OPINIÓN

El conservador de provincias y el revolucionario de barrio

En la derecha ha ganado un “conservador de provincias” como magníficamente se ha autodefinido Mariano Rajoy. En la izquierda ha ganado un revolucionario pandillero, un Lenin de Vallekas, como para celebrar que se cumplen 100 años del asalto de los bolcheviques a la incipiente democracia rusa.

Pablo Iglesias y Mariano Rajoy en el Palacio de la Moncloa
Pablo Iglesias y Mariano Rajoy en el Palacio de la Moncloa EFE

En la derecha ha ganado un “conservador de provincias” como magníficamente se ha autodefinido Mariano Rajoy. Sin ninguna idea de fuste, dejándose llevar por la inercia y dedicándose a verlas venir, Rajoy tiene pinta de no haber leído un libro en su vida, ni falta que le hace para lo que hace, pero de haber jugado muchas partidas de dominó en el Casino de su pueblo. El electorado conservador promedio tiene de sobra con la prensa deportiva, los artículos de Ussía y De Prada más un poco de Catecismo que será olvidado ante el primer sondeo del CIS sobre aborto o matrimonio “homosexual”: “Vox populi, vox Dei”. Los más leídos citan a Joseph Butler cuando afirmaba que “cada cosa es lo que es, y no otra cosa”.

En la izquierda ha ganado un revolucionario pandillero, un Lenin de Vallekas, como para celebrar que se cumplen 100 años del asalto de los bolcheviques a la incipiente democracia rusa. Lenin sacaba matrículas de honor en latín y suspendía la lógica. Iglesias presenta un gran expediente en carreras de Letras pero parece que suspendería el modus ponens al igual que el líder comunista ruso, al que describió, en un lapsus grandioso, como “ese calvo con una mancha en la cabeza, que era una mente prodigiosa” (Gorbachov terminó de enterrar lo que puso en funcionamiento el calvo embalsamado). Anguita vio en él a “un sabio adaptador de Lenin a las circunstancias actuales”. Una frase que muchos dijeron de Stalin en su momento…

Rajoy más que a Churchill parece seguir el consejo que, según la leyenda, daba su paisano Franco: “Usted haga como yo y no se meta en política”

¿Podemos ver en Rajoy un “sabio adaptador de Churchill a las circunstancias actuales”? Como el Mr. Chance de la película Hal Ashby su estrategia ha consistido en atenerse a la reserva y el silencio, huyendo de cualquier tema que le supusiese la más mínima incomodidad y refugiándose bajo el paraguas de la legislación europea y el “maternalismo” de Angela Merkel. Jugando a no perder ha agotado a sus rivales sin apenas presentar batalla ideológica ni pelea política. Gobernar, no ha gobernado, del mismo modo que los percebes no tratan de dominar los mares sino permanecer agarrados el máximo tiempo posible a la roca. “Resistir es vencer” fue la máxima que enunció el canario Juan Negrín pero que fue otro gallego, Franco, el que llevó a la práctica con más entusiasmo. Salvando las distancias, Rajoy más que a Churchill parece seguir el consejo que, según la leyenda, daba su paisano Franco: “Usted haga como yo y no se meta en política”.

En el congreso de enfrente, en lugar del pragmatismo y la mesura de los mencheviques (Errejón) ha vuelto a triunfar el romanticismo y el fanatismo de los bolcheviques (Iglesias). Sólo quedaba Errejón de la fenomenal purga que ha llevado a cabo Iglesias contra los otros fundadores de Podemos, ayudado por el batallón de comunistas que encabeza su actual pareja sentimental, Irene Montero, una Lady Macbeth de Moratalaz. Que en Podemos se vivía un “clima de terror” era algo que ha reconocido uno de los intelectuales populistas de referencia en el “think tank” de la Complu, Carlos Fernández Liria, en un artículo en el que repetidamente hablaba de “guerra sin cuartel” y “exterminio del adversario”. Pues bien, el adversario, Errejón, ha sido “exterminado” y un “grupo de conspiradores”, que dijo Luis Alegre (uno del original “núcleo irradiante”), ha tomado el control comunista del otrora transversal y populista partido que iba a acabar con el “Sistema” hasta que el “Sistema” ha acabado con él.

España va a la deriva: con Rajoy, el PP y su electorado conservador al que le da igual que Cospedal tenga ocho que ochenta cargos o que Javier Arenas siga saliendo en la foto

España va a la deriva: con Rajoy, el PP y su electorado conservador al que le da igual que Cospedal tenga ocho que ochenta cargos o que Javier Arenas siga saliendo en la foto; con un PSOE sumido en la indigencia intelectual, de Zapatero a Pedro Sánchez y de este a, parece increíble, sí mismo, Susana Díaz o Patxi López. Pero podría ser peor: con Iglesias, Podemos y los matones comunistas, España se haría el harakiri. Y, mientras, Artur Mas y los nacionalistas haciendo que la romántica y sentimental voluntad popular, cada vez más su santa voluntad y cada vez más populista, se imponga al ilustrado y racionalista imperio de la ley, cada vez menos imperio y, por supuesto, menos ley.

¿Qué necesita entonces España? En un ramalazo de lucidez Albert Rivera, Girauta y compañía han declarado a Ciudadanos “liberales progresistas”. Ahora solo falta que se lo crean y se atrevan a formar un gobierno de verdad constitucionalista en España, que salvaguarde los derechos conculcados sistemáticamente por los nacionalistas, acometan una liberalización de los mercados económicos en España contra todo tipo de gremios y poderes fácticos, además de continuar aumentando las conquistas en derechos civiles, como sería el caso de la gestación subrogada, que han caracterizado a nuestros país en los últimos años. España todavía tiene solución pero será en todo caso en el último minuto y teniendo en cuenta que estamos en tiempo de prórroga.


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