OPINIÓN

Otegi o la fascinación por los monstruos

Del mismo modo que los asesinos en serie reciben cartas de admiradoras que los desean morbosamente, así también criminales como Otegi o Madoff ejercen una enfermiza atracción que es explotada por cineastas.

Otegi o la fascinación por los monstruos.
Otegi o la fascinación por los monstruos. EFE

En EE.UU. la cadena televisiva HBO ha recibido críticas por el “blanqueamiento” que ha realizado de Bernie Madoff en una serie titulada El mago de las mentiras. Madoff robó millones de dólares a multitud de inversores que confiaron en él y, sin embargo, la HBO ha elaborado un guión que sibilinamente “comprende y justifica” al criminal. Un “mago”, dicen, pero más parecido a Harry Potter que a Voldemort.  En España, ha sido Netflix la que ha sido criticada por emitir el documental El fin de ETA (financiado, entre otros, por PRISA y Canal Sur), una visión del final de la banda terrorista desde el punto de vista principal de Arnaldo Otegi, uno de los líderes del entramado terrorista formado por ETA y Herri Batasuna, y Jesús Eguiguren, el dirigente del PSOE que ha sido más partidario de “dialogar” con los pistoleros del grupo marxista-nacionalista.

Como muestra este lamentable documental, se comienza a imponer un relato mediático según el cual Otegi es un “hombre de paz”

Entre los “actores” secundarios del documental aparecen Pérez Rubalcaba, que contra el mensaje subliminal pro batasuno del documental defiende que los etarras y sus fans no abandonaron la violencia porque tuvieron una catarsis ética sino porque el Estado de Derecho los puso contra las cuerdas, y Mayor Oreja que acierta al decir que ETA no ha sido derrotada. Pero no, como argumenta, porque su proyecto independentista sigue vigente, lo que es perfectamente legítimo, sino porque, como muestra este lamentable documental, se comienza a imponer un relato mediático según el cual Otegi es un “hombre de paz”. De hecho, si hay un “malo” evidente en el documental ese es el dirigente del PP Ángel Acebes, mientras que Otegi y Eguiguren juegan a ser los “polis buenos” en una “negociación” donde los “polis malos” serían tanto el PP como el etarra Thierry Henry. Patética y peligrosa equidistancia entre los conservadores y los terroristas, uno de los lastres ideológicos de gran parte de la izquierda en España, que siguen viendo un franquista de facto en cualquiera que esté a la derecha de Felipe González.

Madoff, interpretado por Robert de Niro (en pleno ejercicio de histrionismo); Otegi, interpretado por él mismo (en una versión cinematográfica, Gary Oldman lo bordaría); ¿próximamente Charles Manson, interpretado por Javier Bardem?  El cine y la televisión han sentido siempre debilidad por los monstruos, a los que la pantalla concede un plus de romanticismo y aventurerismo.  Hannibal Lecter o incluso M, el vampiro de Dusseldorf terminaban siendo extrañamente entrañables, como si la cámara captase una vulnerabilidad íntima bajo los actos terribles de dichas bestias.

La clave está en los espectadores. Si no son críticos pueden terminar creyendo que Michael Corleone es un gran tipo o que Arnaldo Otegi realmente es un hombre de paz

Del mismo modo que los asesinos en serie reciben cartas de admiradoras que los desean morbosamente, así también criminales como Otegi o Madoff ejercen una enfermiza atracción que es explotada por cineastas. Si tienen talento, filman El Padrino. Si no, El mago de las mentiras o El fin de ETA. Pero la clave está en los espectadores. Si no son críticos pueden terminar creyendo que Michael Corleone es un gran tipo o que Arnaldo Otegi realmente es un hombre de paz.  No hay que confundir la poesía de la ficción con la prosaica realidad.  Un Corleone de verdad sería un asesino en serie por cuestiones materiales mientras que los Otegi de ETA eran sociópatas con excusas ideológicas.  Platón nos advirtió contra el arte, tan engañoso como los sentidos, que es capaz de hacernos creer que las mentiras son verdaderas con unos cuantos trucos baratos.  Mentiras como que el presunto “derecho del pueblo vasco a decidir” está al mismo nivel moral y ontológico que el hecho del asesinato de un ser humano.  Dos mil quinientos años después del filósofo ateniense, algunos no han aprendido la lección. Sólo que ahora no en forma de tragedias como las de Sófocles sino de farsas como las de HBO/Netflix.


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