El tiempo recobrado

El último salvavidas

Curiosamente, la última maniobra de Artur Mas en su camino hacia la soñada independencia, que no es otra cosa que su continua aproximación al abismo, puede proporcionarle su también última oportunidad de evitar lo que sería sin duda un desastre para Cataluña y un profundo trauma para España en su conjunto. El Parlament ha votado solicitar a las Cortes la transferencia, mediante la aplicación del artículo 150.2 de la Constitución, de la competencia para convocar y celebrar referendos.

Como es lógico, y nadie espera un resultado distinto, el Congreso rechazará esta pretensión porque no existe Estado en el mundo que le entregue a su peor enemigo la daga con la que se dispone a apuñalarlo. A partir de aquí,  ante el ínclito presidente de la Generalitat se abrirá una bifurcación en la que una flecha indicará la senda a la catástrofe y la otra una solución al tremendo lío en el que se ha metido.

Si Mas acata la decisión del Congreso y renuncia al referendo de autodeterminación, es decir, vuelve a situarse dentro del marco de la legalidad vigente al reconocer implícitamente que la soberanía reside en el pueblo español en su conjunto, apaga la mecha de la bomba y queda en disposición de llevar a cabo a continuación elecciones autonómicas de carácter plebiscitario. Si, en cambio, toma la dirección suicida de desobedecer a las Cortes y sigue adelante con su consulta inconstitucional e ilegal prevista para el nueve de noviembre, entonces obliga al Gobierno central a aplicar sin remisión el artículo 155 de nuestra Norma Suprema, la Autonomía catalana queda suspendida y la situación se torna imprevisible.

Cambó decía que hay dos formas seguras de fracasar: pedir lo imposible y demorar lo inevitable. Hasta ahora, en esta demencia de la secesión de Cataluña los dos factores se han superpuesto en una combinación letal, un Gobierno de la Nación de una pasividad llamativa y un Ejecutivo nacionalista empeñado en perseguir un objetivo inalcanzable. Este juego tiene, por supuesto, un recorrido finito y se aproxima el momento de la verdad. La pelota está en el tejado de Artur Mas y muy pronto deberá elegir entre una salida sin perder la faz o el salto al fondo del barranco.

Que la Moreneta y Sant Jordi le iluminen, por su bien y por el de todos los catalanes.  


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