Entrentenidos

O liberalizamos todos, o rompemos la baraja

Algunos ya no han tenido más remedio que quitarse la careta. Agazapados desde hace tres quinquenios haciendo que lideraban fórmulas liberalizadoras en el mundo del ferrocarril, han tenido que quitarse el disfraz y enseñarnos sus poderosas pezuñas bajo la antesala del IV Paquete Ferroviario. Para que nadie se llame a engaño.

Francia y Alemania -hay otros que si sí, que si no, van al rebufo de los intereses de los grandes-, vienen a decirnos al resto de Europa algo parecido a aquel dicho que los arrieros cantaban a sus conquistas de pueblo en pueblo de "quiérote porque me quieres, ámote porque me amas y te regalo algunas veces, porque tu también me regalas". Puro interés. Dicho de otro modo, que liberalicen otros, que nosotros ya nos aprovecharemos de este mercado único. Pero eso sí, el mío que ni me lo toquen. Otrosí, de los segadores avispados: "A trabajar vayan, a comer, vayamos"

Su estrategia es clara. Mantener los grandes momios públicos, adornados por una pseudo separación de la infraestructura y la operación, creando empresas de capital público, en dependencia directa de la matriz, aderezada bajo la verborrea que se usa en las instituciones europeas de "integración vertical", que a nosotros nos suena a una melodía bastante conocida en la mitad del siglo pasado. Con ello se pseudocumple el que exista una separación, sólo formal, entre las vías y los trenes, pero todos ellos bajo la misma batuta del gran gigante público. Y aquí, ya se encarga éste de que en su terreno de toda la vida, no entre nadie.

O jugamos todos, o rompemos la baraja

¿Y cómo meten este par de listos las narices en patio ajeno? Pues filial va y filial viene, bien tomando participaciones, bien la totalidad de las acciones en operadoras, mercancías o viajeros, de cada país, una vez se haya producido por la administración nacional competente la puesta a punto de estas sociedades, como si de vehículos de ocasión -los llamados "de dirección" o de "km 0"- se tratase.

¿Qué hacer, visto lo visto? Pues si Francia y Alemania y sus respectivas operadoras, SNCF y DB, no están dispuestas a segregar totalmente las operaciones y las vías y su mantenimiento, y tampoco están dispuestas a abrir su mercado, pues cúmplase lo de "o jugamos todos, o rompemos la baraja". Un sistema de red, como es un ferrocarril, no puede ser liberalizado, lo que quiere decir libertad de movimientos y negocios en esa red, si dos partes muy importantes del corazón de esa red que son Francia y Alemania, no están dispuestas a respetar y apoyar esa libertad de movimientos y negocios. Es un imposible.

Vamos a decir algo que sabemos algunos lo van a interpretar como políticamente incorrecto, pero nos da igual. Liberalizar, y no digamos ya privatizar el ferrocarril, es tarea de titanes. Los ferrocarriles son empresas, pero algo bastante más que empresas. En el ferrocarril se amalgaman una serie de intereses, que conforman el lobby ferroviario, compuesto por grandes constructores de obra pública, fabricantes de trenes, mutinacionales tecnológicas, grandes plantillas de empleados, potentísimos sindicatos y políticos asentados en los respectivos ministerios de fomento / transportes, etc, queriendo controlarlo todo.

A nadie le interesa liberalizar el ferrocarril

Esto de la liberalización es una faena “esférica” para todos los agentes implicados. Es una faena siempre, se mire cómo se mire. A las grandes constructoras les interesa trabajar para grandes entes públicos, que sean fácilmente influibles y, si llega el caso, sobornables. Otro tanto les interesa a los fabricantes de trenes y grandes empresas tecnológicas. Es también negativa la liberalización para los empleados de las grandes empresas públicas de bandera porque suelen disfrutar de mayores salarios que otras empresas del sector privado y son más permeables al poder político. A los sindicatos, no digamos, los sindicatos ferroviarios son los más potentes e influyentes de los países junto con los de la minería. Para los políticos, sean de la filiación que sean, incluso a los conservadores y liberales la liberalización les priva de un instrumento de poder, generadores de grandes partidas presupuestarias y con ramificaciones en un sin fin de actividades. A nadie le interesa liberalizar el ferrocarril.

A todo esto España va a llegar a la liberalización, muy presumiblemente sin hacer los deberes. A este respecto, ya le aconsejamos a la ministra cautela y no apresuramiento y que aunque todo euro sea bienvenido en las actuales circunstancias, no siempre vale hacer caja, de lo que sea. A la ministra y sus adláteres más próximos tenemos que decirles que no se pongan palos ustedes mismos en la bicicleta. El proceso de liberalización del ferrocarril debe ser serio y no lleno de improvisaciones, con declaraciones, a diestra y siniestra, que pasman a cualquiera. Algunos ejemplos: Ana Pastor: “La liberalización ferroviaria es la única garantía para el empleo” o “la liberalización del transporte ferroviario de pasajeros abaratará el AVE”

Pues, mire, ministra, no es bueno engañar, porque engañar es malo en sí mismo y hoy día casi nadie se deja engañar. Mucho menos los sindicatos ferroviarios que tienen el colmillo retorcido, siglos ha. Para garantía del empleo, la que el ferrocarril ha venido disfrutando, si bien es cierto que desde los años dorados de los cincuenta hasta hoy la plantilla ferroviaria ha venido decreciendo, pero siempre en condiciones que para sí otros querrían.

Los costes de personal lastran al AVE

En segundo y último lugar, no es bueno mezclar cosas como la liberalización y los precios del AVE, porque es un contradiós con lo que anteriormente afirmaba de que la liberalización es la única garantía del empleo. En qué quedamos, está ud reconociendo que hoy el AVE es caro por un problema, no tanto de demanda, como de costes y, dentro de los costes altos, los de personal que todos conocemos por los convenios vigentes y sus elevadas estructuras gerenciales en efectivos y sueldos. Los precios, además de los costes hay que saberlos gestionar, y hasta ahora de eso, poco. Una cosa es abaratar la percepción media y otra es abaratar unos y encarecer otros mediante una cosa que se llama ilusión monetaria y, que, en general parece que todos se han abaratado.

Negocien calladitos con sindicatos, vayan saneando RENFE + FEVE a la chita callando también, hablen con socios industriales potenciales, no despilfarre la masa gris de los profesionales ferroviarios, internalice el negocio concursando en el extranjero –cosa que ya hacen bastante bien- y, sobre todo, no renuncien a un gran y potente operador de referencia de naturaleza mixta –público/privado, (esto lo decimos nosotros)- y defienda el mercado interior de los escualos que nos acechan y que ya se han zampado nuestro transporte ferroviario de mercancías. Ya ve como se las gastan. En estas condiciones de deslealtad hacia el modelo de los grandes europeos, plantéese no jugar ahora, ni menos envidar a nada. Una cosa es una partida de póquer entre iguales y otra, el tocomocho.


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