OPINIÓN

Nuevas masculinidades, viejas ideologías

Del mismo modo que los comunistas contaban con sus “campos de reeducación”, el feminismo de género cuenta con “talleres para adolescentes” donde se reeduca a los estudiantes para que no escuchen a Joaquín Sabina (Contigo), The Police (Every breath you take) o The Stooges (I wanna be your dog).

Sean O'Pry en un anuncio de Armani Jeans.
Sean O'Pry en un anuncio de Armani Jeans.

Del “Nuevo Hombre” comunista a las “Nuevas Masculinidades” del feminismo “de género”, el caso es “deconstruir” y “destruir” al “hombre tradicional” para construir un nuevo modelo de ser humano varón, se entiende que más solidario y altruista, más culto y digno. Una vez superados los prejuicios egoístas y competitivos del “Viejo Hombre” -capitalista, individualista, liberal y burgués, además de blanco y heterosexual- los hombres abrazarían una perspectiva ética que llevaría al igualitarismo socialista y feminista como paraíso terrenal. Explicaba Trotsky

“El hombre se esforzará por dirigir sus propios sentimientos, de elevar sus instintos a la altura del consciente y de hacerlos transparentes, de dirigir su voluntad en las tinieblas del inconsciente. Por eso, se alzará al nivel más alto y creará un tipo biológico y social superior, un superhombre si queréis.”

El superhombre soviético resultó ser, para desgracia de su profeta Trotsky, Stalin

El superhombre soviético resultó ser, para desgracia de su profeta Trotsky, Stalin, al que Pablo Neruda cantó en versos inmortales que han llevado a Ada Colau a dedicarle una plaza en Barcelona:

Era Lenin./Cambió la tierra, el hombre, la vida./ (...) Junto a Lenin/Stalin avanzaba/Stalin desde entonces/fue construyendo. Todo/hacía falta./nos ayuda a ser hombres cada día,/cada día nos ayuda a ser hombres./¡Ser hombres! ¡Es ésta/la ley staliniana!

Había que ser muy hombre (es decir, lo contrario de lo que era Pablo Neruda) para oponerse al macho alfa del comunismo internacional. Fue capaz otro poeta al que Colau no le dedicará plazas ni la oposición seguramente conozca su existencia. Ósip Mandelstam tuvo las agallas de dedicarle estos versos como sables:

Vivimos sin sentir el país a nuestros pies,/nuestras palabras no se escuchan a diez pasos./La más breve de las pláticas/gravita, quejosa, al montañés del Kremlin./Sus dedos gruesos como gusanos, grasientos,/y sus palabras como pesados martillos, certeras./Sus bigotes de cucaracha parecen reír/y relumbran las cañas de sus botas.

Si el comunismo no pudo “construir” un “Nuevo Hombre” según la ley staliniana, el feminismo de género se ha lanzado entusiasmado a la tarea

A este poético “enemigo del pueblo” lo enviaron a Siberia a repasar sus rimas. Pero si el comunismo no pudo “construir” un “Nuevo Hombre” según la ley staliniana, el feminismo de género se ha lanzado entusiasmado a la tarea a través del concepto “Nuevas Masculinidades”. Si para el marxismo “las condiciones materiales determinan la conciencia social”, para el feminismo de izquierdas es el “heteropatriarcado” el que estructura los “roles de género”. En ambos casos, habría una “vanguardia”, ya sea “del proletariado” (por ejemplo, Pablo Iglesias) o del “género femenino” (pongamos, “Barbijaputa”), que estaría en condiciones de liderar el proceso. Y de exigirlo a los “alienados” que se resistiesen a la buena nueva liberadora, como si la subjetividad “de género” fuera una objetividad que no solo fuese legítimo imponer sino para la que cabría exigir un compromiso militante bajo el riesgo de ser señalado con algún infamante lazo amarillo. Si en los años 60 Jean Paul Sartre consideraba que el marxismo era el horizonte insuperable de su época, hoy se habría apuntado enfervorizado al feminismo de género como abismo insondable de nuestro tiempo. Abismo al que se habría arrojado sin pensar del mismo modo que entonces justificaba todo tipo de crímenes en nombre del proletariado internacional.

De la neurótica “envidia del pene”, que diagnosticó un tanto fraudulentamente Freud, al histérico “odio al pene”, que propagó Andrea Dworkin

A través de este proceso de deconstrucción-destrucción-creación, como si fuésemos tortillas en el laboratorio gastronómico de Adrià, los “hombres”, expresión que a partir de este momento habría que escribir siempre entre comillas, llegarían a estar tan feminizados que sería casi imposible distinguirlos de hombres castrados. Y no sólo simbólicamente. Del John Wayne que mató a Liberty Valance a aquel John Wayne al que su mujer, Lorena Bobbitt, cortó el pene. Porque la violencia implícita en este proceso va en paralelo a la ejercida por los comunistas en sus “campos de reeducación”. Y del mismo modo que al final del proceso comunista se trataría de eliminar las clases sociales para que la Humanidad brillara en todo el esplendor del igualitarismo comunista, tras la transición entre la vieja y la nueva masculinidad ya no habría razón para que existiese la división sexual de roles. De la sociedad sin clases a la sociedad sin roles. ¿Qué podría salir mal? Tanta sensibilidad exquisita para denunciar ofensas imaginarias y tanto furor escocido a la hora de organizar autos de fe feministoides contra los que se atrevan a usar una razón libre de sesgos sectarios. De la neurótica “envidia del pene”, que diagnosticó un tanto fraudulentamente Freud, al histérico “odio al pene”, que propagó Andrea Dworkin a generaciones de adolescentes con carencias emocionales y falta de cariño, hay un trecho de alucinaciones ideológicas que se pueden combatir, sin embargo, poniendo los pies en el suelo de la ciencia empírica y una filosofía que apueste por el amor, la concordia y la humanidad común entre cada uno de los hombres y mujeres, donde no hay que renunciar a la libertad en nombre de la justicia ni a la verdad para alcanzar la virtud.

El feminismo de género, religión política que ha sustituido en la izquierda al comunismo como fantasmagoría ideológica inquisitorial, continúa con la evangelización forzada

Del mismo modo que los comunistas contaban con sus “campos de reeducación”, el feminismo de género cuenta con “talleres para adolescentes” donde se reeduca a los estudiantes para que no escuchen a Joaquín Sabina (Contigo), The Police (Every breath you take) o The Stooges (I wanna be your dog). El feminismo de género, religión política que ha sustituido en la izquierda al comunismo como fantasmagoría ideológica inquisitorial, continúa con la evangelización forzada acusando a todos los hombres bajo una culpabilidad genérica de la que solo se salvarían aquellos que se rindiesen a la “causa”, aceptando ser emasculados simbólicamente en el altar del conformismo grupal, la servidumbre masoquista y la unanimidad justiciera que anula tanto la libertad personal como el disenso crítico. Y, sobre todo, la dignidad humana que se basa en la libertad y la conciencia, independientemente de facciones de raza, religión o, evidentemente, sexo.


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