Entre Escila y Caribdis

Velos islámicos en escuelas liberales

En 1902 Bertrand Russell le envió una carta a Gottlob Frege en la que le anunciaba el descubrimiento de una paradoja asesina en su programa logicista, basado en la teoría de conjuntos, de fundamentación de las matemáticas: el conjunto de todos los conjuntos que no se pertenecen a sí mismos. Dado que Frege había trabajado toda su vida en dicha misión, la cosa era grave. Como para pegarse un tiro. Sin embargo, Frege se tomó la derrota intelectual con entereza y honestidad. Más tarde, el propio Russell encontró una solución ad hoc, un parche que permitía seguir usando la teoría aunque amputada en sus pretensiones originarias.

En el liberalismo también hay paradojas en su seno más profundo que afectan a su misma esencia

En el liberalismo también hay paradojas en su seno más profundo que afectan a su misma esencia, no tienen una solución clara y distinta y provocan conflictos sociales que se suelen resolver más por preferencias ideológicas, en el peor sentido de la expresión, que por razonamientos razonables, valga la quasi redundancia. En el fondo, late el problema de la imposibilidad del “liberal paretiano”.

Una de esas paradojas acaba de manifestarse en un instituto valenciano.  Una alumna ha sido expulsada del centro porque no cumple uno de los requisitos del mismo. En el reglamento viene recogido que no se puede asistir a clase con la cabeza cubierta. Estarían pensando los autores del reglamento en la costumbre de algunos alumnos de no quitarse las gorras, raperas o de otro tipo, ni para dormir. Pero la alumna viste un velo relacionado con su cultura islámica y se niega a quitárselo. En unas declaraciones afirma que vestir velo forma parte de su libertad religiosa y de expresión. En el rincón contrario del ring argumentativo, el director del instituto sostiene que forma parte de la autonomía del centro establecer normas de vestimenta que se aprueban en el consejo escolar del mismo, donde hay representantes de profesores, alumnos y personal administrativo y de servicios.  Norma que podría cambiarse pero, claro, a través de los mecanismos establecidos por la ley para hacerlo. Pero la alumna musulmana no parece entender la necesidad de acatar la ley aunque no se comparta. Y que disentir es posible pero que para cambiar la ley hay que usar la ley. Claro, que si algo tan sencillo no lo entiende la mitad de la clase política catalana, que se supone que tienen algún título universitario, se comprende que una muchacha que está en mitad de su trayectoria educativa no haya llegado a asimilar el “abc” de la educación para la ciudadanía.

También es cierto que podría traerse a colación a Antígona, la heroína griega que representa el valor de los derechos morales por encima de la ley positiva. Cabe ciertamente la desobediencia a la ley, no tanto como derecho sino como deber cuando vulnera nuestra conciencia ética. Pero también hay que tener en consideración que lo que interpretamos como dicha conciencia puede no ser más que mero narcisismo moral hipertrofiado.

La paradoja liberal consiste en que incrementar la libertad de todos pasa por una cierta limitación de la libertad de cada uno de los individuos

La paradoja liberal consiste en que incrementar la libertad de todos pasa por una cierta limitación de la libertad de cada uno de los individuos. Pero, ¿qué pasa cuando alguno de los individuos no acepta limitar su libertad, lo que afecta a la libertad de los demás? O bien el colectivo puede aceptar que las demandas de dichos individuos son legítimas y se les permite una excepción a la regla general, o bien se les obliga a comportarse de acuerdo a las reglas democráticamente impuestas a través de la violencia que ejerce el Estado monopolísticamente.  Los ginecólogos católicos son eximidos de la obligación a realizar abortos pero los menores de dieciséis años son obligados a ir a la escuela por mucho que protesten ellos o sus familias. En este caso, la alumna es mayor de edad y el trato que le han ofrecido es razonable en cuanto que no se le permite estar en el aula con la cabeza cubierta aunque sí fuera del mismo en otros espacios como los pasillos. Hay que analizar la situación ya que dentro del Islam en absoluto hay una obligación específica para que las mujeres vistan el velo sino que es una interpretación rigorista de una norma general para vestir “con modestia”.

Tanto la alumna en cuestión como la asociación STOP Racismo y la Consejera de Igualdad y Política “Inclusiva” Mónica Oltra, de la ultraizquierda nacionalista valenciana, han vinculado la prohibición de que asista a clase velada con el racismo y la “islamofobia”. Lo que supone una calumnia sin fundamento para la directiva, el consejo escolar y toda la comunidad educativa del IES José Benlliure. Es una regla básica del “Rule of Law” -que no me extraña que no conozcan ni la alumna implicada, ni STOP Racismo ni, mucho menos, la política de extrema izquierda- que las leyes no pueden estar diseñadas ad hoc a favor o en contra de alguien en concreto. Sólo desde el victimismo acomplejado, el narcisismo de la diferencia y/o la cultura de la queja que nos asolan se puede pretender que una normativa contra todo tipo de gorras en los institutos tiene como real motivación los “velos islámicos”. Supone además una ofensa la pretensión de que el velo islámico merece más reconocimiento y protección que una gorra rapera o de béisbol, que pueden definir tanto la identidad social de cualquier adolescente desde el punto de vista cultural como el “velo islámico” en el caso que nos ocupa. Las religiones merecen igual respeto y consideración -lo que implica, por supuesto, también critica- que cualquier otra cosmovisión cultural. Pero ni un milímetro más cuando se trata de exigir privilegios espurios o diferencias arbitrarias.

En los multiculturalistas Estados Unidos es posible ir a clase con velo islámico o gorra beisbolera de los Yankees

En los multiculturalistas Estados Unidos es posible ir a clase con velo islámico, gorra beisbolera de los Yankees o rapera de Tupac Shakur, turbante sij o colador pastafari. En la laica Francia, ni con velo, ni con kipá ni con un crucifijo visible. En España, depende del mayor o menor rigor en las normas de vestimenta del Consejo Escolar de turno. Lo razonable sería proseguir con las normas de etiquetas habituales en España adaptándolas en cierto grado a usos nuevos como el de los velos islámicos, permitiendo a las alumnas llevarlo fuera de clase pero quitándoselo dentro del aula. Como diría Aristóteles, en el justo término está la virtud. O como se suele negociar en los mercadillos callejeros, “ni pá ti, ni pá mí”. Que más o menos es lo que hizo Bertrand Russell con su “teoría de los tipos” para salvar la fundamentación lógica de las matemáticas.


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