El presidente en funciones arropa a De Guindos tras el 'caso Soria' Rajoy se oculta entre sus ministros tras la sublevación de Barberá

Ni una sóla mención sobre Rita Barberá por parte del presidente. No cruzó una palabra con la ex alcaldesa en las largas horas de la crisis y cerró  la negra jornada envuelto entre sus ministros en una exhibición de forzada unidad.

Mariano Rajoy permaneció todo el día silente ante la rebelión de Rita Barberá. La exalcaldesa de Valencia aceptó, a regañadientes, renunciar a su militancia en el partido, después de largas y tensas negociaciones con la cúpula de Génova. Se negó, eso sí, a abandonar su sillón en el Senado. "Es mi escaño", aseguró provocadora en una durísima nota emitida en la tarde del miércoles en respuesta a las largas horas de un pulso intenso con la dirección del PP. La cúpula del partido pretendía el doblete. Fuera del partido y de la Cámara Alta. Pasar página en forma definitiva. Rita nunca estuvo aquí. La crisis se ha cerrado, aunque no del todo. "No se ha podido ir más lejos, ha sido imposible", reconocía un veterano dirigente PP.

Rajoy no habló con ella. No le telefoneó en las largas horas de negociación y nervios, de acuerdo con fuentes del PP. No se refirió a la exalcaldesa ni una sóla vez en la larga jornada del 'ajusticiamiento' político de una de las personalidades más características de la reciente historia del partido. No cruzó palabra con quien ha sido su amiga estrecha y fiel durante cuatro decenios. Delegó en Dolores Cospedal y en Fernando Maíllo el fiero combate para doblarle el brazo. "Rita es mucha Rita", reconocían fuentes de Génova. Renunció a la militancia, a fuerza ahorcan, pero se quedó con el escaño. "Es mío", aseguraba en la nota emitida a media tarde del miércoles, una hora antes de la presentación del libro del ministro de Economía, Luis de Guindos. Una nota que tuvo en vilo a todo el PP durante horas. Estará en la Cámara Alta hasta 2019, ya que su escaño es de elección por la vía autonómica. "Esto va a ser una pesadilla", comentaban en el PP de la Comunidad Valenciana.

Rajoy quiso cerrar el turbulento miércoles con una muestra de cohesión y firmeza de su gobierno. Había huido de los periodistas durante su visita electoral a Pontevedra. Por la tarde, en el bautismo del opúsculo de Guindos, se rodeó de un buen número de miembros de su Gabinete. Allí acudieron la vicepresidenta Sáenz de Santamaría, y los titulares de Exteriores, Interior, Agricultura, Educación, amén de varios secretarios de Estado. Una representación de las dos familias que compiten en el seno del Gabinete, y que exhibían una forzada sonrisa tras la batalla librada en torno al ‘caso Soria’. Compañerismo de atrezo, solidaridad fingida.

Los ministros hacen piña

La vicepresidenta llegó acompañada a los salones de la Fundación Del Pino, por Alberto Nadal y José Luis Aylllón, sus fieles escuderos, en tanto que García Margallo, líder del famoso G-7, lo hacía junto a Fernández Díaz y García Tejerina, representantes del otro bando. Todos unidos, prietas las filas por una buena causa: elecciones, quizás investidura, quizás más elecciones. Soraya junto a sus más acérrimos enemigos, codo con codo en la infausta fecha del escándalo Barberá.

Rajoy se derritió en elogios hacia su ministro de Economía en funciones, quien se había sometido el martes en el Congreso a los ataques provenientes de todo el arco parlamentario por el "episodio Soria"

Rajoy se derritió en elogios hacia su ministro de Economía en funciones, quien se había sometido el martes en el Congreso a los ataques provenientes de todo el arco parlamentario por el 'episodio Soria'. Un sacrificio que apenas dejó huella política en el interpelado. En presencia de sus ministros y colaboradores, de representantes del mundo empresarial y de un público que abarrotaba el aforo de la sala, Rajoy se refirió a De Guindos como "un brillante economista", "un hombre de acción", “un hombre apasionado” que tan sólo busca “hacer algo bueno por el país”.

Aprovechó la ocasión, además, para elogiar el trabajo unido de su gobierno, que ha compartido la pasión de Guindos en la defensa de los intereses nacionales, luchando ‘a brazo partido” por sobrevivir a aquel 2012 tenebroso. Unidad del Ejecutivo en torno a su líder frente al desafío orgulloso de Rita Barberá, historia viva de su partido a lo largo de cuatro décadas en las que la Comunidad Valencia ha sido vivero de votos, militancia, apoyos y financiación del PP. Barberá deja el PP dando un sonoro portazo, plantándole cara a la cúpula de Génova, a la que detesta (salvo a Cospedal, con quien mantiene buenas relaciones) y asegurar que, tras esa ‘dolorosa’ decisión, actuará con plena libertad para ejercer su defensa. Y aviso a navegantes: “Que nadie se ampare en mí para responsabilizarme de cualquier perjuicio o para esconder sus resultados políticos o electorales”. La frase iba dirigida contra Alfonso Alonso, quien libra una incierta batalla como candidato en las elecciones vascas y que había reclamado, de forma muy vehemente, la renuncia de la exalcaldesa o so cese inmediato.

Un aforamiento protector

La ‘batalla de Rita’ termina como el episodio de Gómez de la Serna, el diputado por Segovia involucrado en negocios presuntamente ilegítimos, quien fue apartado de la militancia del partido pero conserva su escaño. La ‘lideresa’ valenciana mantiene así su aforamiento, por lo que su causa será instruida, si cabe, en el Tribunal Supremo. Le espantaba la idea de hacer diariamente ‘el paseíllo’ judicial en la ciudad en la que ha sido primera munícipe durante cinco legislaturas. Una humillación que, según sus próximos, no podría soportar.

“Está hundida, hecha polvo, pero muy satisfecha de haber mantenido la dignidad”, señalaban a Vozpópulien fuentes de su entorno. Piensa que su partido le ha abandonado cuando ni siquiera ha sido aún imputada, sino tan sólo se ha abierto una investigación sobre el episodio del ‘pitufeo’ en el Consistorio valenciano. No ha recibido de sus compañeros más que venablos. Tan sólo le defendió, en su despiste, el titular de Justicia, Rafael Catalá. El presidente de la Xunta, Alberto Núñez Feijóo, también candidato en las elecciones del 25-S, mostró más sensibilidad que Alonso al referirse, fundamentalmente, a ‘los intereses de España’, más allá de los compromisos electorales o personales.

Barberá estaba sentenciada por los suyos desde hace semanas. En ambiente electoral, con una posible vuelta de investidura de Rajoy, con sus socios de Ciudadanos reclamando su cabeza y con un incierto horizonte de nuevas elecciones antes de Navidad, Rajoy ha tenido que desprenderse de quien ha ejercido como uno de los puntales básicos del poder territorial del PP a lo largo de su historia. Acababa de defenestrar a su amigo José Manuel Soria y, apenas unos días después, le tocaba decapitar a su buena amiga Rita Barberá. Jornadas muy negras para el presidente, "por encima quizás de los papeles de Bárcenas", comentaba un estrecho colaborador. De ahí la necesidad de aparecer rodeado de sus ministros en el acto de Guindos. Unidad, cohesión, liderazgo. Es la imagen que ha pretendido transmitir en este miércoles infausto que ha seguido al martes, 13, impar y muy negro.


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