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El ahorro: la salida de la crisis

Qué bien aquellos tiempos en que todo cuadraba e iba bien; tal cual como decían los manuales de economía en los que estudié. Si hay dinero, hay ahorro, y si hay ahorro hay inversión y si hay inversión hay empleo y si hay empleo hay consumo y si hay consumo hay dinero y crecimiento, y si ...... Una hermosa espiral ad infinitum. Pero, ahora es todo lo contrario, un agobiante agujero negro. Lo bueno y bonito, al revés.

Sin ahorro, no hay salida 

El ahorro es de lo que menos se habla en esta larga y profunda crisis. Y sin ahorro, no hay salida. El ahorro es la salida a la crisis ya que es la parte de riqueza (renta) disponible que no se destina al consumo y se guarda sabiamente para hacer cosas en el futuro. El ahorro es, por tanto, la fuente primaria y directa de la inversión, que no existe sin ahorro. Y, volvemos a repetir, la inversión es, materializada en hechos, la creadora de empleo.

No cabe duda de que el ahorro es una de las variables importantes dentro del análisis económico. A través de él se logra enlazar el pasado, el presente y el futuro de una economía. En efecto, las decisiones actuales de producción y el correspondiente nivel de vida alcanzado, se deben en gran medida al ahorro pasado con el que se determina el stock de capital existente. y, obviamente, las decisiones de ahorro que se lleven a cabo en la actualidad van a incidir sobre el stock de capital y, por tanto, producción futuros. "Crecimiento, Ahorro, e Imposición". Instituto de Estudios Fiscales. M. Bahmani-Oskooee, Miguel Angel Galindo,  Farhang Niroomand.

No obstante, está muy extendido el lugar común de que el consumo es el motor que nos va a sacar de la crisis y a él acudimos para ver si despunta, como preludio del despegue económico. Y no es exactamente cierto, porque el consumo, sí evidentemente puede servir para mantener el motor de la economía, pero como la propia palabra expresa, el consumo se agota, se consume en sí mismo. Hace falta su otra gran compañera, la inversión, que podríamos decir, es un consumo desplazado a largo plazo para mantener el ritmo de desarrollo y crecimiento económico de forma sostenida. Y el antecedente de la inversión es el ahorro, no otra cosa.

Fin de la huída hacia adelante 

La abultada deuda privada y del estado que hoy nos constriñe, es la consecuencia de haber financiado nuestra economía con recursos externos (ahorro externo) al no existir recursos propios procedentes del excedente del crecimiento, del ahorro interno. Mientras hubo crecimiento, sobre todo de la construcción, la huída hacia adelante fue posible, pero, desinflada la economía, no hubo ahorro interno suficiente que alimentase nuevamente a la inversión y el decrecimiento se instaló en nuestra economía, dando lugar a la espiral perniciosa ya mencionada. Una economía sin una tasa de ahorro sostenida en el tiempo deviene en una economía endeudada, dependiente de quienes le prestan, que, una vez cazada la presa, le prestarán cada vez más caro, porque cada vez esta economía es más débil y menos fiable para devolver los préstamos.

La consecuencia es que, a pesar de que empresas y familias han reducido su necesidad de financiación en 17 puntos del PIB, se continúa requiriendo financiación del exterior porque el sector público ha incrementado su necesidad en 10,8 puntos del PIB. La conclusión es clara. El objetivo prioritario de la política fiscal y presupuestaria debe ser aumentar rápidamente el ahorro público con un doble objetivo. Primero, eliminar la necesidad de financiación exterior tan difícil de conseguir en las condiciones actuales. Y segundo, aumentar el ahorro nacional para que se recupere la inversión y, por tanto, la actividad y el empleo. (David Taguas.¡Es el ahorro, estúpido!, El Mundo)

Lo malo es que el gobierno nos ha crujido a impuestos, en primer lugar directos, y dentro de poco nos crujirá a indirectos, cuando lo correcto hubiese sido subir los impuestos indirectos y no gravar directamente el ahorro con el impuesto de la renta, patrimonio y sociedades, como se ha hecho, pues ello ha dejado exahusta y muy tocada  nuestra capacidad de ahorro tanto de particulares como de empresas, y las cosas no están como para que sea posible llevar a cabo la receta que dice que  el crédito a las empresas bastará para volver a engrasar la economía. Con ser necesario que las empresas reciban crédito para recuperar su actividad, ello supone más apalancamiento, más deuda sobre las ya sobreendeudadas empresas españolas. Las empresas necesitan crédito para financiar su circulante, pero necesitan, al igual que todos los agentes económicos: estado, empresas y particulares, una dieta de adelgazamiento de todo gasto no estrictamente necesario y, por tanto de deuda, para que lo poco, al principio, o lo mucho, después, que se pueda ahorrar  vaya directamente a engrosar la inversión y empezar a crecer. No hay otra salida.


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