España

Los mensajes del 'pequeño Nicolás' evidencian su cercanía con el poder

Don Juan Carlos le respondió a un mensaje el mismo día de su abdicación.

Francisco Nicolás Gómez Iglesias.
Francisco Nicolás Gómez Iglesias. G TRES

El teléfono del Francisco Nicolás Gómez es una mina de mensajes. El sumario de la causa ha incorporado miles de esos textos, entre los que se incluyen conversaciones con el ahora rey emérito, Javier de la Rosa, los exministros Miguel Ángel Moratinos y Miguel Arias Cañete, los Pujol o Carlos García Revenga.

De los mensajes se deduce que no era tan fanfarrón el investigado. Por ejemplo, es real su relación con Don Juan Carlos. Al poco de abdicar, el 2 de junio de 2014, el personaje conocido como ‘pequeño Nicolás’ envío el siguiente texto: “Señor, gracias por los 40 años de mayor prosperidad que ha conocido España. Gracias por la estabilidad que hemos vivido. Gracias por reconciliarnos sin que ninguna de las ‘dos Españas’ se impusiera a la otra. Gracias por plantar cara a los golpistas que querían acabar con la democracia. Un fuerte abrazo. Francisco Nicolás Gómez Iglesias”. El hasta entonces jefe del Estado contestó: “Millones de gracias por esas palabras. Un abrazo. JC”.

La Zarzuela era una obsesión de Francisco Nicolás, que se ofreció a intermediar por la Infanta Cristina en el caso Nóos. Y se dirigió para ello al entonces secretario de las infantas en la Casa del Rey, Carlos García Revenga. Aunque éste siempre negó tener relación con el ‘pequeño Nicolás”, el móvil del joven registra decenas de llamadas y SMS de Revenga, como este: “Hola Fran te parece a las 17:00 en la cafetería de Arturo Delfines?”

Con el financiero catalán Javier de la Rosa el joven también había urdido su tela de falsedades hasta el punto de hacerle creer que su labor consistía en frenar la deriva independentista. Ahora se conoce que De la Rosa le pidió dinero (“mortadela”, “embutido”) por los servicios prestados.

El entramado de la farsa afecta a ayuntamientos y ministerios. Hay mensajes con Miguel Arias Cañete: “Perdona ministro, quería llamar a otro Miguel […]. Fuerte abrazo. Fran”. Y la réplica: “Sin problema Don Francisco. A su servicio”. O con el ministro de Asuntos Exteriores Miguel Ángel Moratinos, que ejerce como comisionista de empresas nacionales en Guinea Ecuatorial. El secretismo rodea sus conversaciones. Nicolás le dice a Moratinos: “Ministro. Ha sido un honor y un placer almorzar contigo. Si te parece bien, hasta que me decida en el asunto que hemos hablado, mantendremos con total discreción y prudencia nuestro almuerzo con todos”. La respuesta resulta inquietante: “Gracias por la invitación. No te preocupes por lo hablado. Toda la discreción es necesaria”.                                                                                   


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