Entrentenidos

Un sistema que agoniza

Los síntomas de que este sistema: político, económico, social y ambiental, no da más de sí y que agoniza no pueden ser más evidentes. Los estertores, los despropósitos que acumula, no pueden ser mayores.

Un Rey que es descabalgado de la presidencia de la conservacionista WWF porque es pillado in fraganti cazando elefantes, en compañía de una amiga. O se es amigo de la naturaleza y la vida, o no. Comer sopas y sorber, majestad, no.

Un yerno del anterior haciendo negocios con la varita mágica de presentación de su suegro y llevándose crudo lo público, lo privado y lo medio pensionista.

Un juez que pone en la calle a dos presuntos, o no, asesinos después de 17 años de toneladas de dolor y sufrimiento de una familia y tanta y tanta gente, en cuya operación la Benemérita Guardia Civil se ha dejado el pellejo y horas y horas de investigación, incomodidad, privaciones para que ahora venga un magistrado, muy chulo él, y les propine unas inesperadas bofetadas a los familiares y deje en cueros a una de las pocas instituciones que merecen la pena en esta España.

Un juez de jueces y el mayor impartidor de justicia, pillado in fraganti pasando tropecientos fines de semana con su amigo el escolta, al que sus próceres colegas apuñalan como a César y se niegan también a poner sus cuentas sobre la mesa que a él le exigieron y no dispuestos a perder privilegios y canonjías.

Una casta política, erre que erre, votando, por principio, lo contrario a lo que diga su opositor aunque tenga razón, dando el espectáculo en el circo mundial, cual si se tratase del número de los Payasos Hermanos Tonetti (que ellos me perdonen). No queriendo cambiar nada para que, efectivamente, nada cambie, ni ley electoral, ni adelgazamiento de SU Estado, ni dejar de auto adjudicarse subvenciones, ni soltar el poder financiero, ni renunciar a ser sufragados  por los impuestos de todos.

Unos sindicatos gobernados por esa extraña pareja, cual las célebres Pili y Mili de nuestra juventud, que ríanse uds de los  más amarmachados matrimonios nacionalcatolicistas de los años cuarenta y cincuenta, donde no se sabe donde empieza el uno y acaba el otro en un fructífero amancebamiento de las dos organizaciones verticales.

Un Banco de España y una Comisión del Mercado de Valores, que no mueven ni un dedo mientras ven como una canalla política encaramada en las Cajas de Ahorros dilapidaban los ahorros del común de gentes, al tiempo que las mismas clases políticas en el poder nos obligaban a sacar las castañas del fuego y salvar a las instituciones que nos llevaron a esta gran miseria que nos inunda.

Unos ex presidentes y ex ministros sentados en poltronas muy bien retribuidas, compatibles con otros retiros públicos, entendiendo hoy sobre asuntos que fueron objeto de su competencia.

Unos diputados que nos imponen las burocracias de los partidos políticos, que no nos representan, a quienes no se puede pedir explicación alguna, cuyo cometido es apretar el botón que le ordenan apretar, so pena de ser expulsados del sistema y que, según casos, necesitan distintos números de votos para representarnos, lo que echa por tierra el principio de una persona, un voto.

Unos banqueros que no sueltan ni un duro para levantar la economía y hacen su negocio especulando entre ellos con los dineros que les da el BCE y los políticos para salvar sus ruinas, al tiempo que nos han mentido vendiéndonos como buena su basura, quedándose con nuestros ya menguados ahorros.

Un sistema judicial cómplice por omisión de tanta delincuencia.

Unas autonomías, o suyas, acostumbradas a dilapidar sin tino, fingiendo a su conveniencia acercamientos o alejamientos del poder central, guarida de nacionalismos independentistas, que han hecho trizas nuestra Nación, en el juego de nacioncitas de la señorita Pepis y que hacen inviable nuestro Estado.

Una democracia, degradada en partitocracia, caricatura de un auténtico Estado de Derecho, sin una auténtica separación de poderes, con el poder judicial allanado por los partidos políticos, y lejano del aprecio de la gente y los ciudadanos, que ven en él un instrumento de los políticos para salvaguardar sus intereses.

Una educación, con un profesorado mayoritariamente proveniente de la LOGSE, con nefastos planes de estudio, maestros sin autoridad institucional científica ni moral alguna, amenazado por el alumnado y buena parte de los padres, donde el esfuerzo y el mérito han quedado relegados para servir de mofa a los pocos que se atreven a discurrir por esa senda.

Una investigación postergada, maltratada, y humillada, con presupuestos, medios y salarios de hambre para sus investigadores.

Una economía instalada en una permanente desconfianza como consecuencia de las locuras perpetradas por unos políticos irresponsables, alocados e incompetentes que dejaron campar por sus respetos a una carroña financiera, engañando y manipulando a la ciudadanía, que muy probablemente nunca saldrá de esta situación, incapaz de remontar la gravísima situación en que nos encontramos.

Unos hijos, nietos y bisnietos a los que hemos hipotecado y destrozado su bienestar futuro por mor de la insaciable avaricia de políticos, banqueros y zánganos sociales, a los que hemos privado del disfrute de los niveles de bienestar social de los que hemos disfrutado sus padres y abuelos.

Una sociedad abocada a la desesperanza y la miseria que requerirá de sacrificios sin cuento para poder superar esta horrible realidad, en forma de pesadilla.

Un sistema, en fin, que agoniza y que sólo merece ser enterrado, porque poco o nada bueno tiene ya que salvar, para poder alumbrar, entre toda la buena gente, un nuevo sistema más humano, más justo, más sabio, más libre, más verdadero, más sustentable, más solidario, más universal, más planetario, más sensato, más digno, menos consumista, menos alocado, más terrenal y menos infernal, más feliz.


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