El líder de la Xunta catapulta a Rajoy como candidato a las terceras elecciones Feijóo arrolla en Galicia y se convierte en el sucesor de Rajoy 

Alberto Núñez Feijóo emerge como el gran triunfador de la noche electoral, consolida la figura de Rajoy y apuntala su perfil de posible relevo de futuro en el PP.

Alberto Núñez Feijóo se consagra como el vencedor incontestable del 25S, con un resultado histórico al revalidar por tercera ocasión su mayoría absoluta con 41 escaños y más de un 48 por ciento de los votos. El actual presidente de la Xunta se convierte así en el único presidente regional español que no necesita buscar respaldos de otras fuerzas políticas para gobernar.

El resultado gallego arroja un segundo vencedor, Mariano Rajoy, que le permite blindar su liderazgo, tanto nacional como interno. Se implicó personalmente en la campaña gallega y su más directo rival, Pedro Sánchez, ha sufrido un severo castigo en el feudo vasco, y un retroceso en Galicia. El presidente en funciones ha convocado para este lunes a su Comité Ejecutivo y todo hace indicar que será la ocasión para sacar pecho, encaramarse en la victoria de su partido en Galicia y subrayar los lamentables resultados del partido de Sánchez, a quien se le pondrá muy difícil mantener viva la teoría de ser presidente del Gobierno cuando no ha conseguido victoria alguna en todas las elecciones celebradas en nuestro país desde que él ocupa la secretaría general. Rajoy vence a Sánchez, es la lectura de la noche a escala nacional. Estos resultados le facilitan al líder del PP aparecer ya como candidato indiscutible a las terceras elecciones, cada vez más claras y, tras lo ocurrido este domingo, con enormes posibilidades de una victoria aún más holgada que las dos citas anteriores.

El triunfo espectacular de Feijóo le sitúa sin discusión en la rampa de lanzamiento como la principal alternativa a Rajoy

Feijóo, que llevó a cabo una campaña electoral en torno exclusivamente a su figura, alejada del PP, de Moncloa y hasta casi del propio Rajoy, aparece no sólo como el político imbatible en su región, sino como la clara apuesta de futuro del propio Partido Popular, en unos momentos en los que la situación del bloqueo institucional en Madrid han puesto en cuestión, en diversos momentos, la propia figura del inquilino de la Moncloa. Nadie espera extraños movimientos en el futuro inmediato, entre otras cosas porque Feijóo huye de aparecer obsesionado con el salto a Madrid. Su compromiso con Galicia es firme, y más después de esta abrumadora victoria. Su triunfo espectacular, no obstante, le sitúa sin discusión en la rampa de lanzamiento como la principal alternativa a Rajoy en el caso de que se produzcan situaciones inesperadas en los próximos meses. Feijóo es ahora el principal y casi único rostro de la victoria en el PP. Sus resultados del domingo le sitúan como el primus inter pares entre todos los barones de su formación y, desde luego, como serio aspirante a cualquier posibilidad de relevo, cercano o futuro, en la cúspide del PP. Sin apenas siglas del PP en su campaña, sin referencias al Gobierno de Madrid, sin presencia de ministros, sin coincidir en con Rajoy más que en dos mítines, sin el himno de su formación, sin banderas partidistas, Feijóo ha conquistado a pulso un resultado que le sitúa claramente en el puesto número uno a la hora de pensar en una posible sucesión de Rajoy.

Buenos augurios para el PP

En el caso de que el presidente del Gobierno en funciones no logre alcanzar los respaldos suficientes para su investidura y, si del otro lado, tampoco Pedro Sánchez redondea ese objetivo, nadie duda ahora mismo de que el candidato del PP en las terceras elecciones sería Rajoy. El severo revés sufrido por Ciudadanos también libera a los populares de las presiones negociadoras a las que estaba sometido e incluso refuerza la teoría de que votar naranja es tirar el voto, tal y como se ha proclamado en esta campaña. Se da por hecho que en los posibles comicios de diciembre, el PP sería el único partido que aumentaría su representación parlamentaria, lo que fortalecería la imagen de Rajoy.

El futuro del partido, sin embargo, queda abierto a la celebración del congreso eternamente aplazado, que debería llevarse a cabo a principios de 2017. Y sería ahí donde Feijóo, incluso sin abandonar Galicia, podría optar a la presidencia de su formación, con un secretario general ejecutivo, como sería Fernando Maíllo o Pablo Casado. Rajoy permanecería en Moncloa, en una bicefalia al estilo del PNV, jamás intentada por un partido nacional.

Estas elucubraciones están muy alejadas, ahora mismo, de la cabeza de Feijóo, quien ha ganado su apuesta, y lo ha hecho en forma aún más clara que en los comicios de 2012. Rajoy todavía tiene que superar la suya. No hay ninguna certeza en el horizonte. Incluso la posibilidad de que el PNV se apoye en el PP en el País Vasco para gobernar está en el aire, ya que ese papel podría cumplirlo a la perfección el PSOE, a pesar del enorme batacazo sufrido en esta comunidad autónoma.

Mariano Rajoy llegó a la sede del PP una hora antes de que se cerraran los colegios electorales. Allí estaban también la vicepresidenta del Gobierno, Soraya Sáenz de Santamaría, la secretaria general del PP, Dolores Cospedal, los vicesecretarios y altos cargos de la formación. Rostros tranquilos desde primer hora, en especial por los datos que llegaban de Galicia, con el triunfo sin disputas para Núñez Feijóo, y escasa sorpresa con lo obtenido en el País Vasco, una comunidad en la que el PP ha dejado de señalar entre sus prioridades. Felicitó a los dos ganadores, a Feijóo y a Urkullu, también habló con Alfonso Alonso, que consiguió en el País Vasco igualar su resultado con el PSOE.  

Galicia fue el símbolo del punto final de la decrepitud de los populares

Galicia ha sido la rampa de lanzamiento y la tabla de salvación de Mariano Rajoy. En 2009, tras el tenso y casi cismático congreso de Valencia, luego de su segunda derrota electoral ante Zapatero, el futuro del presidente del PP pendía de un hilo. Menudeaban las intrigas, abundaban las conspiraciones y Rajoy no lograba imponer un liderazgo heredado, fruto del ‘dedazo’ de José María Aznar.

La remontada de Galicia

Entonces surgió Galicia, con Núñez Feijóo a la cabeza, y logró una victoria incontestable de mayoría absoluta, con 250.000 votos y más de quince puntos por encima del PSOE. Las banderas del PP, mohínas y arrugadas desde la derrota electoral de 2004, en circunstancias tan especiales, volvían a ondear victoriosas. Lo hacían, además en la tierra de su presidente, en territorio ‘mariano’. Rajoy se había volcado en la campaña de Feijóo, a pesar de que ambos dirigentes nunca han mantenido unas relaciones estrechamente afectuosas. Y lo consiguió. El PP emergía claro vencedor en unas elecciones autonómicas muy complicadas. La remontada de Rajoy hacia la Moncloa acababa de empezar. Cierto que en unos meses antes, en junio de ese mismo 2009, el PP ya había mostrado síntomas de recuperación al imponerse en las elecciones europeas, cuando Mayor Oreja se impuso a López Aguilar por más de cuatro puntos.

Dos años después, en 2011, el PP tocaría nuevamente la cima de la gloria con un triunfo incontestable por mayoría absoluta en las elecciones generales. Rajoy logró 186 escaños frente a los 110 de Pérez Rubalcaba. La formación conservadora regresaba al poder tras ocho años de durísima travesía del desierto. Galicia fue el símbolo del punto final de la decrepitud de los populares. Y mostró el sendero hacia la Moncloa. El PSOE también ayudó lo suyo. La segunda legislatura de Rodríguez Zapatero ha pasado a los anales de nuestra reciente historia como la más desastrosa desde la restauración democrática.

 El voto de los mayores de 45 años es definitivo en Galicia, ya que representan casi el 56 por ciento del censo electoral. Ese segmento de la población se inclina mayoritariamente por los partidos tradicionales, en especial por el Partido Popular, ya que tras la experiencia del bipartido de socialistas con el Bloque, las siglas del PSOE empezaron a experimentar una tendencia declinante en la comunidad gallega.


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