vozpópuli acompañó al político en uno de estos trayectos, comprendidos entre una localidad de la zona noroeste de Madrid y los Nuevos Ministerios de la Castellana, atravesando parte de la Casa de Campo y unas cuantas calles céntricas de la capital.

La propuesta para este encuentro llegó de manera casual en el transcurso del Desayuno celebrado en el hotel Palace el pasado mes de octubre, en el que el político nos comentó entre bastidores sus ecológicas y deportivas prácticas. La incredulidad por nuestra parte terminó traduciéndose en esta amistosa excursión, que aplaudimos, ya que podemos dar fe de la existencia de un secretario de Estado que ahorra lo suyo en consumo de coche oficial.

Hicieron esta marcha, además de Juan Pablo Riesgo, su jefe de gabinete Beltrán de la Torre, que también le acompaña a diario, ya que vive muy cerca de su jefe, el responsable comercial y de relaciones externas de Vozpópuli, Manuel López Torrents, así como miembros del equipo audiovisual del periódico, acompañados amablemente al volante por el jefe de prensa de Riesgo, Luciano Martín, también de la zona.

El trayecto comenzó en la plaza de Luis Berlanga, en la localidad de Húmera, a las 8,00 de la mañana de un fresquito viernes. Vozpópuli llegó antes de tiempo y el secretario hizo lo propio con puntualidad, ataviado con un maillot fluorescente, calas de ciclista y una bicicleta Trek de carretera con cuerpo de aluminio, ruedas anchas y frenos de disco. De ahí partimos todos, todos en frío menos Riesgo, que ya llevaba algunos kilómetros encima.

Atravesando algunas selectas urbanizaciones llegamos a una de las puertas de la Casa de Campo, donde se nos uniría el jefe de gabinete.

El enorme parque parecía una dehesa extremeña a esas horas, sin vestigios de gente y con la vegetación tapando el perfil de Madrid. Podría decirse que estábamos a cientos de kilómetros de la capital, si no fuera porque el lejano pero brutal ronroneo de las autopistas que circunvalaban ese rincón verde era continuo y tiznaba ligeramente esa bucólica armonía.

La bruma podía palparse y en este caso no era contaminación, era el auténtico efecto que el rocío matutino y el fresco ejercían sobre la vegetación. Una delicia. Un paraíso natural pese a la boina ácida que tapa Madrid y que trae por la calle de la amargura a la alcaldesa Carmena.

Dando botes

Riesgo prefirió ir por vericuetos lo más agrestes posibles y en ocasiones resultaba complicado seguirle, ya que las bicicletas de Vozpópuli eran de carretera, con ruedas finas y derrapaban con facilidad, mientras el secretario volaba por los surcos gracias a sus ruedas con tacos.

Superada la Casa de Campo, llegamos al Puente de los Franceses, donde tuvo lugar el primer contraste entre la libertad de la bicicleta y los atascos monumentales de tráfico, visibles  a poca distancia, mientras nosotros seguíamos por el carril bici a nuestro aire.

El secretario señala que ha hecho alguna vez el trayecto con toda la Casa de Campo nevada, siendo él quien realizaba las primeras huellas en el parterre… mientras veía y oía también los atascos a lo lejos. No ha tenido problemas de frío prácticamente nunca: “pedaleando se te pasa enseguida”.

Superado el Puente de los Franceses, tocó subir la cuesta de la Avenida Séneca, hasta Moncloa. A partir de ahí, bufidos atrás, pasamos a ‘modo Quicksilver’, luchando con los coches por las calles céntricas, hasta entrar por el ministerio, en paralelo a la Castellana, por la parte trasera de los Nuevos Ministerios.

Nada más llegar al parking de los coches, pudimos comprobar que había más bicicletas en el aparcamiento. Juan Pablo Riesgo nos comentó que algún que otro cargo relevante del ministerio también acude pedaleando al trabajo a diario, pero no recordamos ahora el nombre que nos dijo. Era una mujer.

De inmediato, él y su equipo pasaron a los vestuarios, que están nada más entrar en las dependencias ministeriales, en las que hay “zonas para uso deportivo”. El despacho del secretario de Estado tiene baño particular, pero no ha querido instalar una ducha en el mismo si ello va a constituir un privilegio respecto a su equipo. En estas estancias tienen sus taquillas personales, donde dejan dos o tres trajes.

¿Y la vuelta a casa? Exactamente igual, pedaleando. Cuando se le pregunta si no le da pereza volver así algunos días en los que sale pasadas las 21 o las 22 horas, Riesgo contesta que, al contrario, es la mejor manera de superar el cansancio y el stress de ese duro día.

De hecho, sus colaboradores aclararon que casi nada disuade al secretario de su viaje diario. “Ha hecho este trayecto a las 6,00 de la madrugada para tomar un AVE a las 8,00 o ha vuelto a casa a las 2,00 de la madrugada”. Incluso con lluvia. Accidentes como pinchazos o caídas los ha habido, pero pocos.

La mejor rutina

Juan Pablo Riesgo se toma muy en serio esto del deporte y afirma con vehemencia que para realizarlo a diario hay que incluirlo en la rutina y ¿qué mejor rutina existe que el trabajo? Por tanto, pone de manifiesto la importancia de saber incorporarlo a nuestras actividades laborales, ya sea en los traslados o pudiendo hacer una parada en el horario de trabajo.

Para ello, recomienda a las empresas que faciliten el acceso al deporte a sus empleados, con medidas como la instalación de vestuarios, duchas, aparcamientos de bicicletas… ya que “todo esto, además de en la salud, redunda en la productividad”.

En total, fueron 12 kilómetros, 45 minutos y la sensación de que nuestro secretario de Estado empieza todos los días con una pequeña y placentera aventura, antes de enfrentarse a los sindicatos y la actualidad laboral, que sin duda es otra gran aventura, aunque menos divertida.

Han sido muchas las veces en que se ha escrito contra políticos que usaban en exceso sus coches oficiales para usos particulares. También es bueno publicar que, de vez en cuando, ocurre lo contrario.


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