El resultado de las vascas y catalanes, factor decisivo Rajoy sacrifica a Soria ante las presiones de un PP soliviantado

Rajoy rectifica tras su enorme error. El escándalo Soria podía destrozar las aspiraciones del PP en las elecciones gallegas y vascas, dos citas cruciales.

Dolores Cospedal lo palpó en directo el domingo en Bilbao, en un acto de partido. “Lo de Soria nos destroza, nos lleva al desastre”, le habían comentado los militantes del PP vascos, aterrorizados ante un horizonte tormentoso e inquietos por las réplicas del terremoto de la designación del ex ministro al Banco Mundial. La secretaria general trasladó esos miedos al entorno de Mariano Rajoy, recién regresado de la reunión del G20 de China. Núñez Feijóo, también con difíciles elecciones en el horizonte, fue mucho más allá y no dudó en mostrar su irritación en un acto público ese mismo día. Soria tenía que quedarse en casa.

El futuro del PP y del propio Rajoy pende, en buena parte, de los resultados que consigan en esas elecciones autonómicas. Incluso es posible que haya que repetir generales el 18 de diciembre. El nombramiento de Soria, "extemporáneo y atrabiliario", según fuentes del partido, iba a ser el tema de esta campaña y de las que vengan. "Munición al enemigo y una catástrofe para nosotros", comentaban. “Mejor una rectificación a tiempo que ir a las elecciones con una piedra al cuello”, comentaba un miembro del equipo del actual presidente de la Xunta.

El futuro del PP y del propio Rajoy pende, en buena parte, de los resultados que consigan en esas elecciones autonómicas

Rajoy no le dio apenas importancia al problema. El viernes por la noche, el nombramiento de Soria había acaparado los comentarios tras el debate de investidura. El sábado por la mañana, el Comité Ejecutivo nacional del PP, reunido en Génova, nada había dicho del caso. Sólo Juan Vicente Herrera, y en la calle. También Cristina Cifuentes. El runrún empezaba a apreciarse en el subsuelo de la formación. Pero nadie le decía nada al 'jefe'. "¿Cómo no se da cuenta de lo que se armó con Soria al dejar el Gobierno?", se preguntaban, incrédulos. "Fue hace solo cuatro meses".

El presidente en funciones no tiene por costumbre rectificar. Más en este tipo de decisiones. En los últimos tres días ha defendido a Soria ante los periodistas en dos oportunidades. Empeñó sus argumentos y parte de su credibilidad. Ninguno de los suyos había avalado esta decisión. Tan sólo De Guindos, quien no ha dudado en faltar a la verdad a la hora de explicar el proceso de designación del candidato. El titular de Economía en funciones sale muy quemado de todo este proceso. 

“Cosas de Mariano, Soria es su amigo, se lo debe”, comentaban en círculos de Génova para justificar la chapuza. Rajoy, mostró cierta sorpresa en su vuelo a China por el volumen de la escandalera desatada en torno a este episodio. Soria nunca ha estado imputado, ni inhabilitado, nada tuvo que ver en los ‘papeles de Panamá’ y se vio forzado a saltar del Gobierno por su enorme torpeza al explicar sus negocios familiares. “Ya no es un político, es un funcionario que vuelve a lo suyo, también tiene derecho a ganarse la vida”, explicaba Rajoy ante los periodistas atónitos. El terremoto iba, día a día, en aumento. No sólo en la oposición, algo sabido. También en el propio Ejecutivo y en el PP.

"¿Cómo no se da cuenta de lo que se armó con Soria al dejar el Gobierno?", se preguntaban, incrédulos, en el PP sobre la actitud de Rajoy. "Fue hace solo cuatro meses"

La renuncia de Soria supone un general alivio en el partido. “Nos hemos quitado de encima un fardo demasiado pesado, para las elecciones, para negociar apoyos, para futuros pactos..." Rajoy, muy sorprendido por el alto nivel de la tormenta, ha dado su brazo a torcer, en contra de lo que manda la tradición. Su idea era dejar que pase el tiempo, que se evapore la tormenta. “Siempre que llueve, amaina”. Esta vez no era posible. Cospedal, Feijóo, Alonso, le han insistido en lo tóxico del caso para el resultado de las elecciones en puertas. Casi todo parece estar en juego en los comicios gallegos y vascos. La victoria del PP, el relanzamiento de Rajoy, su posible investidura. Soria era artillería para la oposición. La cantinela cotidiana de la campaña.

Un silencio atronador

Estos días, el silencio era sepulcral en el PP en torno al escándalo. Ni un gesto de comprensión, ni una palabra de ánimo en su partido. Mariano Rajoy y Luis de Guindos se habían quedado solos en la defensa de un nombramiento que nadie entendía. “Inoportuno el momento y nefasta la comunicación”, confesaba un alto cargo del PP tras conocer la designación de Soria.

A Cospedal, especialista en las situaciones desabridas, le tocó el lunes en Génova poner sordina a los decibelios del cimbronazo. Lo hizo con sutileza, sin aspavientos y sin pillarse los dedos. Escaldada del ‘caso Bárcenas’, en el que se jugó su carrera por defender a Rajoy y a su partido, no incurrió esta vez en ningún desliz. “No hay corrupción, es decisión del Gobierno”, explicó. Esa misma noche, en una entrevista televisiva, no fue más allá. Escrupulosa frialdad en las explicaciones, mientras recibía llamadas desde todas las terminales del partido para que se acabara con el entuerto. Para que se pusiera punto final al disparate.

Mariano Rajoy y Luis de Guindos se habían quedado solos en la defensa de un nombramiento que nadie entendía. “Inoportuno el momento y nefasta la comunicación”, confesaba un alto cargo del PP

Del partido sólo salían voces críticas. Ni una palabra de comprensión o de solidaridad con el exministro de Industria. Ni con su valedor, Luis de Guindos. Núñez Feijóo provocó el bombazo al no disimular su malestar con esta decisión en un acto público en Madrid, en presencia de importantes dirigentes de su formación. Rajoy estaba regresando de China. “La gente no lo entiende”, dijo el candidato a repetir presidencia de la Xunta. Alfonso Alonso, en la misma tesitura preelectoral, se ha mordido la lengua para no romper su silencio. Este miércoles tiene un acto periodístico en Madrid presentado por el propio Rajoy. Ambos aparecerán mucho más tranquilos.

La procesión de los barones irritados

Herrera, Monago, Cifuentes… las baronías populares no han ocultado su irritación. Puntas de un iceberg incandescente. Con prudencia (salvo la vicepresidenta de Castilla y León, vieja enemiga del exministro) pero sin vaselina. La joven cúpula de Génova, los cuatro vicesecretarios que forman el equipo de Moragas, optaron por enmudecer ante tal desiderátum. Javier Maroto, presente en un plató, pasó la pelota a territorios de Guindos

El silencio en Moncloa ha sido atronador. La vicepresidenta Sáenz de Santamaría, a quien Soria le atribuía la puñalada final que le echó del Gobierno, esquivó las explicaciones profusas en su comparecencia tras el Consejo de ministros. Recordó que la responsabilidad era del comité de evaluación. Todos ellos, altos cargos del ministerio de Economía. De Guindos, como telón de fondo, muñidor del apaño, ideólogo del torpe dedazo. 

En el gobierno apenas algunos ministros tenían noticia de que Soria iba a ser promovido a cargo tan distinguido. “Me enteré por un periodista que me lo comentó tras la sesión de Investidura”, reconoce un ministro

En el gobierno apenas algunos ministros tenían noticia de que Soria iba a ser promovido a cargo tan distinguido. “Me enteré por un periodista que me lo comentó tras la sesión de Investidura”, reconoce un ministro a Vozpópuli. “Ya sabíamos que Rajoy no deja colgados a sus amigos. Y Soria es muy amigo suyo y le dolió tener que cesarlo. Todos habíamos oído lo del Banco Mundial. Pero… ¿ahora?”, insistía.

El PSOE y Podemos se habían colocado en modo cacería. Reclamaban la presencia de Guindos en un pleno parlamentario. Una oportunidad para llegar el vacío de la agenda política. Ciudadanos reclamaba más explicaciones, pero sin hacer ‘casus belli’. Rivera se sintió engañado, por las formas y el procedimiento. El partido naranja considera este episodio un disparate, un desatino, pero mantendrá los puentes que mantiene con el PP. Su pacto de investidura está oficialmente extinguido pero las relaciones entre ambos partidos se mantienen vivas.


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