En el límite

Decreto antidesahucios: fracaso esperado

A pesar del encomiable trabajo de la comisión correspondiente, el real decreto para “aliviar la situación de los deudores hipotecarios” no satisfizo finalmente a ninguna de la partes. Ni afectados, ni bancos, ni asociaciones de consumidores, ni partidos (salvo el del Gobierno) ven en esta nueva medida solución al drama planteado. Ninguna sorpresa. No hay forma humana de resolver improvisadamente situaciones complejas cuando saltan con estrépito desde los focos mediáticos en un país, como España, donde la realidad se define como aquello que recogen los telediarios. Lo que no sale en la pequeña pantalla forma parte de la ficción.

Nada que reprochar a los esforzados miembros del Ejecutivo, involuntarios protagonistas de la serie “Misión Imposible”. Cuando el entorno va empeorando, muchas familias se encuentran en situación precaria, las arcas públicas vacías, el sistema bancario prendido con alfileres y los mercados en permanente observación, encontrar en pocos días la respuesta al enrevesado sudoku, sin dañar la precaria estabilidad del castillo de naipes, constituye un trabajo digno de Hércules. Remendar el velamen de manera improvisada, en medio de un fortísimo temporal, con las olas a la altura de las cejas, implica arriesgarse a un roto bastante mayor.

Remendar el velamen en medio de un fortísimo temporal implica arriesgarse a un roto bastante mayor.

Sostener el sistema financiero, mantener estable el mercado de cédulas hipotecarias, no cargar el coste sobre los contribuyentes, proteger a las familias en situación desesperada, apoyar al deudor de buena fe, mostrar a los mercados que en España las deudas son exigibles, evitar la creación de incentivos incorrectos y no contribuir al crecimiento de la morosidad, son todos objetivos muy deseables cuya compatibilización requiere un plan bien meditado. Sin embargo, como de costumbre, la previsión es la ausente más destacada en esta repetitiva serie televisiva.

La resaca de la orgía de crédito

Todo se remonta a los tiempos de vino y rosas de la burbuja inmobiliaria, con la mayor parte de la banca concediendo préstamos hipotecarios sin garantías adecuadas. No es suficiente que los prestatarios sean capaces de satisfacer las cuotas en el momento de la formalización: la prudencia bancaria exige un margen o colchón mucho más amplio para prevenir circunstancias adversas en el futuro. Las partes jugaban en una tómbola donde “la propiedad siempre se revaloriza” pero, aquello que en ciudadanos sin conocimientos financieros podía ser un simple error de criterio, constituía negligencia e irresponsabilidad en los que ejercían como directivos profesionales de la banca. Supuestamente, porque abundaban políticos de todo pelaje en las Cajas, funcionando en un entorno donde se confundían los intereses de partidos, promotores, gobernantes, constructores, concejales y banqueros. Una orgía de crédito nada edificante, con oscuras ganancias e inconfesables intenciones, que pavimentó el camino hacia el desastre, mientras algunos administraban un potente narcótico al regulador bancario.

Aunque el presente decreto aplaza por dos años los desahucios para el colectivo con mayores necesidades, no es posible delimitar de manera fiable esa necesidad con unos criterios puramente administrativos. La extrema carencia depende de la renta declarada y de algunas características personales y familiares pero existen muchas circunstancias adicionales que un simple pliego de condiciones no puede recoger. Con toda seguridad, quedan fuera del colectivo muchas familias en una situación más desesperada que otras cubiertas por el decreto. Solo podría alcanzarse un resultado satisfactorio considerando los casos uno a uno.

Las ventajas de la negociación y el acuerdo

Una solución eficaz debería proteger a quienes se encuentren en situación muy apurada intentando no cargar el coste sobre los contribuyentes, ni difundir un mensaje de debilitamiento de las garantías hipotecarias o de merma de seguridad jurídica en los contratos. Sin descartar que ciertos aspectos de la ley puedan reformarse en el futuro, ahora valdría la pena aprovechar con mucha más eficacia las enormes ventajas que proporcionan los acuerdos entre las partes implicadas.

Las ejecuciones hipotecarias y los lanzamientos no sólo generan importantes costes a las familias: también a los bancos. Es ruinoso quedarse con un piso que no se puede vender, genera todo tipo de gastos y se deteriora rápidamente vacío. Las dos partes pueden reducir las pérdidas en una negociación para acordar alargamientos de plazo, rebajas de intereses, quitas parciales etc. Muchos casos se han resuelto así, pero esas noticias no venden tanto. Ahí debe incidir la política, impulsando con decisión los arreglos y retirando aquellos elementos que los dificultan.

Habría que garantizar una negociación suficiente cuando se trate de la ejecución de la única vivienda familiar. Incluso promoviendo la figura del mediador experto que pueda explorar todas las posibilidades. Un banco dirigido por profesionales negociará por principio, no porque sea bueno o caritativo sino porque va en interés de sus accionistas. La obligatoriedad de la negociación se justificaría por la posibilidad de que algunas entidades no dispongan todavía de una gestión suficientemente profesional (y su línea de actuación adolezca de cierta rigidez o de procedimientos demasiado mecánicos) o porque muchos usuarios no dispongan de información suficiente.

El banco malo y los desahucios

La perspectiva de un Banco Malo, que pague los pisos embargados por encima de su precio de mercado, reduce para los bancos el coste del desahucio, dificultando el acuerdo. Por ello, el SAREB podría excluir aquellas viviendas que sean objetivo prioritario de la política de negociación.

Evitar que el desaguisado actual se repita en el futuro requerirá una banca más eficiente, dirigida por profesionales, en un mercado financiero más competitivo. Una banca mucho más independiente del poder político, algo cercano a la utopía en los tiempos actuales. Con unas funciones reguladoras traspasadas al Banco Central Europeo pues la lejanía reduce las posibilidades de apaños y componendas. Concediendo préstamos hipotecarios en unas condiciones más estrictas y rigurosas para reducir la exposición al riesgo. Esto último dificultaría el acceso a la vivienda en propiedad pero constituiría una buena oportunidad para abrir y potenciar el mercado de alquiler. Ayudaría a ello la supresión definitiva de las desgravaciones a la compra de vivienda, que tanto favorecieron a promotores. Tras lo ocurrido, puede que ya nos encontremos vacunados contra la burbuja inmobiliaria pero ¿por cuánto tiempo?


Comentar | Comentarios 0

Tienes que estar registrado para poder escribir comentarios.

Puedes registrarte gratis aquí.

  • Comentarios…

Más comentarios

  • Mejores comentarios…
Volver arriba