'Mi pueblo no se cierra', eje de la campaña para arañar el voto local

El PP librará en 'la España olvidada' su batalla decisiva contra Ciudadanos

El Partido Popular quiere retener su voto tradicional en las zonas rurales, un caladero que puede resultar definitivo de cara a los resultados del 20D. Rivera consigue arañar simpatizantes del PP entre el sector de la población más joven y urbano. Génova anunció este lunes que empieza la batalla por los escaños de la 'España olvidada'.

El presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, durante su visita a la localidad lucense de Portomarín.
El presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, durante su visita a la localidad lucense de Portomarín. Efe

Los restos de votos en las pequeñas provincias, especialmente en las dos Castillas, pueden decidir el color de un Parlamento, según disponga el sistema de la ley D'Hont.  El Partido Popular, consciente de su fuerza en las poblaciones con menor número de habitantes, ha decidido emprender una batalla por retener esos votos, a los que de momento, Ciudadanos no parece llegar. "Mi pueblo no se cierra" es el nombre de esta campaña, que el portavoz del partido, Pablo Casado, anunció este lunes ante los medios. Las encuestas anuncian aún un porcentaje de indecisos superior al 30 por ciento, muchos de ellos residentes en localidades pequeñas o en pueblos tradicionalmente olvidados. Se trata de un elector que se inclina por las siglas que encarnan el bipartidismo, en Andalucía y Extremadura con color socialista y en Castilla y León de tendencia conservadora.

El tercer partido, en este caso Ciudadanos, disputa los restos que distribuye la ley D'Hont

Los llamados restos que tradicionalmente distribuye la ley D'Hont en estos distritos electorales pueden orientarse en esta ocasión hacia el tercer partido en disputa, es decir, Ciudadanos, que en el caso de conseguir su objetivo puede cosechar allí más del treinta por ciento de sus potenciales escaños. De ahí que los estrategas del Partido Popular hayan decidido apostar en forma decidida por este electorado, más alejado de las redes sociales que las grandes urbes y escasamente seducido por lo que se denomina 'la nueva política'. El PP va a centrar una buena parte de su atención en estos territorios, con una iniciativa, dirigida por Fernando Maíllo, vicesecretario general del partido, quien además ocupó el cargo de presidente de la diputación de Zamora y vicepresidente de la Federación de Municipios. Es la 'batalla de lo local', como la definía uno de los dirigentes del PP, la disputa por un voto muy diseminado, integrado por gente mayor, rural y escasamente orientado hacia las aventuras a la hora de las urnas.

El PP pretende desarbolar la estrategia de Ciudadanos, su gran rival en estas circunscripciones, con una defensa a ultranza de los ayuntamientos y de las diputaciones, en contra de los planteamientos de Rivera, que ha defendido la supresión y fusión de municipios y la desaparición de las diputaciones. Ni se clausuran consistorios ni se dinamitan las diputaciones, viene a ser el eje de este plan del PP, que, de acuerdo con las explicaciones de su portavoz, tiene muy presente a esa "España rural y tradicionalmente ignorada".

Un calendario tradicional

Madrid y Valencia son los caladeros tradicionales del PP, que también pretende mantener su porcentaje electoral en Andalucía, donde hay más de 60 escaños en disputa. Pero no puede ceder ni un diputado en las dos Castillas, ya que esas papeletas 'desertoras' irán a parar directamente a Ciudadanos, un partido en alza en las encuestas y cuyo secretario general logra enganchar el voto más joven de los populares pero no traspasa la barrera de los mayores de cincuenta años, que en el censo electoral español son mayoría. Dirigentes del partido, ministros y altos cargos se enfrascarán en la tarea de circular por estas localidades, no siempre muy bien tratadas por los cuarteles generales de los grandes partidos. El fenómeno de los 'paracaidistas' o 'cuneros', como los ministros Íñigo Méndez de Vigo, nacido en Tetuán, donde su padre estaba destinado, designado como número uno por Palencia o el madrileño Rafael Catalá por Cuenca, es una tradición en la política española que no siempre es del agrado de las agrupaciones sectoriales afectadas.

Dirigentes del partido, ministros y altos cargos se enfrascarán en la tarea de circular por estas localidades, no siempre muy bien tratadas por los cuarteles generales de los grandes partidos

Génova ya ha desvelado que Rajoy arrancará su campaña electoral en Andalucía y la cerrará en Valencia, cual manda la tradición. Un calendario muy tradicional, en la línea de lo que siempre ha hecho el PP. Pero hasta el día 5 de diciembre no cesará apenas en sus movimientos por todo el territorio. Esta semana viaja a Sevilla y, tras varios desplazamientos más, recalará en la propia Comunidad Valenciana para desvelar el programa electoral de su partido cuyas líneas maestras ya han sido ampliamente anunciadas. Unidad de España, recuperación económica y símbolos nacionales serán tres de los puntales de esta campaña, en la que, sin duda, tanto Cataluña como la seguridad frente al terrorismo conformarán buena parte de los mensajes de sus candidatos. El presidente ha anunciado en repetidas ocasiones que el asunto de Siria y su derivada en forma de atentado sangriento en París, no ha de ser objeto de polémicas durante esta campaña. En Moncloa se recibió con enorme contrariedad la polémica suscitada por el ministro de Exteriores, García-Margallo, sobre la posible presencia de tropas españolas para relevar al despliegue francés en Mali y otros puntos de África.


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