Venganzas y conspiraciones en el nacionalismo

El plan secreto de Artur Mas: defenestrar a Puigdemont y recuperar la presidencia

Artur Mas prometió que no volvería a ser candidato. Ya se ha arrepentido. Sus planes pasan por defenestrar a Puigdemont, a quien considera un desleal, y recuperar la presidencia de la Generalitat que tuvo que abandonar hace tres meses.  

El expresidente de la Generalitat, Artur Mas, junto a su sucesor, Carles Puigdemont.
El expresidente de la Generalitat, Artur Mas, junto a su sucesor, Carles Puigdemont. EFE

Está fuera de sí. No se ha calmado desde que abandonó la Generalitat. Quiere volver al poder, recuperar su despacho, aparecer en el balcón. Algunos de sus amigos más íntimos y fiables aseguran que Artur Mas pretende volver a ser President. Considera que el chantaje de la CUP, que le obligó a ceder el puesto a Carles Puigdemont, ya está superado y que las circunstancias han dado un vuelco vertiginoso.

Así quería Mas a su sucesor: con un pasado turbio y un presente preñado de incógnitas. Débil y vulnerable

No se resigna. La presidencia es suya. Fue a Mas a quien se le ocurrió el nombre de Carles Puigdemont, un ignoto alcalde de Gerona, como candidato inocuo, como solución de compromisov, para que la CUP aceptara que Convergencia (ahora Democracia y Libertad) continuara al frente del Gobierno. Puigdemont presenta un perfil político de tercera y, además, está asaeteado por escándalos de corrupción en su época municipal que ahora emergen sospechosamente. Cientos de miles de euros de subvenciones a una empresa de comunicación casi inexistente, con su esposa, de nacionalidad rumana, de por medio. En ámbitos nacionalistas aseguran que hay más asuntos vidriosos, más affaires que irán saliendo. "Está tocado", aseguran.

Así lo quería Mas: con un pasado turbio y un presente preñado de incógnitas. Débil y vulnerable. Puigdemont, sin embargo, planta cara a las informaciones que le sitúan en las fronteras de la corrupción. Pero su figura empieza a resquebrajarse. En los planes de Mas no entraba volver a presentarse como candidato. Lo dijo hace unos meses, al saltar precipitadamente del Palacio de la Generalitat. Pero las cosas pueden cambiar. Esta misma semana, el líder de DyL modificaba drásticamente sus postulados. Ya no se descarta como candidato. Su firme promesa ‘ha quedado obsoleta’, aseguraba en una entrevista radiofónica. Lo que hace tres meses era serio e inamovible, ahora es mera filfa coyuntural, superada por los acontecimientos. “Ya no se puede cumplir la condición de no volver a presentarme, pero no quiere decir que aspire a volverme a presentar”. Un galimatías que se traduce en que las puertas al posible retorno, que había sellado a cal y canto hace unas semanas, quedan abiertas.

Actitudes despreciables

Mas se siente ninguneado por Puigdemont. El actual president ignora sus compromisos con quien le puso en el cargo. ¿Éste quién se cree que es?”, clama estos días Mas en su entorno más estrecho. Pretendía Mas convertirse en una especie de gran embajador de Cataluña por el mundo. Ha chocado con el titular de Exteriores, Raúl Romeva, que le ha puesto en su sitio. Esto es, que se centre en el partido y que se olvide del Govern.

"¿Éste quién se cree que es?”, clama estos días Mas sobre Puigdemont en su entorno más estrecho

Desde que abandonó la Plaza de San Jaime, Artur Mas se dedica a las labores de refundar Convergencia. Cambió de nombre para las elecciones de septiembre. Ahora se denomina Democracia y Libertad, una marca que a nadie convence. El partido está en las penúltimas. La militancia huye, les atosigan las deudas, tiene las sedes embargadas y un horizonte plagado de incógnitas. El propio Mas ha señalado que la nueva formación deberá refundarse como un partido soberanista y no independentista. Es decir, después de tres años de disparates secesionistas, de movilizaciones, de gastos, de tensiones, provocaciones... todo eso, queda de momento congelado. Y retorno a los postulados de Pujol. La independencia, en su momento. 

Mas no sabe qué hacer con el partido, porque tiene la mirada fija en la Generalitat. Algunos de sus asesores le recomiendan que explore 'la vía PNV'. Es decir, que él mismo presida una Convergencia refundada y potente desde donde se decidirá el nombre del candidato a la Generalitat. Como en los tiempos de Arzalluz. Una bicefalia con un sólo control de las riendas. En ese caso, Mas pondría como cabeza de cartel a alguno de sus fieles como Josep Rull, que ahora ocupa una conselleria, o a Francesc Homs, el portavoz en el Congreso de los Diputados. Este sería el plan B. Pero la ambición de Mas, que pasó de la depresión al descontrol, y que ahora está desatado, de acuerdo con las mencionadas fuentes, es volver al Palau y recuperar el cargo de President que le arrebató un “chantaje inadmisible” de la CUP. Puigdemont, por si acaso, mira cada mañana debajo de la mesa de su despacho por si aparece la sombra de su predecesor.


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