El desafío independentista Diario de un guardia civil voluntario en Cataluña

Juan, el nombre ficticio de uno de los miles de agentes desplazados a Cataluña, constata la solidaridad y el apoyo del pueblo catalán, pero también las amenazas y las agresiones de los radicales: "Estamos protegiendo el Cuartel de Canovelles, que había sido atacado cuatro días antes de que llegáramos".

Agentes de la Guardia Civil en Sant Julià de Ramis (Girona).
Agentes de la Guardia Civil en Sant Julià de Ramis (Girona). EFE

Juan, nombre ficticio de uno de los guardias civiles que de forma voluntaria se han desplazado de otras partes de España a Cataluña, dejó a su mujer en Asturias para el pasado 27 de septiembre acudir a proteger el Cuartel de la Guardia Civil de Canovelles, una localidad a dos kilómetros de Granollers, la capital de la comarca del Vallés Oriental, a unos 30 kilómetros de la ciudad de Barcelona.

"Nosotros, al llegar, hablamos con el jefe del acuartelamiento y le dijimos que los asturianos estamos dispuestos a quedarnos ahí las horas que hagan falta, y nos da igual si hay que doblar turnos. Y él se quedó un poco sorprendido y dijo que estaba alucinando con los asturianos. Nosotros le expusimos la situación, que no era otra que veníamos voluntarios, y que nos daba igual si nos iban a pagar o no, y que estábamos dispuestos a doblar turnos o lo que hiciera falta para proteger a las familias", asegura a Vozpópuli.

¿Y qué misión desempeñan Juan y sus compañeros en Canovelles? "Estamos protegiendo un cuartel que había sido atacado cuatro días antes de que llegáramos. Y nos encontramos una situación dantesca, porque en el cuartel había guardias que llevan viviendo ahí 25 años, y sus mujeres son catalanas y los niños van a los colegios, y todos están muy preocupados", explica este guardia, que al igual que el resto de agentes asturianos que cumplen la misión de defender Canovelles de los posibles ataques de los independentistas se aloja en el Cuartel del Ejército de Tierra del Bruch, en el barrio barcelonés de Pedralbes. 

Juan, que destaca la tensión que se vive en Cataluña, sostiene que el Cuartel de Canovelles tiene un importante simbolismo para la Guardia Civil, "ya que el edificio tiene forma de tricornio". Y nada más llegar, las informaciones que les dieron los mandos les alarmaron: la pareja de un guardia joven había abandonado el cuartel después de un ataque.

"Rodearon el cuartel y comenzaron a lanzar piedras. Cerraron las puertas y comenzaron a tirar piedras a las zonas de las viviendas, dónde viven las familias de los guardias", relata Juan, que explica que en Canovelles los insultos son constantes: "De vez en cuando pasan coches pitando y nos llaman hijos de puta, cabrones, y nos dicen que nos vayamos fuera de Cataluña, pero en comparación con los gestos de apoyo, son muchos menos los ataques que sufrimos", explica Juan.  

"La novia de un guardia en prácticas, que había llegado de la academia, estaba en el cuartel cuando lanzaron las piedras. Las familias se escondieron en las viviendas, y esta chica se metió en el baño y sufrió un ataque de pánico, y los compañeros no consiguieron sacarla durante un buen rato, ya que entró en shock", se lamenta este agente.

Miedo por sus mujeres e hijos

Y esta chica, que nunca había vivido en una casa cuartel, tras sufrir el ataque y entrar en pánico, explica este agente, abandonó Cataluña por miedo el día siguiente: "Y todos los compañeros están en tensión y tienen miedo por sus mujeres y sus hijos". Además, según le cuentan sus compañeros, algunos familiares han llegado a sufrir acoso en sus trabajos, "y los niños también están teniendo problemas en los colegios".

Por eso, la llegada de la veintena de guardias asturianos al Cuartel de Canovelles fue recibida con "alegría" por los agentes que viven allí, "ya que se sienten un poco solos, y ahora están un poco más arropados", explica Juan, que no obstante asegura que están preocupados "porque al final nos tendremos que ir".

Sin embargo, el testimonio de Juan no apunta hacia una exagerada hostilidad de los catalanes a la Guardia Civil, tal y como se ha visto durante todo el martes, día de la huelga promovida por el Gobierno de la Generalitat: "Nosotros veníamos mediatizados por los medios de comunicación y pensábamos que íbamos a encontrar un territorio hostil. Pero nada más lejos de la realidad", asegura este guardia, que explica sus vivencias con la población de Canovelles: "Nos ha sorprendido la acogida de la sociedad. La gente de forma espontánea viene al cuartel para darnos su apoyo, y el teléfono no para de sonar para darnos las gracias".

La gente viene al cuartel a contarnos que en su trabajo estaban recibiendo amenazas y acoso, y que no pueden hablar porque si dicen algo les llaman fascistas o fachas. Les insultan".

Juan destaca alguna de las situaciones que le ha tocado vivir: "Gente mayor llorando que nos abrazaba, y eso nos ha llegado al alma", explica este agente, que confiesa que no supo reaccionar: "No nos esperábamos eso. Y ahora vemos que la gente viene al cuartel a contarnos que en su trabajo estaban recibiendo amenazas y acoso, y que no pueden hablar, porque si dicen algo les llaman fascista o facha. Les insultan", resalta este joven guardia.

Agentes de la Guardia Civil protegen a un padre con su hijo.
Agentes de la Guardia Civil protegen a un padre con su hijo. EFE

"Un hombre que es enfermero en un hospital me ha contado que allí los sindicatos estaban controlados por los independentistas, y que tenía que estar callado, y si decía lo que opinaba le insultaban o le hacían mobbing en el trabajo. Y nos contaba todo como desahogándose", relata Juan.

Sin embargo, no todo en Canovelles está siendo tan positivo para esta guardia de Asturias y sus compañeros: "Un día nos llegó información de los vecinos de que los de la CUP querían tomar el cuartel, ya que en los últimos días sufrimos situaciones parecidas, y por eso nos mantuvimos en alerta", destaca Juan, que sostiene que los vecinos "están preocupados por nosotros. Nos han ofrecido dinero y hasta sus casas por si necesitábamos alojamiento".

"Veníamos a impedir que unas personas cometieran una ilegalidad, y de repente nos damos cuenta de que en realidad vamos a ayudar a una gente que está acosada"

"Y el otro día una señora nos trajo un jamón al cuartel. Y se lo agradecimos, pero le dijimos que no queremos nada ni necesitamos nada. Y la señora estaba llorando, y nos dijo que hasta ahora no había podido hablar, y que llevaban mucho tiempo amedrentados. Era como si alguien hubiese venido a salvarlos", destaca este agente asturiano, que asegura: "Veníamos a impedir que unas personas cometieran una ilegalidad, y de repente nos damos cuenta de que en realidad vamos a ayudar a una gente que está acosada".

"El otro día los de la CUP pusieron una pancarta, pero después llegaron otras personas y la quitaron, y pusieron dos de España. Y aquí la gente nos dice que antes a la gente aquí ni se le ocurría hacerlo, y el otro día ocurrió", completa este guardia.

Están "muy jodidos"

Juan confiesa que él y sus compañeros en Cataluña están "muy jodidos" por todo lo que está pasando. Y preguntado por qué cree que la mayoría silenciosa de catalanes, que no quiere la independencia, no sale a la calle, asegura: "Tienen miedo, son trabajadores y no quieren salir a la calle porque se enfrentan a gente muy agresiva. Y si nosotros nos marchamos, pues volverían a la situación que estaban viviendo hasta ahora. Estando protegidos por nosotros se atreven a hablar, ya que sienten la oportunidad de contar lo que están viviendo. Y nosotros nos sentimos como si fuéramos psicólogos".

Sin embargo, el peor momento lo vivieron Juan y los otros compañeros el 1 de octubre por la noche, justo después de llegar de la jornada en Canovelles: "Estábamos en el acuartelamiento, en la zona de los pabellones militares. Ahí dormimos 40 o 50 compañeros que hemos llegado de distintos sitios. Y tras una charla, yo me quedé enviando mensajes a mi mujer junto a otros tres o cuatro compañeros que estaban fumando un cigarro, y de repente sentí un impacto muy cerca de mí, y resulta que era una piedra de grandes dimensiones".

Piedras lanzadas a los guardias del Cuartel del Bruch en Pedralbes.
Piedras lanzadas a los guardias del Cuartel del Bruch en Pedralbes.

"Y después tiraron más. Y tuvimos que refugiarnos cerca de un muro. Y las cámaras detectaron que unos encapuchados con un artefacto empezaron a lanzar las piedras. Algún vecino les diría dónde estamos. Si pasa diez minutos antes, podría haber pasado algo grave", lamenta esta guardia civil asturiano.

Juan, que desempeña su trabajo en Canovelles a turnos y sin horarios fijos, explica que siempre están en alerta. "No tenemos una jornada definida, depende de la situación y nos dedicamos a la protección del acuartelamiento y a las familias".

Cuando a Juan se le pregunta por los Mossos, este guardia explica que "es un tema complicado", ya que hasta el momento sólo dos parejas se han acercado a ellos: "Al principio la situación fue un poco tensa, por todo lo que había pasado, pero al final nos pidieron perdón y nos dijeron que estaban avergonzados por la imagen que había dado el cuerpo, y que ellos no tenían nada que ver. Nos venían a decir que los independentistas tenían el mando de la policía catalana. Y que muchos compañeros se dieron de baja para no participar en nada".

Cuartel de la Guardia Civil de Igualada.
Cuartel de la Guardia Civil de Igualada. EFE

Juan lamenta, también, que la mayor parte de los ataques que están sufriendo no salen en la prensa: "Ayer [lunes] los compañeros estaban hablando del ataque que estaban sufriendo en Igualada, "con cócteles mólotov, y eso no lo he leído en ningún medio de comunicación".

En ninguna parte de España he notado tanto cariño como en Cataluña. No sé si será por la situación que se vive, pero el otro día un señor mayor nos quería dar dinero y llorando nos decía que no nos fuéramos".

Cuando pueden y tienen un rato, los guardias salen del cuartel, aunque con precaución, "y hasta en los semáforos nos dan la mano para darnos las gracias. En ninguna parte de España he notado tanto cariño como en Cataluña. No sé si será por la situación que se vive, pero el otro día un señor mayor nos quería dar hasta dinero y llorando nos decía que no nos fuéramos. Y los compañeros le dijeron que no tenía que darnos nada, sino que veníamos a defenderle", finaliza Juan, que explica que en los establecimientos no han tenido ningún problema.

Sin embargo, a Juan no le sorprende que en Calella y en otras localidades hayan expulsado a los agentes, porque "el poder que tiene esta gente, aunque en Calella gobierne el PSC, es muy grande, y todo el mundo trata de situarse por si todo cambia".


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