OPINIÓN

Laicismo totalitario

Sería imposible acusar de profanación a Maestre y sus monaguillos diabólicos si, simplemente, hubieran leído un comunicado crítico. Quizás en casa del juez sea normal desnudarse y besarse a la hora de leer un manifiesto.

La portavoz del Ayuntamiento de Madrid, Rita Maestre.
La portavoz del Ayuntamiento de Madrid, Rita Maestre. Europa Press

“Artículo 524.

            El que en templo, lugar destinado al culto o en ceremonias religiosas, ejecutare actos de profanación en ofensa de los sentimientos religiosos legalmente tutelados, será castigado con la pena de prisión de seis meses a un año o multa de cuatro a diez meses.”

Tanto en Shakespeare como en Quevedo, en Lope y en Eliot, se recoge la costumbre de “acogerse a sagrado”. Una antigua tradición por la que los templos se constituían en centros de refugio amparados por los dioses para proteger, aunque fuese temporalmente, de la voracidad del poder humano, frecuentemente peligroso por su arbitrariedad. En Ricardo III, la gran obra nihilista de Shakespeare (ahora se puede disfrutar en un magnífico capítulo de la serie de la BBC, The Hollow Crown, interpretado por Benedict Cumberbatch), no les sirve de nada a los que tratan de refugiarse en la iglesia porque los perseguidores se caracterizan por el cinismo y la barbarie moral.

No cabe sino respetar los lugares de culto, al menos tanto como las pistas de paddle o las cafeterías de las facultades

Hay lugares donde las “salas de rezo” son especialmente relevantes: los hospitales, los aeropuertos y las universidades. En todos ellos hay un sentimiento especial de estar cerca de “dios”, en sentido religioso o místico, sea por la cercanía de la enfermedad y la muerte, el hecho de volar o la vinculación histórica entre los centros del saber y la teología. Y, claro, por las muchas horas que se suele estar en ellos, lo que da pie a hablar con uno mismo de manera trascendente sobre las cuestiones metafísicas de la vida. Incluso usaba la capilla de su hospital el doctor Gregory House, en la serie de televisión homónima, aunque es verdad que en su caso únicamente para ver tranquilo los culebrones televisivos y discutir amigablemente con monjas respondonas. Lo que tienen en común es que sirven para elevar el “alma”, el “espíritu” o, más prosaicamente, la “mente”.

Seguramente las capillas en las universidades españolas no son muy frecuentadas. A diferencia de los bares aunque de manera similar a los polideportivos o las exposiciones artísticas. Pero no cabe sino respetar los lugares de culto, al menos tanto como las pistas de paddle o las cafeterías de las facultades. Por supuesto, cabría la protesta de un grupo de veganos abstemios solicitando, pero no imponiendo, que no se vendan cervezas y bocadillos de calamares, pero no que se asaltasen las barras mientras se grita “asesinos del cerdito Babe” y “seréis degollados como corderos en el matadero” a los hambrientos carnívoros más o menos alcohólicos que allí estuvieran.

Los jueces que han absuelto a Rita Maestre consideran que los cristianos bastante tienen con el deber de perdonar y poner la otra mejilla cuando les agreden, por lo que no debe haber justicia para ellos

Sin embargo, los jueces de la Audiencia Provincial de Madrid que han absuelto a Rita Maestre de la multa que se le había impuesto anteriormente por profanación, consideran que los cristianos bastante tienen con el deber de perdonar a los que les ofenden y poner la otra mejilla cuando les agreden, por lo que no debe haber justicia para ellos. O, dicho de otro modo, que de dicho perdón y actitud sumisa se sigue que la justicia no debe aplicarse a los que ofenden y humillan. Como si el perdón eximiese del castigo (todo lo contrario: sólo la penitencia da valor al perdón si es que nos ponemos en “modo moral cristiano”). Con sentencias así, los jueces se convierten en cómplices de la situación de impunidad que se está viviendo en España con las actuaciones de los grupos de extrema izquierda y nacionalistas, que pretenden hacer de la Universidad, su cortijo, y de las calles, sus barricadas.

Laicismo totalitario en vísperas de la Navidad

La sentencia que exculpa a Rita Maestre de “profanación” es una suma de sofismas, una constatación de que vivimos en un entorno de “post verdad” (nada nuevo, por otra parte, desde Platón y su alegoría de la caverna) y, sobre todo, una injusticia. Pongan de fondo “Retorciendo palabras” de Fangoria para leer este extraordinario (por fraudulento) párrafo de la sentencia

“En el presente caso, y a tenor de los hechos declarados probados, la apelante y quienes la acompañaban ocuparon un altar, levantándose la ropa para mostrar sus pechos desnudos o en sujetador, llegando incluso dos mujeres a besarse en público y leer un comunicado crítico contra determinadas posiciones de la jerarquía católica, para finalmente abandonar el templo profiriendo gritos y consignas. No tocaron el sagrario, no alteraron la disposición del altar (según algún testigo, se movió el mantel que lo cubre, sin llegar a caer), no accedieron a ningún elemento de la capilla, no llevaron a cabo actos obscenos ni grotescos (un beso difícilmente puede ser calificado de tal) y salieron a continuación. Esto es, para entendernos, se podría hablar, quizás, de un acto de profanación virtual o gestual, pero no de un acto físico de profanación, pues no llegaron a entrar directamente en contacto con ningún objeto sagrado”

Era evidente la voluntad de ofensa y profanación en el contexto de un edificio considerado sagrado por los que allí se encuentran

Sería imposible acusar de profanación a Maestre y sus monaguillos diabólicos si, simplemente, hubieran leído un comunicado crítico. Quizás en casa del juez sea normal desnudarse y besarse a la hora de leer un manifiesto... Seamos serios: era evidente la voluntad de ofensa y profanación en el contexto de un edificio considerado sagrado por los que allí se encuentran, y al que han entrado los manifestantes a la fuerza, de manera amenazante e incurriendo en graves ofensas sobre sus creencias religiosas más íntimas de los allí reunidos, que estaban haciendo algo tan “peligroso” como… rezar.

En el texto reconoce el juez, no tiene más remedio, que sí hubo una profanación física (“se movió el mantel que lo cubre”) aunque trata torpemente de quitarle hierro a la profanación (“sin llegar a caer”). Todo un ejercicio de racionalización por el que juez trata de ignorar, y de confundir, que la capilla es un recinto sagrado de por sí.

En cuanto que ateo y laicista, me siento yo también ofendido por la utilización fanática, vulgar y totalitaria de mis ideas

En cuanto que ateo y laicista, me siento yo también ofendido por la utilización fanática, vulgar y totalitaria de mis ideas que han sido rebajadas a adoctrinamiento violento e irrespetuoso contra unas personas y una institución con las que tengo mis diferencias ideológicas pero a la que por encima de todo respeto en su derecho a la libertad religiosa. Por supuesto, que me siento identificado con las víctimas de este atropello por parte de los que torticeramente ponen el ateísmo y el laicismo al servicio de una ideología que se basa en el odio, preconiza el odio y fomenta el odio. En cuanto liberal, además, constato una vez como el Estado de Derecho y los derechos fundamentales son una vez más violentados, ultrajados y saboteados por los primeros que deberían hacerlos cumplir.


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