OPINIÓN

Cataluña, dos naciones, dos estados

Si los españoles reconociesen el deseo y la voluntad de parte de los catalanes en conseguir la independencia respecto de España, entonces también los “secesionistas” deberían reconocer a los catalanes “unionistas” el deseo y la voluntad de seguir dentro de España.

Cataluña, dos naciones, dos estados.
Cataluña, dos naciones, dos estados. EFE

¿Qué pasa en Cataluña? se llama el ensayo que escribió Manuel Chaves Nogales para tratar de explicar el golpe de Estado de Companys al frente de la Generalidad en octubre de 1934 contra la II República española. Para convencer a su público de que el secesionismo estaba domesticado, Chaves Nogales argumenta que con el avance de la República los catalanistas recularán finalmente desde el independentismo hacia el autonomismo. En segundo lugar, que el fiasco de la proclamación del “Estado catalán” les serviría como recordatorio de que la demagogia que lleva a la rebeldía tiene como consecuencia la cárcel.

Al reconocer que Cataluña es una “nación” han creado un monstruo conceptual: España como “nación de naciones”

Casi cien años después estamos en las mismas, con un golpe de estado previsto para octubre organizado por los herederos de Companys a los que se unen los de la Pasionaria. La visión “buenista” de Chaves Nogales impera en el Ejecutivo de Rajoy, más por pereza que por reflexión. En el PSOE de Sánchez apuestan por unirse al enemigo ya que no pueden con él. Al reconocer que Cataluña es una “nación” han creado un monstruo conceptual: España como “nación de naciones”.

Si Peces Barba, el “padre” socialista de la Constitución y que denunció la deslealtad de los nacionalistas, llegó a desear en una famosa boutade que hubiese sido Portugal la que formase parte de España en lugar de Cataluña, cabe plantear otra boutade, no tanto por epatar sino para salvar los derechos fundamentales de los que quieran vivir bajo el paraguas de la nación política, que no étnica, española. Del mismo modo -salvando todas las distancias- que en la isla de Eire conviven dos naciones y dos estados -por un lado, la República de Irlanda y el Reino Unido de Gran Bretaña mientras que, por otro, Irlanda del Norte- se podría llegar a un acuerdo que admitiese efectivamente que España es plurinacional pero si, ¡y solo si!, se admite que de igual forma el carácter plurinacional de Cataluña. Algo semejante, por cierto, plantea la Ley de Secesión canadiense para el caso que se celebrase un referéndum en Quebec, donde Montreal, por ejemplo, podría seguir dentro de Canadá.

La estrategia de “apaciguamiento” que han llevado a cabo los gobiernos socialistas y conservadores ha conducido a una situación de estrés político y de vulneración de los derechos fundamentales

Si los españoles reconociesen el deseo y la voluntad de parte de los catalanes en conseguir la independencia respecto de España, entonces también los “secesionistas” deberían reconocer a los catalanes “unionistas” el deseo y la voluntad de seguir dentro de España. La solución al “problema catalán” pasaría, por tanto, por el establecimiento de dos Estados: una “Cataluña” vinculada mediante autonomía a la monarquía constitucional de España, e integrada en la UE, y una “Catalunya” como república independiente de España y la UE.

Si Pep Guardiola, icono del independentismo, de veras cree que España es un “estado autoritario” podemos considerar que no lo dice a bote pronto sino que la república que defiende el movimiento secesionista es un régimen radicalmente distinto, ¿Venezuela style?, a la democracia liberal española. Con lo que el “choque” de “sensibilidades” no sería solo en cuanto a la cuestión “nacional” sino que también late en lo más hondo un problema de concepción democrática. Demasiadas divergencias para seguir juntos, sospechando los unos de los otros sobre el racional “patriotismo constitucional” y el emocional “amor a los colores”.

Durante la Transición fuimos imaginativos y audaces

La España constitucional y democrática no tiene que seguir permitiendo el acoso a los catalanes que no se someten a los dictados nacionalistas. La estrategia de “apaciguamiento” que han llevado a cabo los gobiernos socialistas y conservadores ha conducido a una situación de estrés político y de vulneración de los derechos fundamentales que hace imposible seguir manteniendo la ingenua aspiración de Manuel Azaña de resolver el “problema catalán” y tampoco la más lúcida táctica de “conllevar” la situación que sostenía Ortega y Gasset.

Durante la Transición fuimos imaginativos y audaces. Del mismo modo que en un futuro, esperemos que no muy lejano, Jerusalén occidental y Jerusalén oriental serán las capitales de los Estados de Israel y Palestina, también una partición política de Barcelona podría ser un ejemplo de cómo catalanes expresándose en español y/o en catalán conviven civilizadamente en armonioso ondear de banderas rojigualdas durante, por ejemplo, una final del Campeonato de Europa. Que una hipotética República de Catalunya tenga que salir de la UE no implica que no puedan participar en otros eventos futbolísticos europeos. O en Eurovisión. Sin que nadie tenga que silbar el himno del contrario. Y que gane el mejor.


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