OPINIÓN

El Nobel a Dylan como error conceptual

En la película El club de los poetas muertos, el profesor Keating se burlaba del autor del libro de texto de literatura que pretendía “medir” la “grandeza” de un poema según dos ejes, el de la “perfección” y el de la “importancia”.

Bob Dylan.
Bob Dylan.

Vivimos rodeados de errores conceptuales. Por ejemplo, hay quien tiene dos grados universitarios y se queja porque tiene que ir a vendimiar a Francia ya que no encuentra trabajo “en lo suyo”. Por ejemplo, hay quien sostiene que si sólo hubiesen votado los menores de cuarenta y cinco años Pablo Iglesias ya sería presidente del gobierno, y considera que eso es un dato favorable para Podemos. Por ejemplo, hay quien define a Donald Trump como “fascista”. Por ejemplo, hay quien defiende que la “nación” (catalana, por supuesto) está por encima de la ley (española, claro). Por ejemplo, hay quien se rasga las vestiduras porque un cantante como Bob Dylan haya ganado el Premio Nobel de Literatura.

El Premio Nobel de Literatura ha de concederse a quien, Alfred Nobel dixit, “hubiera producido en el campo de la literatura la obra más destacada en la dirección ideal”

Un error conceptual consiste en categorizar mal un objeto o acción. Si te matriculas en una carrera con pocas salidas laborales la probabilidad de trabajar en “lo tuyo” será baja. Del hecho sociológico de que los individuos de una determinada edad voten a una opción política no se sigue que ello sería bueno políticamente. “Nación”, en un sentido ilustrado y liberal, significa “un cuerpo de asociados bajo una ley común y que están representados bajo la misma legislatura” (Sieyès) por lo que no cabe contraponer “nación” a “ley”. Donald Trump es un político de corte proteccionista y talante injurioso pero no tiene nada que ver con la ideología totalitaria y una economía intervenida. Por último, el Premio Nobel de Literatura ha de concederse a quien, Alfred Nobel dixit, “hubiera producido en el campo de la literatura la obra más destacada en la dirección ideal”. Es decir, es una combinación de excelencia estética con cierto ideal ético.  Es literario pero también es “edificante” (Nabokov con sus historias sublimes de pederastas incestuosos y Borges con sus boutades, al estilo de definir la democracia como “un abuso de la estadística”, se quedaron fuera, claro).

Con ambas condiciones el Premio Nobel de Literatura suma a la ambigüedad literaria el equívoco político. En la película El club de los poetas muertos, el profesor Keating se burlaba del autor del libro de texto de literatura que pretendía “medir” la “grandeza” de un poema según dos ejes, el de la “perfección” y el de la “importancia”. Midiendo el área resultante se deducía que Shakespeare, por ejemplo, era más grande que, digamos, Lord Byron. 

Murakami tendrá que trabajarse las metáforas para que no resulten tan cursis y McCarthy tendrá que dejar de asesinar a sus personajes en plan serial killer

Así me imagino yo a los miembros de la Academia Sueca discutiendo si otorgar el Nobel a Murakami, Cormac McCarthy o el susodicho cantautor folk. Murakami, por ejemplo, puntúa muy alto en “importancia” pero muy bajo en “perfección”. McCarthy, por el contrario, es excelso en “perfección” pero roza el cero en “importancia”. Por último, Dylan resulta un término medio en las dos categorías. Se trazan las áreas y, voilà, Dylan, Premio Nobel. Murakami tendrá que trabajarse las metáforas para que no resulten tan cursis y McCarthy tendrá que dejar de asesinar a sus personajes en plan serial killer.

Keating les ordenaba arrancar a sus alumnos las páginas del libro de Evans Pritchard y les hacía disfrutar de la poesía de una manera intuitiva y visceral (que llevaba a sus alumnos convertidos en discípulos a una vida más intensa, ¡bien!, pero también al desastre, ¡ay!). Para el resto de casos mencionados al principio, les sugiero que cuando vayan a elegir qué carrera estudiar, a quién votar si tiene menos de cuarenta y cinco años, qué casilla señalar en un posible referéndum catalán o cómo denominar a ese heterodoxo mutante que es Donald Trump, cojan papel y boli, tracen un par al menos de vectores y calculen con rigor el área resultante de combinar “perfección” e “importancia”. No encontrarán la media de la grandeza (sólo Shakespeare lo es) pero al menos no caerán en ningún error conceptual y, lo más importante, no harán el ridículo.

PD. Otro error conceptual es el que, al parecer, ha cometido la Academia sueca no sondeando al cantautor norteamericano sobre si aceptaría el premio. Porque ahora no pueden contactar con él. Jean Paul Sartre lo rechazó pero es que Bob Dylan va a pasar olímpicamente de él. Genio y figura.


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