En el límite

Unas autovías de peaje y pillaje

El peaje blando por uso de las autovías, insinuado recientemente en círculos cercanos al poder, es el penúltimo globo sonda del gobierno, la enésima iteración virtual de Mariano Rajoy en su pugna por empatar ese partido que le enfrenta a los mercados financieros y a nuestros bárbaros socios del norte. A pesar de sus humanos defectos, justo es reconocer en nuestros políticos una enorme capacidad de improvisación, una desbordada habilidad al aplicar el conocido método de prueba y error y un finísimo sentido de la orientación para navegar sin carta, brújula, ni sextante por el proceloso mar de las reformas económicas.

Aunque el último Consejo de Ministros no ratificó esta propuesta, que queda en cartera para sucesivas ocasiones, es motivo de honda satisfacción que nuestros gobernantes hayan descubierto, por fin, los costes de mantenimiento de la sobredimensionada red de transporte. Parte de nuestras dificultades financieras tiene su origen en una imprudente política de inversión en autovías y AVEs, que desafiaba toda lógica económica. Una actuación guiada por criterios de corto plazo que, sin distinguir lo necesario de lo superfluo, dejó tras de sí muchas infraestructuras sin demanda suficiente y una sustanciosa deuda pública. Sin embargo, llegados a este punto, resulta más que dudoso que la generalización de los peajes constituya una adecuada palanca para mejorar la eficiencia o una eficaz fuente de ingresos para las depauperadas arcas del Estado.

Una desbordada e innecesaria inversión en infraestructuras

Aunque la irresistible fiebre inversora, que coloreó de autovías y líneas de gran velocidad la extensa geografía española, se desarrolló en un contexto de reducidos tipos de interés y sustanciosas ayudas europeas, el proceso de decisión no fue ajeno a la aciaga influencia de las castas políticas locales. “Nosotros también queremos…” era la fórmula mágica capaz de abrir el cofre de las siete llaves e iniciar una torrencial lluvia de millones, forjando así un eslabón adicional en la infame política de agravios territoriales, a mayor ganancia de insensatos demagogos. Grava, cemento, asfalto y raíles salpicaron insólitos lugares, necesitados o no de la costosa instalación. Imposible olvidar a aquel cacique regional que no escatimó intrigas ni enredos hasta que todas sus capitales de provincia quedaron conectadas por una ruinosa línea de alta velocidad. Un prohibitivo lujo que muy pocas ciudades del mundo se permiten.

Los estudios internacionales señalan que la corrupción generalizada constituye otro factor crucial para explicar la sobreinversión en infraestructuras innecesarias o redundantes. Los países más corruptos son los más proclives a la construcción de costosísimas obras faraónicas por ser ésta una de las actividades que más ingresos irregulares proporciona a los políticos deshonestos. Un inmenso y dorado caudal de comisiones fluye hacia las suizas cuentas de partidos y dirigentes, mientras el contribuyente resulta doblemente perjudicado: sufraga demasiadas infraestructuras y paga por cada construcción un precio final muy superior al de mercado. Y el dispendio no acaba con la inauguración pues el futuro depara importantes costes de mantenimiento.

Autovías infrautilizadas; ineficientes peajes

Aunque, en general, es eficiente que el usuario de los servicios públicos soporte una parte del coste a través de un precio, esta regla no se cumple en todos los casos. Uno de las excepciones  es precisamente el pago por el uso de autovías infrautilizadas ya que el principal objetivo no debe ser recaudatorio sino racionalizador de la demanda. Por ello, aunque a primera vista resulte similar, este peaje no es equivalente al copago sanitario, que defendí en estas páginas hace unas semanas. Una moderada aportación por parte de los pacientes desincentivaría los usos superfluos de unos saturados servicios sanitarios, permitiendo una mejor atención a las personas que realmente los necesitan y un ahorro de costes. Sin embargo, debido a que gran parte de las autovías soporta una intensidad de tráfico inferior a su capacidad, con un coste de uso casi nulo, el peaje no mejoraría la eficiencia salvo en aquéllas que experimenten una reiterada y persistente congestión. Sólo éstas últimas requerirían una tasa de utilización que gestionase convenientemente la demanda.  

Además, debido a los costes de establecimiento y gestión, el sobrevenido peaje tampoco puede considerarse un método eficaz de recaudación pública. Si se trata de gravar a los usuarios de vehículos motorizados, objetivo ciertamente cuestionable, el incremento de los impuestos sobre gasolinas y gasóleos constituiría una opción con mayor potencial de ingresos. Esta última medida afecta a todos los conductores, no sólo a los usan las autovías, pero conlleva unos costes de gestión muy inferiores. Más eficaz resulta, por tanto, la estrategia alternativa, a no ser que… uno de los objetivos fuese la creación de un nuevo organismo público para gestionar los peajes. Una parte de la autovías no tenía que haberse construido pero, una vez terminadas e infrautilizadas, la paradoja estriba en que ya no tiene demasiado sentido cobrar por su uso.

A la vista de la anterior discusión puede concluirse que los responsables de las reformas económicas deben ajustarse a un programa bien pensado, estructurado y coherente. Considerar siempre el largo plazo y fomentar la eficiencia, eliminando la improvisación, el “síndrome de los viernes” y la muy española institución del globo sonda. Aprobar cada inversión en nuevas infraestructuras sólo tras un concienzudo análisis coste beneficio que garantice su rentabilidad social. Comprender que las reformas económicas difícilmente pueden abrirse camino sin una profunda renovación de nuestro apolillado sistema político. Y, sobre todo, aceptar que ya es hora de que políticos, gobernantes y representantes institucionales dejen de cobrar determinados tipos de peajes.    

Twitter: @BlancoJuanM


Comentar | Comentarios 0

Tienes que estar registrado para poder escribir comentarios.

Puedes registrarte gratis aquí.

  • Comentarios…

Más comentarios

  • Mejores comentarios…
Volver arriba