Sáenz de Santamaría coordina la comunicación con la Casa Real

"Línea caliente con Moncloa": Zarzuela requiere más información sobre el reto soberanista

El rey quiere estar al tanto de todo  cuanto sucede en torno al desafío secesionista catalán. Zarzuela ha establecido una 'línea directa' con Moncloa, coordinada por la vicepresidenta Santamaría, para recibir novedades e información.

El rey Felipe VI recibe en su despacho al presidente del Gobierno, Mariano Rajoy
El rey Felipe VI recibe en su despacho al presidente del Gobierno, Mariano Rajoy EFE

Un saludo gélido caracterizó el último encuentro del rey con Artur Mas. Fue el mes pasado, en Barcelona, con ocasión de un Foro Iberoamericano. Don Felipe despachó el trámite con cortés frialdad. El presidente de la Generalitat, que debía ausentarse según transmitió a los presentes, tras el apretón de manos le dedicó al monarca un escueto adiós: "Que todo vaya bien".

Más de veinte visitas a Cataluña ha efectuado el monarca desde su proclamación. Es la comunidad de España donde más veces ha estado. El rey está perfectamente informado de cuanto allí sucede, cuenta con excelentes referencias y muy fiables informadores. También tiene algún conocido que milita en el pelotón separatista. "Hay que escuchar a todos, y no equivocarse luego en las decisiones". Su preocupación por la deriva secesionista es enorme y creciente, de acuerdo con los comentarios que emanan de Zarzuela.

El rey tiene excelentes referencias y muy fiables informadores en Cataluña, está perfectamente informado de lo que allí sucede

El despacho semanal con el presidente

El presidente del Gobierno despacha cada lunes con el monarca en la Zarzuela. Estas conversaciones, de las que nada trasciende, se han llenado de contenido catalán conforme avanzan las semanas y se suceden los acontecimientos. El rey pregunta, escucha y sugiere. Rajoy le comunica novedades y le avanza estrategias. Es un diálogo acompasado y eficaz, dicen fuentes conocedoras. A ninguno de los dos les gusta perder el tiempo.

Desde las elecciones catalanas, Zarzuela ha establecido una comunicación más frecuente con la Moncloa, para recibir un mayor flujo informativo sobre lo que está ocurriendo en torno al órdago secesionista, según fuentes del Ejecutivo. "Visca la república catalana", llegó a gritar Carme Forcadell, actual presidenta del Parlament, una activista prohijada y amamantada por Artur Mas. Una organización antisistema, anarquista y de enorme beligerancia contra la Monarquía es ahora quien tiene en su mano la última palabra sobre la investidura del presidente de la Generalitat. Un asunto que es algo más que una anécdota. Los portavoces de la CUP no evitan referirse a la forma del Estado a la menor oportunidad. El debate monarquía/república, ausente en el resto de España, ha reverdecido en Cataluña merced a la aparición de estos grupúsculos, que hasta hace un par de años apenas eran algo. Mas los ha prohijado, insuflado dimensión y terminará hasta por cederles el puesto.

Los equipos jurídicos

La vicepresidenta del Gobierno y el jefe de la Casa Real, Jaime Alfonsín, mantienen activo este canal de comunicación. Sáenz de Santamaría, de cuyo departamento cuelga también el CNI, estimable fuente de información del Estado, se encarga, en estas agitadas jornadas, de coordinar los equipos jurídicos del Estado que se preparan para cualquier contingencia jurídica. Por ejemplo, el anunciado recurso ante el Constitucional si se celebra finalmente el pleno en el que quedará proclamada la llamada 'desconexión' con España.

Artur Mas fue recibido en la Zarzuela el pasado mes de julio, dentro de la serie de audiencias celebradas por el jefe del Estado con diferentes presidentes autonómicos. Mas pretendió aparecer con un rostro amable, e incluso amagó alguna broma, como cuando le comentó a los fotógrafos congregados a las puertas de Palacio: "Vengo en son de paz". Unos días después, el rey, en la apertura del curso de la Escuela Judicial en Cataluña, le recordaba al president que "cumplir la ley es un deber ineludible".

La inquietud de la Corona con relación a los acontecimientos que se suceden en Cataluña es notoria. Se vislumbra en las prudentes referencias que salpican sus intervenciones públicas. Este mismo martes, en la audiencia con los nuevos egresados de la Escuela Diplomática, la segunda promoción desde su proclamación como rey, don Felipe les exhortó a ejercer su profesión "con patriotismo y sentido de Estado".

La Constitución menciona el arbitraje y la moderación entre las funciones del rey, pero también dice que es símbolo de unidad y permanencia

Cataluña es un terreno delicado y con enormes riesgos para la Institución. La Carta Magna, en su artículo 56, asigna a la Corona las funciones de arbitraje y moderación. Dos conceptos muy ambiguos. Pero también menciona el texto constitucional que el jefe del Estado es el símbolo de su 'unidad y permanencia', un detalle que algunas veces se olvida.

Galgos, podencos y el rey

El actual equipo que dirige con pies de plomo la Casa Real, se muestra particularmente comedido al afrontar el reto planteado por los soberanistas catalanes. Lejana está la cibercarta con la que don Juan Carlos inauguró la nueva etapa de la web de Zarzuela. Era otro equipo, menos aquilatado. Septiembre de 2012: eran otros tiempos, aún menos ofuscados. Por aquel entonces, un engreído amanuense, con vocación literaria, pergeñó un texto en el que se leían frases casi antológicas: "No son éstos buenos tiempos para escudriñar en las esencias ni para debatir si son galgos o podencos quienes amenazan nuestra convivencia". El redactor del mensaje permanece en el anonimato pero ya, afortunadamente, muy lejos de responsabilidades en la Casa Real.

Don Felipe conversa con su padre, con cierta frecuencia, sobre todos estos asuntos. A veces incluso le envía algún papel sobre los temas a tratar o sobre cuestiones ya abordadas. Siempre ha valorado, con enorme respeto, el punto de vista del rey emérito, con quien mantiene, al margen de las cuestiones familiares, encuentros de despacho con asiduidad. Don Juan Carlos, que mantiene una escueta agenda de actos oficiales, dedica la mayor parte de su tiempo a viajes de ocio, a cultivar viejas amistades y, ahora también, a practicar la vela, afición que debió abandonar por sus problemas de movilidad.


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