España

Sánchez pidió socorro a UGT para salvar ante el PSOE el pacto con Ciudadanos

Recuperar el control sindical en las empresas anterior a la reforma laboral del PP. Este es el precio que ha tenido que pagar Pedro Sánchez a UGT para que avale el acuerdo con Ciudadanos y facilite su aprobación en el comité federal del PSOE.

Pedro Sánchez saluda a Cándido Méndez en presencia del presidente de CEOE, Juan Rosell.
Pedro Sánchez saluda a Cándido Méndez en presencia del presidente de CEOE, Juan Rosell. EFE

En la negociación del acuerdo previo a la investidura alcanzado entre el PSOE y Ciudadanos, Pedro Sánchez trasladó a Albert Rivera que el único camino que tenía para salvar ante el PSOE el documento de 66 folios era conseguir previamente el apoyo de UGT, un sindicato desprestigiado que sigue contando con una maquinaria relativamente potente y conserva gran influencia sobre los socialistas. Para ello, tutelado por Cándido Méndez, vio imprescindible que en el texto figurara el compromiso de devolver a las centrales el control sobre la negociación colectiva con el fin de recuperar el poder perdido por ellas en las empresas después de la reforma laboral aprobada por el PP. Rivera transigió con esta condición, lo que permitió a Sánchez salvar los muebles ante el comité federal de su partido después de someter a consulta de la militancia el acuerdo y conseguir solo una participación del 51%.

UGT aceptó apoyar a Sánchez en el pacto con Ciudadanos cuando vio que defendía la recuperación del control de la negociación colectiva

La contrarreforma laboral que ahora defienden los socialistas y Ciudadanos implica la demolición de los cimientos sobre los que la ministra de Empleo, Fátima Báñez, ha facilitado la creación de más de 500.000 empleos al año. Se trata de un regreso al pasado que también ha suscitado diferencias dentro de la propia ejecutiva federal del PSOE, hasta el punto de que Mari Luz Rodríguez, una de las personas más cercanas a Sánchez desde antes de su aterrizaje en la secretaria general, defendió con tanta vehemencia como éxito nulo el encarecimiento del despido, lo contrario justamente de lo que hizo Zapatero en la reforma laboral que llevó al Congreso en 2010 y que motivó, incluso, una huelga general.

Dentro del Partido Socialista no hay una opinión uniforme sobre las ventajas de la contrarreforma que en el ámbito laboral incorpora el acuerdo con Ciudadanos, algo que también sucede en la formación de Rivera. En síntesis, el pacto apuesta por la supresión de la prioridad del convenio de empresa sobre los de ámbito superior y recupera la denominada ultraactividad, a través de la cual podían mantenerse vivas las condiciones de un convenio durante su renegociación, hasta un límite de 18 meses, quedando la última palabra en manos de un procedimiento arbitral. En el PSOE hay quien admite que medidas como éstas implican un regalo a los sindicatos bajo el mantra de la negociación colectiva, aunque pueden volver a dañar seriamente el mercado laboral ya que si algo ha demostrado la experiencia ha sido que a más rigidez y menos flexibilidad, mayor número de despidos como vía rápida para acomodar la situación de las empresas a cada ciclo económico. Fue algo que tuvo muy en cuenta este Gobierno cuando llevó al Congreso la reforma aprobada en el verano de 2012.

Reducción a tres de los modelos de contratos

En la dirección del PSOE tampoco se comparte de forma unánime la reducción a tres de los modelos de contratación que contiene el acuerdo con Ciudadanos y mucho menos el fomento disfrazado de la temporalidad que implica el llamado "contrato estable" que, con una duración máxima de dos años, lleva adosada una indemnización de 12 o de 16 días, según cuando se produzca el despido. Los expertos concluyen que en la legislación vigente es necesario justificar (contrato de obra o servicio) el contrato temporal, mientras que con la que proponen el PSOE y Ciudadanos se elimina la causalidad, permitiéndose el contrato temporal puro y duro. Es algo que han aceptado sin rechistar los sindicatos, a pesar de su oposición inicial a un pacto con la formación de Albert Rivera.

El pacto entre Sánchez y Rivera fomenta de manera disfrazada la temporalidad en el empleo

Pedro Sánchez presenció el miércoles la despedida de Cándido Méndez como secretario general de UGT en la inauguración de su 42º Congreso, donde se vio acompañado de José Luis Rodríguez Zapatero, el expresidente andaluz Manuel Chaves y los presidentes de Extremadura y la comunidad valenciana, Guillermo Fernández Vara y Ximo Puig. En representación del Gobierno asistió la ministra Fátima Báñez y del poder territorial del PP los presidentes de Madrid y Galicia, Cristina Cifuentes y Alberto Núñez Feijóo. En el Partido Socialista no pasó desapercibida la ausencia en el acto de la presidenta andaluza, Susana Díaz, gesto que responde a las tensiones que ha originado en el sindicato la gestión por parte de la Junta del escándalo de los EREs y la desviación de la mayor parte de las responsabilidades hacia la UGT.


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