OPINIÓN

El Papa y el infierno liberal

Bergoglio no es marxista pero considera que si bien el marxismo y el capitalismo son “idolatrías de la riqueza”, el capitalismo es mucho peor porque al menos el marxismo no ha caído bajo el “fetiche de la mercancía”.

El Papa y el infierno liberal.
El Papa y el infierno liberal. GTRES

"Puede que la religión haga amar a Dios, pero no hay nada como ella para acabar detestando al ser humano y odiar a la humanidad"

2084. El fin del mundo. Boualem Sansal.

El Papa se imagina el Infierno con capital en Mont Pelerin. Y a Satán asesorado por Hayek, Friedman, Mises… En unas recientes declaraciones el líder mundial de los católicos ha advertido a su grey contra el liberalismo porque “niega el valor del bien común en favor de un radical egoísmo donde solo los individuos importan”. Nada nuevo bajo el sol del Vaticano. En 1864, el Papa Pío IX publicó la encíclica Quanta Cura en la que condenaba la libertad de culto, el laicismo y, por supuesto, el liberalismo en todas sus formas como origen de todos los males de la cultura moderna.

Félix Sardá y Salvany fue el más formidable de los apologistas católicos a finales del XIX y publicó un panfleto titulado 'El liberalismo es pecado'

Pero fue un eclesiástico español el que se convirtió en el principal azote de esas ideas modernas a fuer de liberales. Félix Sardá y Salvany fue el más formidable de los apologistas católicos a finales del XIX y publicó un panfleto titulado El liberalismo es pecado. Ni el comunismo, ni el anarquismo..., es en el liberalismo donde se encuentra, según el religioso catalán, el mal elevado a su enésima potencia. Concretamente, en la absoluta soberanía del individuo con entera independencia de Dios; en la soberanía de la sociedad respecto de lo que nazca de ella misma; en la soberanía nacional para regularse a sí misma mediante la mayoría parlamentaria; en la libertad de pensamiento sin límite político, moral o, ay, religioso; en la libertad de prensa y de asociación. En definitiva, para Pío IX y don Félix, como ahora para el Papa Francisco, la sociedad liberal es un “sindios”.

No deja de ser motivo de orgullo para los liberales que reaccionarios de este calibre consideren que el liberalismo es el “mal sobre todo mal”. Para Sardá, toda libertad es una “libertad de perdición”. Y cualquier liberal, en el fondo, no es más que un libertino. Hubo, todo hay que decirlo, un contradictor católico, el canónigo de Vich, Celestino de Pazos, ¡pero fue este último el amonestado por el Vaticano!

La inquina del actual Papa contra el liberalismo no le viene de sesgos de extremismo religioso por la derecha sino por la izquierda

La inquina del actual Papa contra el liberalismo (tanto como el “libertarianism”, ambos representantes de la “ideología de mercado”) no le viene de sesgos de extremismo religioso por la derecha sino por la izquierda. Peronista argentino con simpatías por la Teología de la Liberación, Francisco empatiza con el comunismo como ideología que antepone el colectivo y la comunidad a los individuos, el consenso impuesto desde arriba antes que la dialéctica del disenso que está a la base del mercado y la democracia. Bergoglio no es marxista pero considera que si bien el marxismo y el capitalismo son “idolatrías de la riqueza”, el capitalismo es mucho peor porque al menos el marxismo no ha caído bajo el “fetiche de la mercancía” (en cristiano: según Marx y al Papa ustedes son unos imbéciles que creen desear libremente cuando están “alienados” para consumir como zombis. A ellos, por supuesto, no les pasa porque son muy inteligentes y lúcidos. De ahí que esté justificada la dictadura del proletariado en, pongamos, Cuba y la de Pedro en, claro, el Vaticano).

Sí, somos pecadores, Su Santidad, porque no imponemos dogmas, ni castigamos a los disidentes

En el liberalismo son (somos) como Israel, divididos en aproximadamente 13 tribus: de la facción anarco-capitalista, utópicos y con alergia al Estado, a la social-liberal, con su ídolo Keynes. Hay liberales "de Chicago", "de Viena"... y así hasta algo que parece una medicina porque se llama "ordoliberalismo" (alemanes tenían que ser). Pero da igual que seas más o menos fan de la regulación estatal del mercado, siempre estás a favor de más libertad individual, de la espontaneidad de la sociedad civil, de resolver los conflictos negociando, de la propiedad privada y la competencia, de una naturaleza humana fundada en el libre albedrío, de la ciencia y la verdad objetiva, de la Ilustración, de la igualdad en derechos y en oportunidades, del dinero como entidad abstracta que favorece y multiplica los intercambios concretos, de los incentivos materiales y espirituales, de la solidaridad voluntaria y del cosmopolitismo.

En definitiva, el liberalismo le pone una vela a Dionisios y otra a Ápolo, hedonista a la par que austero como Epicuro y un poco dado a la golfería goliarda (esos "clubes liberales"...). Sí, somos pecadores, Su Santidad, porque no imponemos dogmas, ni castigamos a los disidentes, ni obligamos a nadie a buscar un presunto "bien común" al que llamar "Dios", ni creemos en ritos mágicos. Y, lo que es peor, no nos arrepentimos ni un átomo. El infierno, qué duda cabe, es una orgía liberal a la que, por supuesto, el Papa está invitado (contraseña: “Sapere aude”).


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