Rajoy reconoce que la corrupción es lo que más castiga al PP Sepultada la bicha de Aznar, emerge el morbo Feijóo

Rajoy da por sepultada la polémica con Aznar, da alas al morbo sobre el viaje a la Moncloa de Rajoy, recuerda los pactos contra natura del PSOE y trata con displicencia a Ciudadanos. convencido de ganar en las generales, reconoce que la corrupción es el factor que más ha castigado al PP.

No le mencionaron por su nombre en la pregunta, pero Rajoy si nombró a Aznar en la respuesta. "Mire usted, no voy a polemizar con Aznar, he venido aquí a convencer a los españoles sobre el trabajo que ha hecho el PP. No insista, ya le he respondido a la primera pregunta, y vale para la segunda y para la tercera. Si son inasequibles al desaliento, yo también".

Cuando Rajoy no evita referirse explícitamente, con nombre y apellidos, a una persona, es que ya no es un problema. Aznar ha sido el protagonista no invitado en la agenda preelectoral del Partido Popular en estos últimos días. Hasta este martes en el que Rajoy lo mencionó y, de esta forma, rompió el conjuro. Al mentar la bicha, la sepultó.

Rato recibe de Rajoy el 'tratamiento Bárcenas"; no lo nombra, pretende ignorarlo, lo esquiva

No ocurrió lo mismo con el caso de Rodrigo Rato. A quien fuera vicepresidente y hombre todopoderoso de los gobiernos de Aznar, le dedicó el 'tratamiento Bárcenas'. Ni mención. "Todo te puede perjudicar en una campaña. Tantas cosas, el déficit, la financiación, el paro, una u otra persona...". Rato, que esquiva la cárcel como Messi a los centrales, se ha convertido en un problema incandescente para el PP. Justo a menos de tres meses de las urnas. Rajoy no lo nombra, pretende ignorarlo, lo esquiva. Le llama 'persona' y no es un homenaje a Bergman. En tiempos se refería a su extesorero como 'ese señor' o 'ese individuo'. Un síntoma de que el zapato aprieta. "La corrupción nos ha castigado más que la crisis", asegura el presidente. Al cabo, está muy orgulloso de la recuperación económica. La corrupción, en su argumento, es cosa de unos cuantos truhanes y malnacidos que se han aprovechado del esfuerzo de todos.

Covencido de ganar

Cuenta a hurtadillas la gente de su entorno, sus más estrechos colaboradores, que el presidente del Gobierno está convencido de que va a ganar las elecciones. Item más. Está seguro de que va a conseguir gobernar y de que seguirá en la Moncloa. El partido no se lo cree y el Gobierno, recela. Pero Rajoy lo da por hecho. ¿Con permiso de Pedro Sánchez? Al líder socialista le recuerda siempre sus pactos contra natura junto a Podemos en tantas ciudades y localidades españolas. Un incómodo apósito que apesta. "Con Pedro Sánchez estoy en posición de prevengan", apuntó. Desconfianza gallega. Pero ¿una puerta entreabierta?.

De Galicia llega precisamente la última borrasca que se cierne sobre Moncloa. Y lo hace cargada, no de sapos y culebras, de rayos y truenos, sino de morbo. Se llama Alberto Núñez Feijóo y acaba de remodelar su Gobierno, un domingo por la tarde, a la hora de los toros. Como en Galicia apenas hay festejos taurinos, el presidente de la Xunta ocupa su tiempo en remodelar su Gabinete. Ha designado a Varela como hombre fuente de su equipo. Un 'delfín' dicen por allí. Y la duda estriba en conocer si Rajoy incluirá a Feijóo en alguna lista a las generales. El líder gallego no es diputado y eso es un inconveniente a la hora de alinearse en la lista de sucesores del presidente. "Por allí todo el mundo quiere que repita como candidato a la Xunta", espetó Rajoy, con evidente malicia gallega. Es decir, acotando el terreno. Feijóo en Santiago, que es su sitio. "Tengo que escucharle", matizó luego, casi por obligación.

"Allí todo el mundo quiere que repita como candidato a la Xunta", espetó Rajoy sobre Feijóo con evidente malicia gallega

Andaban por los salones del Casino madrileño, donde se celebró el concurrido almuerzo, tanto Soraya Sáenz de Santamaría como Dolores Cospedal, flanqueando a su líder. En diciembre puede pasar de todo, apuntan las lenguas envenenadas que brujulean por el partido. Ambas radiantes, sonrientes y rozagantes. Lejos la una de la otra. La vicepresidenta, junto a su fiel Fátima Báñez, titular de Empleo. La secretaria del partido conversaba con Isabel García Tejerina. La ministra de Agricultura llevaba los hombros ocultos, señal de que entramos en otoño.

Piensa Rajoy que Ciudadanos se ha convertido en una especie de nefanda obsesión en su partido. Casi una superstición rayana en la neurosis. El efecto Rivera a no le afecta al inquilino de la Moncloa. Sacude los orejones de sus lugartenientes para que se espabilen. "El PP es un partido de Gobierno, con muchos años de existencia democrática a sus espaldas, con experiencia en la labor de gobierno, con más militantes, más alcaldes, más concejales y más diputados que el resto de los partidos. Nuestros resultados están ahí. No somos un invento de anteayer, hemos crecido desde abajo, trabajando y no desde las tertulias. Tenemos gente en toda España. Allá donde usted vaya, hay alguien enarbolando una bandera del PP, en cualquier pueblo, en cualquier municipio". Pretende Rajoy que se marque a Ciudadanos de lejos, sin aspavientos. Sin que se note demasiado. Mano suave y, de cuando en cuando, colleja.


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