España

Pedro Sánchez anticipa su derrota y ofrece al arco parlamentario un cheque en blanco para aislar a Rajoy

El líder socialista ha reconocido este martes que carece de los apoyos necesarios para ser investido presidente, pero aún así ha ofrecido a todo el arco parlamentario un cheque en blanco para aislar a Mariano Rajoy, formar un Gobierno de “mestizaje ideológico” y construir la España feliz.

El secretario general del PSOE, Pedro Sánchez, durante su intervención en la primera jornada de la sesión de su investidura.
El secretario general del PSOE, Pedro Sánchez, durante su intervención en la primera jornada de la sesión de su investidura. EFE

Los últimos folios, y su discurso tiene 42, son los que expresan mejor el ánimo con el que Pedro Sánchez ha abordado este martes su intento de investidura, pues leídos en un tono de abatimiento anticipan la derrota que sufrirá en las votaciones previstas para el miércoles y el viernes. “Hoy todos sabemos de antemano el resultado de la votación final, pero el PSOE se siente orgulloso de haber conseguido los objetivos que nos proponíamos al llegar hasta aquí: objetivo cumplido”. Sánchez se conforma, pues, con haber realizado el encargo que le hizo el Rey y presume de haber puesto el reloj en marcha para unas nuevas elecciones: “Hemos resuelto el bloqueo de la situación política. Los plazos empiezan a correr y el Estado sale del bloqueo”.

Sánchez propone un Gobierno de "mestizaje ideológico" para desalojar a Rajoy de La Moncloa

Lo insólito, quizás, es que Sánchez haya reconocido por anticipado su fracaso después de pronunciar durante más de hora y media un discurso plúmbeo, con una entonación que recuerda a la de cualquier aburrida sesión plenaria de un martes en el Congreso. En su lectura ha llegado a ofrecer a todo el arco parlamentario, PP incluido, un cheque en blanco para aislar a Mariano Rajoy, para muchos el principal problema que obstaculiza la famosa gran coalición. Como no hay en el actual Parlamento mayoría de izquierdas, ha recordado, lo único posible es recurrir al “mestizaje ideológico”. “Estamos obligados a mezclarnos, tenemos que hacerlo bien. Los socialistas no tenemos líneas rojas. No estamos ante un puzzle irresoluble”, ha dejado dicho. Y también ha hablado de que el PSOE tiende su mano a los 350 diputados que se sientan en el Congreso. A todos, menos a Rajoy, del que Sánchez espera, quizás, que haga una retirada sorpresa en las próximas semanas y cambie todo el decorado de la obra.

El candidato a la Presidencia tampoco ha jerarquizado sus prioridades, la mayoría de ellas instaladas en el batiburrillo pactado la semana pasada con Ciudadanos, que ha enmarcado sin disimulo dentro de lo que ha llamado una “operación”. Ha empleado la misma entonación para defender la derogación de la reforma laboral que para prometer el cierre de las nucleares con más de 40 años de vida o la regulación de la muerte digna. Al problema del paro le ha dedicado cinco párrafos sin precisar ni una sola medida para combatirlo. Al desafío soberanista en Cataluña solo ha hecho una mención marginal que le ha derivado a la manoseada reforma constitucional.

Más suave que nunca en la denuncia de la corrupción, Sánchez promete la España feliz

Y, al final, la descripción de la España feliz que el candidato estaría dispuesto a echar a rodar en una semana, todo parece preparado para hacerlo en una semana, si prosperara su investidura. El lance no tiene desperdicio: “Les propongo una España mejor, donde trabajar garantice llegar a fin de mes. Donde los padres y madres trabajadores tengan tiempo de jugar y educar a sus hijos. Donde el parado tenga garantizada prestación social. Donde ninguna persona sea privada de su vivienda y sufra desahucio. Donde las mujeres cobren igual que los hombres. Donde erradiquemos el terrorismo machista. Donde nuestros jóvenes encuentren trabajo con 20 años, donde sólo el mérito sea la palanca de movilidad social…Donde nuestros hijos tengan siempre un futuro mejor…”.

La intervención de Sánchez no ha dejado demasiado claro como conseguir estos logros. Aparte de no haber cuantificado su coste económico, ha puesto la modificación del artículo 135 de la Constitución como condición indispensable para “garantizar la estabilidad presupuestaria” que es, precisamente, lo que persigue la redacción que José Luis Zapatero le dio en agosto de 2011 para preservarla. En su programa de Gobierno, Sánchez defiende también una rebaja del IRPF para las rentas del trabajo, pero este martes ha criticado la que ha hecho el Gobierno del PP, pues la considera “electoralista”. Por último, no se ha mostrado tan feroz ni lacerante como en otras ocasiones al denunciar la corrupción que anida en las filas populares. “Es un error pensar que es solo un problema del adversario, no caeré en el y tú más”, ha sentenciado, justo cuando arranca una nueva etapa del proceso judicial relacionado con los ERE´s andaluces y tiene en su grupo parlamentario a algún que otro imputado. Este es un espacio abonado para que mañana pueda lucirse Pablo Iglesias.

Solo tres barones del PSOE han viajado a Madrid para seguir el discurso de su secretario general

Solo tres barones del PSOE han acudido al Congreso para escuchar a su jefe de filas: el valenciano Ximo Puig, el extremeño Guillermo Fernández Vara y el castellano manchego Emiliano García-Page. Son, junto a Susana Díaz, ausente este martes de la tribuna de invitados, los que el pasado 28 de diciembre, en el comité federal, más pelearon por cortarle las alas para impedir un pacto con Podemos. Y vaya si lo consiguieron. Este miércoles vuelve el tiempo de Rajoy.


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