El tiempo recobrado

El vaso sin fondo

El último desafío de Artur Mas al Estado del cual es el representante ordinario en Cataluña es realmente para nota. La política exterior corresponde exclusivamente al Gobierno de la Nación y el envío masivo de cartas a primeros mandatarios de la Unión Europea declarando que piensa saltarse la Constitución a la torera representa un acto de deslealtad tan manifiesto y una vulneración tan flagrante de la legalidad vigente que provoca más incredulidad que indignación.

Además, el deterioro de la imagen de España en el exterior proyectando división interna e incertidumbre tendrá sin duda un efecto profundamente negativo en la atracción de inversiones precisamente en un momento en que parecía que se invertía la tendencia negativa en esta área crucial de nuestra economía. Artur Mas es como ese niño iracundo y malcriado que se pasea por la casa rompiendo espejos y porcelanas mientras sus padres lo contemplan benévolos sin atreverse a parar sus desmanes. Tanto como los delirios del dirigente convergente sorprende la pasividad del Gobierno central, impávido ante las reiteradas y crecientes vulneraciones del orden constitucional.

La pregunta que empieza a surgir en la calle es si en Moncloa se mantienen quietos frente a los órdagos de los separatistas por razones estratégicas o por pura y simple pusilanimidad. La tesis de que la ofensiva independentista se disolverá sola destruida por su propia inviabilidad es cada día menos creíble, primero porque, lejos de debilitarse al incrementar el número y la intensidad de sus desmanes, va cogiendo fuerza al no encontrar barrera alguna que la detenga, y segundo, porque las cosas, incluso las más absurdas, llegan a un punto de no retorno a partir del cual ya no importa su conveniencia o su sensatez, sino que simplemente se producen sin importar las consecuencias.

El referendo inconstitucional e ilegal ya ha sido anunciado, las estructuras de Estado se están construyendo, la pregunta en dos fases se ha hecho pública, la fecha ha sido fijada y la logística de la operación está en marcha. Ahora se acaba de comunicar al resto del planeta que el dichoso acontecimiento tendrá lugar con o sin autorización de la autoridad competente y la gente se plantea el siguiente interrogante: ¿Qué más ha de pasar para que el Gobierno reaccione y obligue a los nacionalistas catalanes a cumplir la ley y a respetar la Constitución? ¿Cuántas veces pondrán mansamente los encargados de preservar la unidad nacional la otra mejilla para recibir una nueva bofetada de los separatistas?

Suele decirse que al final siempre hay una gota que colma el vaso de la paciencia, pero en el caso que nos ocupa parece que el vaso no tiene fondo.


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