El tiempo recobrado

Del muy imputable al muy desobediente

La lectura del auto del Tribunal Superior de Justicia de Cataluña en el que sus doctos magistrados exponen los motivos por los que aceptan las diversas querellas presentadas contra Artur Mas y otras autoridades autonómicas catalanas por un buen número de fuerzas políticas y entidades ciudadanas, entre ellas la Fiscalía, con motivo de la pesudo-consulta del 9 de noviembre del año pasado, hace superflua, de hecho, la celebración del juicio. Los redactores del prolijo documento relatan con gran lujo de detalles y cruel claridad descriptiva los sucesivos pasos que el Gobierno de la Generalitat, con su Presidente a la cabeza, fue dando para llevar a cabo su propósito a todas luces inconstitucional e ilegal, ignorando olímpicamente la prohibición que pesaba sobre su realización en virtud de la suspensión de dicho proceso por el Tribunal Constitucional.

Cuando uno recorre, negro sobre blanco, el camino andado por el representante máximo del Estado en Cataluña, o sea Artur Mas, saltándose a la torera, con desfachatez y contumacia asombrosas, el ordenamiento legal vigente, vulnerando a sabiendas y casi con recochineo sus obligaciones y la solemne promesa que pronunció al tomar posesión de su cargo, se siente invadido por la mezcla de estupefacción e indignación que despiertan en las personas serias y decentes los comportamientos manifiestamente delictivos.

 Artur Mas coronó el espectáculo declarándose desafiante ante las cámaras de televisión principal responsable de la fechoría

El Tribunal recuerda implacable que la Generalitat, con posterioridad a la decisión del Tribunal Constitucional de admitir a trámite el recurso del Ejecutivo central y sus automáticos efectos suspensivos, continuó adelante manteniendo la página web informativa sobre la consulta, contrató masiva publicidad institucional invitando a la participación, destinó un contingente notable de funcionarios públicos al asunto, puso a disposición de los voluntarios del día de marras centenares de edificios públicos de los que era titular, envió una circular con su membrete oficial a todos los integrantes del censo llamado a la urnas, dio cuenta de los resultados como si de unas elecciones normales se tratase y que el mismo Artur Mas coronó el espectáculo declarándose desafiante ante las cámaras de televisión principal responsable de la fechoría.

Francamente, en un caso así el púdico uso del término "presunto" o "presunta" para referirse a las diferentes figuras penales aplicables suena a burla premeditada. La indicación de que no son descartables, además del obvio delito de desobediencia, los de prevaricación y malversación, son otra muestra de la suavidad de nuestra literatura forense. Ahora comenzará un largo procedimiento, lleno de vericuetos, plazos y martingalas procesales. hasta que se dicte una sentencia que cualquier observador objetivo ya sabe perfectamente qué debería decir: que Mas, Ortega y Rigau desobedecieron un inequívoco mandato judicial, que prevaricaron y que emplearon indebidamente dinero del contribuyente. Todo el mundo sabe que lo hicieron, los jueces por supuesto son conscientes de ello y los propios querellados también.

Es en situaciones como ésta que se echa de menos en España la celeridad y eficacia del sistema procesal anglosajón, básicamente oral y recto al grano. En Londres o en Washington Artur Mas y sus secuaces serían declarados culpables, multados e inhabilitados en dos o tres meses y se acabaría con contundencia la broma siniestra de que su golpe de Estado es un ejercicio democrático. Al Muy Defraudador Pujol le ha sucedido en CiU el Muy Desobediente, Muy Prevaricador y Muy Malversador Artur Mas. No se puede negar que el separatismo catalán va mejorando.


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