El tiempo recobrado

Una comedia grotesca

Desde que José Luis Rodríguez Zapatero, en una decisión tan equivocada políticamente como rechazable moralmente, decidiera otorgar a ETA el rango de interlocutor del Estado en el marco de una negociación para que la banda renunciase a su actividad criminal a cambio de una contraprestación útil para sus fines, hemos asistido a una serie de espectáculos denigrantes. El último ha consistido en un supuesto “sellado” de armamento en poder de la organización terrorista comprobado por unos autodenominados verificadores internacionales.

El montaje ha consistido en exponer sobre una mesa en la que figuraba el repulsivo símbolo del hacha y la serpiente un pequeño número de pistolas, fusiles y granadas, amén de unos paquetes de explosivos. Un señor de Sri Lanka ha examinado una hoja de papel en la que se supone que figuraba la lista de los objetos exhibidos, ha comprobado acompañado de otro caballero igualmente exótico que la relación se correspondía con el material presentado, y ha puesto cara de entendido. Para completar la ridícula escena, dos etarras enmascarados ejercían de maestros de ceremonias entregando el folio y dando explicaciones al cingalés. Una reproducción del Guernica de Picasso prestaba el telón de fondo para que la cosa resultase aún más grotesca.

Esta pantomima no aporta nada ni significa nada, salvo la constatación de que ETA trata una vez más de tomarnos el pelo a los españoles y al mundo en general. La relevancia del muestrario ofrecido es insignificante comparada con el volumen total de armamento en manos de la banda, el sellado de marras nadie lo ha certificado, con lo que después de la performance es perfectamente posible que los dos encapuchados hayan empaquetado sus trastos y se los hayan vuelo a llevar al almacén y el nativo de Ceilán tiene de verificador lo mismo que de arcipreste de Talavera.

Si ETA quiere de verdad desarmarse debe comunicar a la Guardia Civil la ubicación de la totalidad de sus depósitos, facilitar su requisa, entregarse a continuación a la justicia, declarar su disolución, pedir perdón públicamente a las víctimas, preferentemente de rodillas, y colaborar en el esclarecimiento de los asesinatos todavía impunes. Mamarrachadas como las del pasado viernes sólo contribuyen a incrementar la indignación de los ciudadanos y a poner de relieve la falsedad de las cacareadas intenciones de cerrar por fin uno de los capítulos más ominosos de la historia de España. El Gobierno ha de ignorar una manipulación tan burda y continuar con su persecución de los integrantes de ETA aún sueltos hasta ponerlos ante un juez para que paguen por sus horribles delitos. Cualquier otra cosa sobra.


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