El tiempo recobrado

¿De quién es el escaño?

El enfrentamiento entre el eurodiputado Francisco Sosa Wagner y la portavoz de su partido, Rosa Díez, ha desembocado en la renuncia a su escaño del hasta ahora jefe de la delegación de UPyD en el Grupo Liberal Europeo, su baja en la formación de la que era afiliado distinguido y su abandono de la política activa. Nos encontramos así con otro caso de colisión entre un representante político democráticamente elegido en una lista de unas siglas concretas y la dirección de su organización por razones de discrepancia estratégica, ideológica o ética, que termina con la eliminación del percibido como rebelde por su líder. En este tipo de situaciones, siempre surge la pregunta de cuál es la postura moralmente correcta, si la que ha adoptado Francisco Sosa o la de mantenerse en su puesto desertando de su partido o incluso cambiando de militancia, lo que en el conflicto referido hubiera conducido naturalmente al ilustre administrativista a las filas de Ciudadanos. Esta cuestión no es trivial y nos pone ante uno de los defectos más notorios del sistema institucional y electoral español, la falta de democracia interna de los partidos y las listas cerradas y bloqueadas.

Paco Sosa fue elegido en unas primarias con un alto porcentaje de apoyo de sus correligionarios como cabeza de la candidatura de UPyD  a las elecciones europeas del pasado 25 de mayo. No fue impuesto por la dirección del partido, sino votado por los militantes por lo que su legitimidad era incuestionable. Cuando se presentó, lo hizo comprometiéndose a defender unas ideas, unos valores y un programa, cosa que ha hecho en todo momento. Sus diferencias con Rosa Díez han sido de orden estratégico o táctico, como su propuesta de colaboración con Ciudadanos a nivel nacional, su inteligente intento de constituir una única delegación española en el Grupo Liberal Europeo con los dos diputados de Ciudadanos o su voto respetando los acuerdos suscritos por su Grupo Parlamentario con los socialistas y populares europeos a la hora de aceptar la Comisión presidida por Claude Juncker. Como se ve, ninguna de estas cuestiones afectaba al núcleo doctrinal, a los fundamentos conceptuales o a la sustancia del programa de UPyD. Es más, muchos analistas independientes, ciudadanos de diversas opiniones y no pocos miembros de UPyD consideraban acertadas y oportunas las líneas de actuación del dimitido en la Eurocámara y su recomendación de articular en España una coalición electoral con Ciudadanos. Sin embargo, ha sido fulminado de manera autoritaria e intransigente por una dirigente política que siempre se ha manifestado a favor -ahora comprobamos que sólo de boquilla- de la democracia interna en los partidos. Aunque se comprende la decisión drástica tomada por Sosa Wagner por motivos esencialmente personales, nadie hubiera podido reprocharle que hubiese conservado su escaño disponiendo de él con coherencia y honradez al servicio de las ideas por las que fue elegido. El escaño no es propiedad del partido, sino de su titular, y precisamente esta previsión legal mantiene un resto de limpieza en el podrido panorama de nuestra impresentable partitocracia.


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